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28-01-2019 / Secretos de un arbolado en armonía

Plantar la semilla de una ciudad para ser vivida

Entre la bucólica referencia de cierta perspectiva poética y el carácter de mero adorno que suelen traslucir los diseños urbanísticos y arquitectónicos, es conveniente reparar no sólo en las riquezas múltiples del arbolado sino, además, reconocer que es una dimensión del saber que exige calificación y planificación.

Mirador Entre Ríos
redaccion-er@miradorprovincial.com

Un prolijo censo de los árboles y arbustos que existen en las veredas de las manzanas residenciales de Paraná ha permitido a docentes e investigadores de la UNER construir una metodología para producir diagnósticos, base para diseñar cualquier planificación. El esquema de trabajo las ha llevado a recorrer ya media docena de municipios. Parte de esa rica experiencia emerge en la entrevista que sigue.

En efecto, desde una perspectiva que integra la ingeniería en agronomía con la arquitectura del paisaje, Marina Butus, Myriam Martínez y Noelia Sattler, son las responsables de un equipo que relevó el arbolado de alineación de Paraná en 2015. La información colectada permite tener un exhaustivo detalle de “qué hay, qué le falta y qué proponemos”. En virtud de un diálogo establecido entre lo observado, la bibliografía específica y las experiencias en distintas partes del mundo se puede conformar un protocolo de actuación, cuyo repaso es sumamente valioso para cualquier comunidad.

El encuentro con las integrantes de la Cátedra Espacios verdes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de UNER sucedió en una casa de familia del sureste de Paraná, en un entorno adecuado: un patio donde reinaba una armonía vegetal amigable. Los juguetes sumergidos en una pileta plástica ubicada a la sombra, habla a las claras de que allí hubo un niño o niña que hizo gala de su imaginación, mientras se estuvo refrescando.

Los sonidos, pese a estar en medio de la ciudad, eran típicamente agrestes. Tanto fue así que, si alguien lo deseara, el registro sonoro obtenido le permitiría detectar las aves que trinaron en el lapso en que las preguntas y respuestas se sucedieron.

“Salimos a campo con censistas alumnos, que fueron específicamente capacitados, relevando las manzanas, identificando las especies presentes, su estado sanitario, la inclinación respecto de la línea de edificación y el entorno morfológico, que incluye el ancho de vereda y calzada o calle, la altura de la construcción y del cableado, si hay paño verde en torno al árbol”. El mate yendo de mano en mano era el telón de fondo de lo charlado. Las especialistas estaban atentas al discurso que se construía y, mediante aportes, fueron fortaleciendo el relato de sus compañeras. No había roles preestablecidos: todas ejercían el derecho a la palabra. “Esa base de datos se convirtió naturalmente en un instrumento propicio para la planificación, toda vez que en virtud del diagnóstico generado el municipio puede organizar la producción de especies en su vivero, la posterior plantación e incluso la extracción de los actuales ejemplares”.

Una de las conclusiones inquietantes es que sólo el 15% de los árboles está en el lugar indicado, lo que da una medida del enorme trabajo que queda por delante y de la importancia de afrontar una planificación adecuada.

Números

“Además, el informe estadístico de distintos aspectos nos permitió conocer, respecto del entorno morfológico, que alrededor del 60% de las construcciones de la ciudad de Paraná son de una planta, característica que –si bien no tiene que ver específicamente con la vegetación– puede ayudar a pensar en ciertos perfiles identitarios de la colectividad que se dan de hecho, probablemente no buscados de antemano, respecto del modo de apropiarse de los espacios”, explican.

La tarea de los responsables del censo y de los censistas no es diferente de la que sucede con los de población y vivienda: un comando de especialistas debe resolver qué se observará y volcará la serie de indicadores codificados en un formulario; luego, se capacitan a los recolectores de la información para que el desempeño sea homogéneo y estadísticamente fiable; se distribuyen las zonas; se chequea que los equipos completen el recorrido asignado; se vuelcan los datos a planillas y se procesan las cantidades y cualidades con las que se podrán elaborar los informes finales.

El hecho de haber realizado el relevamiento y planificación del arbolado de alineación no sólo en Paraná, sino también en Oro Verde, Maciá, Larroque, San Salvador y recientemente en Lucas González (cuyos datos actualmente están siendo procesados), les ha permitido establecer que el trabajo demanda aproximadamente una hora por manzana.

–En Paraná, ¿se cubrió toda la trama urbana?

–Cuando un municipio interesado nos contacta a través de la Secretaría de Extensión de la FCA, se precisa en el convenio el área que será censada. En el último registro que hicimos en Paraná relevamos 2.100 manzanas: desde calle Newbery, en el extremo sur, y calle Caputto, en el límite este, hacia el río. Es un sector más que importante.

Por eso defendemos el trabajo realizado, la seriedad con la que se lo encaró y definimos, por encima de todo, que sin datos fidedignos y actualizados toda planificación está condenada al fracaso.

Esta misma cátedra en 1993 había hecho un relevamiento similar. Los datos los actualizamos en 2015; se sugiere, que ocurra lo propio cada diez o quince años.

Lamentablemente cuando vino esa tormenta de viento tan fuerte en 2016, que derribó un millar de árboles, los ejemplares se retiraron por disposición municipal, pero nadie tomó nota. Una lástima. Eso también es parte de un sentido de a planificación que no vemos con tanta claridad.

–¿Qué resultados obtuvieron?

–El instrumento como tal ofrece una multiplicidad de aprovechamientos. Podemos compartir algunos de ellos. Por ejemplo, en 2015 se detectaron unos 58.300 individuos (árboles, herbáceas, enredaderas y arbustos), de los cuales 47.600 eran árboles. Acá no están contemplados los ejemplares plantados en los espacios verdes, sino sólo los que están en las veredas de manzanas residenciales.

–¿Por qué dejaron de lado los parques, plazas y paseos?

–No existe un criterio universal sobre dónde enfocarse. De hecho, hay ciudades donde el relevamiento no ha distinguido una cosa de otra. Nosotros creemos que el árbol de vereda tiene sus particularidades y por eso lo diferenciamos del árbol de espacio verde: demanda un tipo de poda particular, tiene determinadas limitaciones espaciales, un entorno morfológico específico y un criterio de crecimiento propio.

Repaso

–Volvamos sobre los resultados obtenidos…

–En 2015 hubo un 26% más de individuos relevados que en 1993. Y el convenio abarcó un 23% más de manzanas. Esto puede reflejar que la ciudad ha crecido, pero también que sus veredas han sido arboladas.

–¿Cuáles fueron las especies más frecuentes?

–El más popular es el fresno, que se queda con el 31% del total. Eso no es bueno: la bibliografía y la experiencia sugieren que la participación de cada especie no debe superar el 10 o el 15%.

–¿Por qué?

–Es que si sobreviene alguna plaga o enfermedad, el impacto de lo perdido no es tan fuerte. Eso ya pasó con el paraíso en Paraná: en 1993 había unos 11.758 ejemplares y en 2015 eran 1643; de manera que se perdieron unos 10.115. Es cierto que un árbol que se cae con una tormenta o que debe ser extraído es generalmente reemplazado, pero que se consolide y alcance el tamaño ideal lleva tiempo, más allá del dinero de la compra.

El fresno tiene aptitudes espectaculares: muy buena sombra, es uno de los primeros en perder la hoja en otoño y el primero en brotar en primavera; no tiene frutos carnosos; crece rápidamente; su producción a escala es económica. Pero hay que guardar las proporciones, como ya indicamos.

–Luego del fresno, ¿cuál se ubica?

–El sauce que, en sus distintas variedades, aumentó un 4% en relación a 1993. La tercera en orden de importancia es la palmera pindó: hay un 6% más que en 1993. Lo que ocurrió es que se puso de moda la palmera y la pindó crece rápido. Igual no es recomendable para el arbolado de alineación porque no da sombra, no pierde la hoja en invierno y deja caer frutos.

Ahí es interesante el aporte de una planificación bien hecha. Las palmeras son buenas indicadoras urbanas: por ejemplo, pueden dibujar grandes líneas en los canteros centrales de avenidas, lo que le da cierta distinción; y dejar que en las veredas crezcan otras especies, más apropiadas para un uso residencial.

Perfiles

–¿Y qué debe tener un buen árbol?

–Debe ser fácil de conseguir, de crecimiento rápido, de producción accesible para los municipios; que tenga hojas caducas, es decir, que la pierda en otoño para que deje pasar la luz del sol, y que en el verano provea de denso follaje para sombra. Hay que tener en cuenta que los árboles, además, generan beneficios ambientales enormes como retener partículas y absorber metales pesados de los residuos de la combustión.

Pero que en la ciudad además se integra a una trama de sistemas: cañerías, cableados y el entorno morfológico.

Hay un caso sintomático en ese sentido: el ficus fue árbol de maceta en un determinado momento y cuando se desbordó, los propietarios lo sacaron a la vereda y generaron, sin querer, un sinnúmero de inconvenientes porque tiene raíces superficiales e invasivas; para colmo, su sombra es permanente durante todo el año: no deja crecer nada de césped ni deja pasar luz en invierno.

–Del relevamiento, ¿hubo algo que llamó particularmente la atención?

–Del total de los ejemplares plantados, sólo el 15% era técnicamente apto, lo que nosotros llamamos “especies deseables”. Suele suceder que la gente elige los árboles porque le gusta a la vista, abstrayéndolo del entorno; o simplemente porque lo tiene un vecino; pero hay que analizar el contexto en el que va a prosperar: el alto de la casa, los anchos de vereda y calzada, la altura de los cables; y, además, asegurarse que tenga hoja caduca, que no tenga espinas ni frutos carnosos.Y si de paso tiene linda floración, mejor todavía: el jacarandá, el lapacho rosado o amarillo, la pezuña de vaca rosada, el crespón (especial para el tipo de aceras del casco céntrico) y, para espacios más amplios, el chivato, el ibirá pitá o el carnaval.

Para evitar dolores de cabeza posteriores, con este relevamiento realizado la Municipalidad y los propietarios de viviendas tienen disponible una planificación que considera los distintos aspectos y que determina una especie deseable para cada situación.

De todos modos, no proponemos extraer los árboles no aptos: la cátedra sostiene que el existente es mejor que un espacio sin árbol, atendiendo a la cantidad de años que demanda su crecimiento. Pero sí sugerimos atender los distintos factores cuando sea preciso reemplazarlo.

–Culturalmente, ¿qué idea subyace, que el árbol es un mero adorno?

–Es un ser vivo que demanda condiciones para crecer y que si no se las brindamos va a buscar su propio lugar. No es un mero servicio ni ornamental ni ambiental; tampoco es un objeto inerte, como los cables, la vereda o la calle. Es un ser vivo que puede mejorar nuestra calidad de vida.

A futuro

–¿Es un problema que la distribución de ejemplares no sea homogénea en toda la trama urbana?

–Es notable la diferencia de densidad entre el casco céntrico y la periferia, eso sí: parece claro que en los comienzos de Paraná la idea del arbolado no fue decisiva. La ciudad que se planificó no los tuvo en cuenta, lamentablemente: las veredas angostas son un problema y nos encontramos con cuadras y cuadras de una misma calle sin un ejemplar.

–¿Los nuevos barrios resuelven esa dificultad?

–La normativa es excesivamente laxa. No emerge un criterio ordenador, que atienda la diversidad. Entonces, los nuevos barrios pueden estar arbolados, pero muchas veces domina el fresno. La ventaja, si se quiere ver la parte llena del vaso, es que está contemplado el paño verde para plantar un ejemplar, lo que en el centro no ocurre. Y es notable la diferencia de temperatura que esta situación genera.

En el mismo sentido, si tengo una calle con tipas la práctica de poda se vuelve más homogénea que si tuviera un árbol de cada especie, lo que también optimiza recursos municipales y tiempo.
Por eso, en la planificación que presentamos tendemos a que el árbol nuevo sea del mismo tipo que el reemplazado, porque la recurrencia de los ejemplares le da además personalidad a los sectores de la ciudad, linealidad, identidad.

–Algo se dijo al pasar pero, ¿qué tan comprobado está que la presencia generosa de árboles atempera los extremos de frío y calor?

–No sólo hay bibliografía que lo certifica, sino que nosotros mismos lo confirmamos. El principal, entre los servicios ambientales es que atempera el clima, regulando la humedad del entorno.
Por nuestra cuenta, se hizo un estudio hacia 1994 en el que se midió temperatura y humedad en calles de similares características, con y sin arbolado. En verano, con árboles, se registró unos 4,5 grados menos y un 5% más de humedad.

De quién es la ciudad

–¿Toda vereda admite un árbol?

–Si la acera tiene menos de 2,5 metros de ancho no se aconseja arbolar. Pero ahí es donde debemos discutir cómo incorporar un tipo de vegetación que salga en auxilio de los peatones. Hay ciudades como Paraná pensadas para que circulen los vehículos, no tanto para el tránsito de las personas y su confort. Nos preguntamos de quién es la ciudad y, si la prioridad son los que la caminan, debe pensarse en un sistema de transporte integrado y eficaz que saque vehículos del área central y le devuelva protagonismo a quien camina. Entre esos elementos está el arbolado de alineación.

Entonces, si nos sacamos la idea de que la ciudad es el espacio dominado por los autos, en algunas calles angostas se puede quebrar su traza y ensanchar cada tanto las veredas, para colocar en esas islas al menos algunos árboles y arbustos. hay que tener en cuenta que la mayor cantidad de árboles y de paño verde ayuda además a absorber la humedad producida por lluvias, que se ha convertido en un problema grave dada la creciente cementarización del espacio urbano.

–¿Este modelo es aplicable a cualquier ciudad?

–Las conclusiones sobre qué especies corresponde plantar son específicas, pero sí es común el método para juntarse con la información, para elaborarla y disponerla en un diagnóstico que permita una mejor planificación.


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