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08-11-2018 / Aquella vieja fantasía industrialista

Agregar valor, como eje de una política rectora

Arrinconada por la macroeconomía, la menguada rentabilidad y la creciente presión tributaria “combinada”, el sector industrial en Entre Ríos se debate entre concentrarse en un mercado interno que no deja de deprimirse y buscar destino en el exterior, en un mundo sujeto a lógicas y condiciones que no gobierna. Para el presidente de la UIER, Leandro Garciandía, es relevante constituir un amplio espacio interinstitucional para producir acuerdos de mediano y largo plazo.

Mirador Entre Ríos
redacción-er@miradorprovincial.com

Hay que llegar hasta la esquina suroeste de Nogoyá y Misiones para encontrar la sede de la UIER, filial de la Unión Industrial Argentina, con más de una década de reconocido funcionamiento en la provincia. Como toda organización legalmente constituida tiene un estatuto, producto del cual cada dos años hay elecciones para renovar autoridades. La última decisión al respecto puso a Leandro Garciandía al frente de la entidad y, en ese carácter, recibió a Mirador Entre Ríos. “La UIER representa un colectivo variado: hay empresas muy grandes y pequeñas, en número de empleados y nivel de facturación, que además pertenecen a rubros diferentes, como alimenticio, metalmecánico, envases flexibles, cartón, muebles y las tecnológicas, que llegan con mucho empuje, a tal punto que conformamos un departamento específico”, introduce, mientras sube la escalera. Lo siguen periodista y reportero gráfico. Le pedirán que se ubique acá y allá, para la sesión de fotos. El reporteado acepta, mientras conversa. “El grueso de las industrias tienen al mercado interno como objetivo, pero una serie de condiciones –entre ellas el tipo de cambio- incide en que ya el 42% esté exportando o buscando cómo hacerlo”, plantea, no sin insistir en que las que operan en la economía local “están sufriendo las consecuencias de una desaceleración en las ventas, cuyo promedio se ubica entre un 8 y 10% en relación al año anterior”. Para Ganciandía la caída del consumo “es tan determinante como la incidencia negativa del aumento de los costos, sobre todo en insumos y energía”. Para completar el cuadro, menciona que “así, se achica la rentabilidad que, en algunos casos, ya es nula o sencillamente negativa” antes de subrayar que “la asistencia bancaria es inaccesible, con lo cual nos vamos financiando ‘entre todos’, lo que deviene en un inevitable estiramiento de la cadena de pagos”.

–No hay dirigente que no acuerde con que hay que agregarle valor a la producción, pero parece bastante más difícil transformarlo en realidad palpable…

–Todos parecemos estar de acuerdo en el diagnóstico, pero no sé si estamos dispuestos a seguir ese camino. El Estado ha sido ineficiente: el gasto público en 2005 era del 28% del PBI y en 2015 fue del 42% del PBI. Y ese aumento se traduce en una suba fenomenal de los impuestos. Entre un 40% y un 45% de lo que cuesta cualquier producto que se toma de la góndola de un supermercado es carga impositiva combinada.

Encuentros

–¿Hay espacios donde charlar de estos asuntos?

–De hecho, sí. Y, debo señalar que tanto el gobierno nacional como el provincial parecen haber entendido que hay que equilibrar las cuentas públicas. Lamentablemente, hubo que hacerlo de manera muy abrupta, más allá de que está claro que para salir se precisa del esfuerzo de todos.
Una de las cuestiones a discutir en el mediano plazo es si la economía argentina estará orientada al mercado interno o a la exportación, en un contexto en el que la educación digital debe ser una realidad.

–A una hipotética ecuación empresaria podríamos incorporar la infraestructura productiva, los insumos, la energía, el financiamiento, el personal, el transporte, el factor impositivo. Pero, ¿cuál preocupa más?

–Son todos concurrentes. El peso específico de cada una varía según el sector y el destino de lo que produce. De lo que no hay dudas es que es vital contar con puertos a un costo razonable, caminos en condiciones y una burocracia estatal agilizada. Ahora, en materia energética los costos siguen creciendo y el acceso al financiamiento es inconveniente; y hasta que no se produzca cierta estabilización es muy difícil saber dónde se está parado y poder planificar a futuro.
De hecho, el empresario planifica pese a todo y asume un margen de riesgo alto por la inestabilidad del panorama general.

–Así como es múltiple el universo de las empresas, es disímil la relación del mundo universitario con el empresario, ¿puede mejorarse esa interacción?

–Apostamos a ello. Sin ir más lejos, por invitación nuestra en las Jornadas de la Industria participó un buen número de facultades, de UNER, Uader, UTN, la UCA, Adventista del Plata. La idea es que entre todos podamos imaginar el mundo cambiante y vertiginoso en el que vivimos.
Hay quienes sostienen que en una década desaparecerá el 42% de las carreras existentes y, en un proceso más acelerado aún, es probable que ocurra lo mismo con los puestos de trabajo. Entonces, todos nos debemos involucrar si no el mundo nos va a pasar por encima. Y esto involucra a los niveles educativos sin excepción: hay que empezar a pensar en clave digital.
Cito un ejemplo, no el único: la Escuela de Negocios, que funciona en UNER, es fantástica para la región. Y sería mejor aún si nos decidiéramos a construir un Parque Tecnológico como existe acá cerca, en Santa Fe, porque esas instancias nos sentarían a todos en torno a una misma mesa para discutir hacia dónde hay que ir. Así se construyen políticas de Estado fuertes, perdurables.

Escenarios

–Un parque tecnológico con incubadora de empresas, dijo al pasar…

–Sí, pero que funcionen de verdad: necesitamos resultados. Y la sentencia sirve también para nosotros, los empresarios. Siento que de este lado del río decimos cosas que nos hacen quedar bien, pero nos conformamos sólo con eso. Hay que ir por más: buscar acuerdos, materializar las ideas, agregar trabajo al trabajo, evaluar, corregir, fortalecer y apostar sostenidamente. Tampoco se trata de inventar nada; démosle el toque entrerriano, pero avancemos hacia proyectos como el del parque tecnológico e incubadora de empresas y, desde ahí, los gobiernos, las universidades, los organismos de investigación y aplicación de las innovaciones y las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas los empresarios, podremos imaginar el mundo en el que queremos vivir nosotros y nuestros hijos.

–En lo específico, ¿es un tiempo para resistir o para proyectar pese a todo?

–Son tiempos difíciles, que requieren de la participación de la mayor cantidad de sectores. Es necesario que los que gobiernan, se abran y escuchen: no son seres tocados por una varita mágica, sino ciudadanos -como todos- con funciones específicas.

–¿Y como sector?

–Como empresarios, son momentos para endurecer el cuero y resistir, focalizarse en pensar cómo sobrevivir en este escenario complejo. Somos optimistas, pero se precisa trabajar en conjunto, derribar prejuicios, hacer desvanecer diferencias puntuales y fortalecer lo que nos une: la preocupación por lo que no supimos hacer como sociedad y el desafío de construir lo que soñamos, aprovechando las ventajas naturales, pero sobre todo el capital humano.

Cada información con una fuente

Según datos de la Secretaría de la Producción, hay un total de 2.054 establecimientos industriales, que generan 31.281 empleos directos y 125.124 indirectos, lo que representa el 28% de la población económica activa correspondiente a Entre Ríos, estimada en 555.726 personas.
Conforme los registros del Ministerio de Trabajo de la Nación, la industria representa el 22% de la masa salarial del sector privado registrado, es decir, excluyendo el Estado y el sector no registrado.
Si nos atenemos a la información proporcionada por el Indec, la composición de las exportaciones es la siguiente: productos primarios (50%), productos agroindustriales (40%) y productos industrializados (10%). Mientras que, de acuerdo a la Dirección de Estadística y Censos de Entre Ríos la industria presenta el 18% del total del valor agregado en el sector privado.

Informe de situación

En base a un relevamiento, más de la mitad de las industrias entrerrianas vendió en el trimestre abril-mayo-junio menos que en el período enero-febrero-marzo, de este mismo año. Y, además, una de cada tres industrias entrerrianas redujo su nivel de producción si se compara, nuevamente, el segundo y el primer trimestre 2018.

Según otro estudio, en septiembre de 2018 la actividad industrial se contrajo fuertemente: un 8% en términos interanuales. Este súper achicamiento se produjo luego de meses de contracciones interanuales, más chicas pero no por eso menos significativas, del orden del 5%. A esa conclusión arribó el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina. Si se pretende profundizar la mirada, puede recurrirse a https://uia.org.ar/. El estudio agregó, en ese sentido, que entre enero-agosto de 2018 la actividad industrial se redujo un 1% respecto del mismo período de 2017. Y que la perspectiva es que esa caída se profundice en 2019.

Recurrentes 70 años

En los diagnósticos de situación hay lugares comunes que, vaya a saber por qué razón, cierta dirigencia repite como autómata. Una de ellas es la referida a los “últimos 70 años” de supuestos desatinos que pudieron habernos dejado ante la actual encrucijada. Ahora, luce disparatado que la infundada tesis sea pronunciada por representantes de firmas que no existían antes de la década del 40’ del siglo anterior.

Se entendería en boca de voceros del ciclo previo al de la industrialización intensiva, es decir, sectores que agregaban un mínimo valor a materia prima agropecuaria, que vivían o soñaban vivir al estilo europeo, mientras las mayorías no se juntaban ni siquiera con lo mínimo indispensable, y que fueron desplazados de los programas de gobierno cuando la sociedad se propuso dejar de ser una factoría para intentar un desarrollo más integral.

Por eso suena al menos paradojal que esa bandera sea levantada por empresas (varias de ellas dedicadas a la actividad industrial, incluso fabril) que se crearon y consolidaron en las décadas sobre las que se hace recaer todo lo malo que nos pasa.

Una hipótesis razonable es que no se leen los relevamientos producidos por investigadores regionales y se repite, irreflexivamente, una serie de postulados de pretendidos referentes, con un agregado curioso: si se aplicaran sus preceptos a un programa, harían desaparecer buena parte de las industrias entrerrianas. En fin, parecen marcas de un coloniaje elemental que se presenta incluso entre ciudadanos supuestamente informados.

La demanda de trabajo, en baja

El informe 9 del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER, propuso un “debate necesario” en torno a la “demanda y oferta de trabajo en Entre Ríos”, en virtud de que en el quinquenio 2017-2021 el mercado de trabajo entrerriano sumará un total estimado de 40 mil personas, en un contexto de estancamiento del empleo.

Cuando se enfoca en lo sucedido en el llamado “empleo privado”, plantea que “la generación de empleo registrado, fuente principal del trabajo productivo, muestra una trayectoria de crecimiento claramente descendente en los últimos años”. De hecho, hasta el 2011 la provincia asistió a un proceso de creación de trabajo privado altamente significativo: en 8 años se agregaron casi 60 mil puestos de trabajo. Sin embargo, luego de 2011 la tasa de generación de puestos de trabajo registrado se estancó, llegando incluso a dismininuir en 2016. El descenso producido en 2018 no se debe sólo a la caída del empleo en la industria de la construcción, muy asociada
al ciclo económico, sino que también expresa una tendencia general.

“En el lapso 2003-2011 todos los sectores relevantes de la provincia tuvieron tasas de creación de puestos de trabajo registrado muy elevadas. Los productores de bienes (agro, manufactura, gas, electricidad y construcción), aportaron el 45% de la generación de empleo; mientras que los servicios contribuyeron con el 55% restante”, se añade.

Pero, “la dinámica cambió a partir de 2012”. De hecho, la tasa de crecimiento anual del empleo privado cayó bruscamente en todas las actividades, mientras que la contribución de los sectores productivos al crecimiento apenas alcanzó el 5,4%, explicando los servicios el 94,6%
restante. La pérdida de dinamismo del empleo en la producción de bienes es un indicador elocuente de las dificultades para generar excedente exportable y, por ende, de sostener un ritmo de crecimiento futuro”.

Para los investigadores de la UNER, “en este punto será decisiva la suerte de las cadenas de valor principales de Entre Ríos, como la oleaginosa, la avicultura, la producción láctea, la actividad triguera, el arroz, la foresto-industria, la pesca fluvial, la ganadería bovina y porcina, entre otras, en un escenario internacional de estancamiento de los precios relativos de tales sectores”.


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