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09-02-2019 / Tendencia

Mujeres que trabajan al mando del volante

Vencen prejuicios y dictámenes añejos que dicen que ellas no pueden acceder a determinados trabajos porque son para varones.

Fabián Reato
redaccion-er@miradorprovincial.com

No hay femenino para chofer sino que el género se diferencia con el artículo. Se dice “el chofer” o “la chofer”, aunque esto último se usa con menos frecuencia. La Real Academia Española define su significado como “persona que, por oficio, conduce un vehículo”. Aunque la definición hable de “persona”, seguramente la mayoría que escuche la palabra chofer pensará en un varón. Es que no es muy frecuente encontrar mujeres que se ganen la vida detrás de un volante. Tanto es así que hace pocos días fue noticia que una mujer había obtenido el carné para conducir camiones y que iba a desempeñar ese oficio en la Municipalidad de Paraná manejando compactadores y volcadores de residuos. Pero ella no es la única. Otras mujeres trabajan manejando taxis o transportes de carga, actividades que hasta hace nada estuvieron destinadas exclusivamente al ámbito masculino.

La primera

Laura Dekimpe tiene 42 años. Está casada y es madre de cuatro chicos. Está acostumbrada a los desafíos y a incursionar en actividades en las que las mujeres no tienen un acceso fácil. Otrora, Laura se apasionó por el boxeo y llegó a enfrentar a la Tigresa Acuña.

Hace 10 años ingresó a trabajar en la Municipalidad de Paraná para realizar tareas de limpieza. Aunque agradecida por el trabajo, su verdadera vocación era manejar un camión, propósito que por entonces era inimaginable.

“El conducir un camión era algo que tenía pendiente en mi vida y por ser mujer no me daban la oportunidad de hacerlo. Mi papá era empleado municipal también. Falleció cuando yo era chica. Él era chofer y me decía que cuando yo fuera grande me iba a enseñar a conducir camiones, pero no pudo ser, porque falleció”, cuenta emocionada.

Ya en el municipio se animó a confesar su deseo a sus compañeros varones y a pedirles que le enseñaran a conducir camiones. Las respuestas eran siempre que no, que las mujeres no podían manejar esos vehículos.

“Hasta que di con un muchacho en la Unidad 3 que me escuchó contar eso y me largué a llorar por el tema de mi papá. Entonces me dijo que me iba a enseñar. En dos días ya manejaba, como sé conducir autos no me resultó muy difícil. Solamente se me complicaba el tema de doblar. Él me explicó cómo tenía que hacer”, recuerda.

“Después hablé con Roberto Sabbioni y me llevó para su repartición (el Centro Integrador de Servicios Ciudadanos). Empecé con la compactadora, después en el mismo lugar tomé el volcador”, continúa Laura.

Pero los comienzos no fueron fáciles: “Muchos del turno noche no estaban conformes”, asegura. Inclusive estaban los que se negaban a compartir la cabina con ella, les avergonzaba ir de acompañantes de una camionera mujer.

“Pero cuando vieron que agarré el camión no lo podían creer. Después me decían: dale para adelante, te felicito. Ahora estoy con el volcador. Hacemos de todo un poco: rama, broza, arena. Ahora que empiezan los operativos de barrios, me dijeron que también tengo que salir cuando falta un chofer con la compactadora”, se enorgullece.

En cuanto a las reacciones de la gente en la calle, Laura dice que nadie lo puede creer cuando ven ese vehículo enorme conducido por una mujer.

“Cuando empecé, a la noche, las caras de la gente que me veía me hacía acordar a la del personaje de la película La Máscara (protagonizada por Jim Carrey), con la mandíbula caída. Causaba risa, había que verle la cara a la gente. También había personas que me aplaudían porque no lo podían creer. Más en los varones. Una cosa es contarla y otra verla”, relata.

El marido de Laura al principio no estuvo muy entusiasmado con la idea de que su mujer trabajara manejando un camión. Tenía temor de la reacción de los compañeros varones, pero después la apoyó en todo.

“Cuando le conté lo que quería hacer no estaba muy de acuerdo. En las unidades tenés que andar con tus compañeros en la cabina. Para mí también se me hace difícil. No fumo y es un problema cuando los otros fuman, pero me dijeron que si era el chofer tenía que poner las reglas. Y así lo hice”, asevera.

En el taxi

En la larga fila de coches en la parada de taxis, los autos parecen todos iguales. Blancos con bonetes numerados. Los choferes charlan sobre la crisis y la escasez de pasajeros. Entre ellos está María Vázquez, que es una más en el grupo.

Tiene 24 años y un hijo. Apenas cumplió los 21 obtuvo el carné que la habilitaba a conducir taxis y entonces arrancó.

“Me crié en la Cooperativa de Radiotaxi, en el ambiente de los taxis porque mi papá era taxista. Compré un auto para ponerlo de taxi antes de cumplir los 21 y poder sacar el registro. Después tuve la oportunidad de tener una licencia. Lo trabajaba mi pareja, el papá de mi nene. Cuando cumplí los 21 salí a manejar”, sintetiza.

Se sube al coche a las 5 de la mañana y recién se baja a las 14 para dedicarle el resto del día a su hijo.

Algunas veces ha sucedido que gente llama a la empresa para pedir que la chofer sea una mujer, por una cuestión de seguridad. “Pero la cooperativa tiene la norma de que se manda el auto que está más cerca. Y todos los choferes tienen que presentar certificado de buena conducta, así que es igual que vaya un hombre o una mujer”, aclara.

Compañerismo

No hay muchas taxistas mujeres en Paraná. María dice que no se relaciona mucho con sus pares de género porque no suelen encontrarse en las diferentes paradas.

“Son todos hombres, con las pocas mujeres que hay ni siquiera tengo relación con ellas porque generalmente no compartimos paradas. Con los hombres, re bien. Me cuidan, me tratan como una hermana los que tienen mi edad, o como una hija, porque la mayoría son hombres grandes. Siempre cuidándome, nos hemos hecho compañeros, compartimos asados, despedidas de año. Siempre me respetan y me cuidan”, asegura.

Similar trato recibe de los pasajeros: “Les sorprende a muchos que sea tan joven y esté trabajando, y encima en un taxi. La pregunta típica es si tengo miedo, si trabajo de noche. Las mujeres se sienten más cómodas, los hombres a veces no hablan o me preguntan cómo llegué a manejar un taxi. Hasta ahora no he tenido inconvenientes con ningún pasajero”.

Ante la consulta si está en un taxi por necesidad o por elección, María no duda: “Lo elijo porque me gusta. Yo estudié, terminé la secundaria, soy gestora, tengo cursos de administración contable. Podría estar en cualquier otro lado. Estuve trabajando de secretaria de un consultorio médico pero renuncié porque me gusta el taxi, relacionarme con la gente, conocer, charlar y elijo esto”.


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