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23-06-2016 / Biblioteca Popular Pocho Lepratti y UNR

Sumando diferencias

Gracias al esfuerzo de sus colaboradores, la Biblioteca Popular Pocho Lepratti sigue llevando adelante una importante labor social y educativo en el barrio La Tablada de Rosario. Alumnos y graduados de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se incorporan cada año a la organización, para aportar sus conocimientos y poner en juego también sus diferentes miradas.

Joselina Berraz Montyn
redaccion@miradorprovincial.com

La Biblioteca Popular Pocho Lepratti abrió sus puertas en octubre de 2002, en épocas de fuerte efervescencia popular, con el propósito de transformar, a partir del trabajo comunitario, aquella angustiante situación social que unos meses antes había provocado también el asesinato de Lepratti.
“Abrimos con un roperito comunitario, espacios de apoyo escolar, talleres de cuentos y de reflexión sobre desocupación. Cuando empezamos teníamos solamente unos doscientos libros, hoy, ya tenemos más de veinte mil”, recuerda Carlos Nuñez, director de la organización.
Actualmente, la biblioteca se ha constituido en un espacio privilegiado para la cultura y el aprendizaje en el barrio, contando con un jardín de infantes que recibe a más de 30 chicos, una radio comunitaria “FM La Hormiga”, talleres artísticos o lúdicos (ajedrez, guitarra, percusión, etc.) y de apoyo escolar, así como otros espacios en los que su trabajo se articula también con el de la universidad, la provincia o la municipalidad.
“Nos formamos como una asociación civil y los primeros 10 años fue todo voluntario puro”, revela Carlos, al tiempo que reconoce “pero también es difícil que una organización se sostenga en el tiempo de este modo. Entonces empezamos a buscar vueltas, formas, vinculaciones”.
Y esta búsqueda fue la que llevó a “La Pocho” a encontrar aliados en su lucha por la inclusión y la educación: “Al principio estábamos más cerrados y sólo nos escuchábamos entre los movimientos sociales, pero después aprendimos a abrir las cabezas y dialogar con otros para sumar diferencias, reconociendo que lo que nos pasaba como sociedad también nos contenía a todos”, explica el director de la biblioteca.
Y agrega: “Creemos en la idea de construir un mundo donde quepan todos los mundos e ir trabajando pese a las diferencias, sabiendo que son muchas mas las cosas que nos unen que las que nos separan”.

Salir de las aulas y aprender en los barrios
En este sentido y desde 2012, la UNR se ha constituido en uno de los principales colaboradores con los se articula la biblioteca, a partir de una gestión que busca también redefinir la relación de la universidad con el medio: “El trabajo con ‘La Pocho’ así como con otras organizaciones e instituciones- surge, fundamentalmente, de comprender que el territorio es un espacio de aprendizaje mucho más completo que las aulas”, comenta Juan Manuel Media, secretario de Extensión Universitaria.
Si bien hasta el momento esta vinculación se vino dando principalmente a través de grupos de alumnos o docentes, Juan Manuel explica que: “La idea es trabajar directamente con las cátedras y curricularizar la extensión, para que no quede marginada de los planes de estudio. Para nosotros se trata de contextualizar el aprendizaje y potenciar la reflexión práctica”.
De este modo, el trabajo, que desde hace ya tiempo vienen realizando en distintas organizaciones los voluntarios de la universidad, se ha logrado vincular a partir de este año al plan de estudio de carreras como Psicología, Trabajo social, Ciencias de la educación y Arte, dentro de las cuales la práctica de campo se incorpora con una validez académica, por ejemplo, para cumplimentar un trabajo, una regularidad o la promoción de una materia.
Así, el secretario de Extensión Universitaria entiende que “desde la vinculación con organizaciones sociales podemos interpelar el saber académico con un saber popular e histórico, para así transformar a los estudiantes y formar verdaderos ciudadanos, que es el gran desafío de la Universidad Pública”.

Un espacio donde todos aprenden
La psicopedagoga, Paula Castagna, y la estudiante de psicología, Lucila Nepote, son dos de las colaboradoras que, a través de la secretaría de Extensión Universitaria, gestionan dentro de la biblioteca un ámbito de aprendizaje para los niños de las escuelas del barrio: “Retomamos el espacio de apoyo escolar con la idea de darle una vuelta. Por eso, hoy le estamos cambiando el nombre como ‘espacio de aprendizaje’, para que pueda ser más amplio y contemplar los cuidados en general, de la salud, educación, derechos, arte, etcétera”, comenta Lucila.
En tanto, Paula detalla: “Lo que se propone no es reproducir una escolaridad tradicional, en la que se ‘deposita’ el saber en alguien, sino repensar y construir ese saber entre todos. Y que los chicos se sitúen como seres dentro de una comunidad, de la que son parte y donde deben tomar sus decisiones y saber qué les corresponde y qué no”.
Finalmente, en este espacio en el que las diferencias suman y todos aprenden, ambas colaboradoras destacan también sus propios aprendizajes: “En la universidad no te preparan para enfrentarte a determinadas problemáticas, situaciones que uno vive estando y acompañando a los chicos, que son los futuros ciudadanos”, reflexiona Paula; y Lucila concluye subrayando: ”Es todo un desafío porque uno puede tener el pensamiento teórico, lo puede reformular, pero cuando te encontrás con el otro y estás a la intemperie en territorio, la perspectiva cambia”.


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