Domingo 18.08.2019 | 19:22 hs


11-02-2019 / Sobre el respeto hacia las mujeres

Otra crianza, central para erradicar las violencias

Combatir la violencia de género y promover vínculos saludables son dos de las banderas que enarbola Graciela Mántaras, subsecretaria de la Mujer de la Municipalidad de Paraná. Al repasar las líneas de acción y los programas que se soportan en el trípode “mujer, violencia, hombre” contextualiza la problemática de una manera que ayuda a pensarla.

Mirador Entre Ríos
redacción-er@miradorprovincial.com

El encuentro con la subsecretaria de la Mujer, Graciela Mántaras, tenía un disparador preciso: mediante un focus group la Municipalidad piensa recoger información de primera mano sobre la experiencia de las mujeres en los boliches de la ciudad. El grupo focal (focus group en inglés) es una técnica cualitativa de estudio de las opiniones o actitudes de un colectivo, utilizada en ciencias sociales y también en estudios comerciales. Para que la información colectada sea rigurosa, es decir, pueda ser tomada como indicadora de una determinada realidad, los grupos focales deben configurarse de tal manera que respeten criterios de constitución de la población que desea estudiarse.

Desde allí la funcionaria desgranará criterios respecto de un tema sobre el que no es posible el acuerdo absoluto. Eso sí, se comparte la indignación ante casos que interpelan aquello que, por acción u omisión, ayudamos a convertir en cultura. Por eso, si bien los objetivos pueden ser compartidos es valioso que circulen particulares puntos de vista respecto de las enormes manifestaciones de desprecio hacia lo disidente y de menosprecio hacia las mujeres en especial, cuya punta del iceberg son los feticidios.

En ese marco, Mántaras repasará la campaña de prevención contra el acoso en el transporte público; las charlas y talleres en escuelas secundarias con el Programa de Detección y Prevención de Violencia en los Noviazgos, inscriptos en los lineamientos de la Ley de Educación Sexual Integral; y la línea de la detección temprana que llamaron Puntos Mujer, lo que devino en una Red de detección temprana de la violencia.

–¿Cómo piensan recoger de primera mano información sobre lo que ocurre en los boliches?

–Esta iniciativa nuestra tiene que ver con un episodio que sucedió a finales del año pasado en la ciudad de Paraná donde una mujer, menor de edad, fue invitada a sacarse la ropa a cambio de un premio, como parte de una exhibición pública.

Para algunos fue un caso aislado, para otros reflejaba lo que ocurre frecuentemente en estos espacios. Nosotros no quisimos entrar en esa controversia. Lo que sí, como Subsecretaría de la Mujer de la Municipalidad, participamos en dos ocasiones de la Mesa de Violencia, junto a Fiscalía Municipal, Concejo Deliberante, Habilitaciones comerciales y, además, Copnaf, Coprev, Fiscalía de Género e Inadi. Nos reunía la preocupación por cuidar a los jóvenes y, en particular, a las mujeres.
En ese contexto, nos pareció oportuno consultarle directamente a quienes asisten a los boliches para que nos cuenten de primera mano, qué ven o qué han experimentado.

–Es un relevamiento…

–Técnicamente es un focus group, del que participarán mujeres de entre 14 y 30 años que concurran habitualmente a boliches y que, naturalmente, quieran participar de la experiencia. Es una tarea asumida con la responsabilidad de una investigación social. Habrá una parte donde formularemos preguntas; luego ellas podrán hacer los comentarios que consideren procedentes, lo que derivará en un espacio para el debate.

–¿Y qué se hará con esa información?

–Darán fundamento a las acciones que vayamos a emprender. Por ejemplo, las campañas dirigidas a cada uno de los actores que intervienen. Pero también propuestas para que el Concejo Deliberante mejore la normativa vigente, lo que probablemente vaya más allá de los horarios de ingreso y egreso.

Paralelamente, tenemos en marcha un programa referido a prevención de la violencia en los noviazgos, que se lleva a cabo en las escuelas secundarias.

Los entornos

–¿Qué cree que está pasando con los niveles de violencia –algunas veces, extrema- del que son víctimas las mujeres?

–Las que pertenecemos a este campo -cuyo amplio paraguas es el feminismo- podemos tener puntos de vista diferentes sobre la problemática. Yo siento que en todo este tiempo los organismos públicos y las organizaciones de la sociedad civil hemos estado enfocados en lo que llamamos el empoderamiento de la mujer: darle herramientas que fortalezcan la conciencia, se sientan seguras de sí y reclamen ese respeto que se tienen.

Pero entiendo que, desde el Estado, las entidades defensoras de los derechos de la mujer y la propia familia, debemos ser más insistentes en esto del autocuidado. Siempre existió la violencia, es cierto; pero nos toca vivir un tiempo caracterizado por una crueldad llamativa y si bien es razonable que sintamos que podemos andar libres por donde sea, a la hora que sea, también, por una cuestión de estricta seguridad personal: tenemos que ser conscientes de que los riesgos siguen siendo muchos. Nos tenemos que cuidar más. En ese sentido, debemos fortalecer los vínculos de solidaridad entre mujeres, lo que hoy se llama sororidad. Ojalá llegue el momento en que podamos caminar solas por la calle, a cualquier hora; pero hasta que eso sea una realidad mejor si andamos en grupo, si nos cuidamos entre nosotras y mejor aún si los varones de nuestro entorno, respetuosos de nuestra dignidad, nos acompañan.

–Tampoco parece haber un estereotipo de agresor…

-Comparto. En ese sentido, creemos que hay que insistir en que el violento, el abusador, el acosador, no tiene por qué tener un rostro determinados, actitudes especiales, como se suele caracterizar al malo en el cine. Es más, muchas veces son manipuladores amables, de gestos delicados y pueden tener cualquier edad, ser respetados en los ámbitos donde se mueven y pertenecer a cualquier clase social, incluso las más pudientes por supuesto. No hay una apariencia particular: cualquier hombre puede producir daño.

Sé que este estado de sospecha sobre el varón puede ser desagradable para los muchos que respetan la integridad de los demás. Pero hoy, en este contexto de agresiones bestiales y mortales, sabrán entender que tenemos que ser particularmente cuidadosas o desconfiadas.

Insisto: no creer que el atractivo físico, la ropa cara, el auto de alta gama, el hecho de que sea encantador o tenga amigos en apariencia fabulosos son garantías de que no va a pasar nada: cuanto más desconocida es la persona mayor es el riesgo que se corre.

Es cierto que hay una problemática general que atraviesa todas las edades, pero creemos que las más chicas son las más vulnerables: todas fuimos adolescentes y sabemos que en esos años solemos tomar decisiones arriesgadas porque creemos que no nos va a pasar nada y que el consejo de los mayores -sobre todo, nuestros padres- es un aburrimiento total y, por las dudas, hay que llevar la contra.

Las culturas

–Usted trabaja en un área enfocada en la mujer, ¿pero qué papel le cabe al varón en todo este asunto?

–El programa sobre noviazgos violentos aborda reflexivamente el lugar del varón. Además, está habilitado un espacio para la reeducación emocional de los hombres que ejercen violencia de género, donde se trata no sólo de poner en cuestión los lugares comunes en torno a los roles sociales de varones y mujeres sino, sobre todo, donde se intenta desnaturalizar la idea de que la mujer, lo que hace, siente y piensa tiene menor valor o no tiene ninguno.

Las prácticas machistas y su mirada de superioridad sobre el resto fueron inculcadas en la crianza. A esto hay que entenderlo porque significa que se puede promover otro tipo de sensibilidades; no se está condenado a repetir el patrón.

En otra línea de trabajo nos enfocamos en pensar el género y las masculinidades, lo que nos permite comunicar que la violencia es una conducta aprendida, que los estereotipos de género deben ser tirados por tierra para una convivencia más armónica, que el varón tiene derecho a sentirse frágil, que no es un guerrero o un salvador ni debe serlo y que puede asumir incluso la crianza de los hijos desde otro lugar.

Ojo, la concepción machista nos atraviesa a las mujeres también, cuando le reclamamos al varón o nuestra pareja que sea fuerte, poderoso, protector, sostén económico del hogar, mientras nosotras nos especializamos en la crianza y la atención de las cuestiones hogareñas. Está claro que hermanas y hermanos son criados en la misma casa, con el mismo mensaje. Por supuesto, que estas pautas culturales no cambiarán de un día para el otro, pero trabajamos para que el mañana sea más humano.

–Hay una fuerte batalla con la cultura audiovisual dominante y los modelos que desde allí se promueven…

–Es verdad. Instalan un tipo de violencia simbólica que alecciona, desvaloriza a la mujer, confirma prejuicios y puede consolidar formas inhumanas de un modo amable, a través de una comedia, por ejemplo. Ese mensaje tiene un poder de asimilación muy alto, para qué negarlo. Y en muchos casos lo que se nos presenta son versiones de la mujer como objeto, posesión o adorno, cuando los valores pueden ser muchos otros.

Por eso, trabajamos para que la Municipalidad no promueva certámenes de belleza donde prevalezca lo exterior, lo meramente corporal; y que, en todo caso, se considere el aporte de una persona como ser humano solidario, capaz de trabajar en equipo, buen compañero o compañera, deportista, inteligente, comprometida con la comunidad o esforzada.

En ese sentido nos preocupa que, en ciertos eventos deportivos, como el automovilismo, la mujer siga siendo expuesta como una entidad cosificada, sin historia, vínculos familiares, afectivos ni sueños, con todo el riesgo de trata de personas que eso implica. Esas postales son las predominantes en el mundo publicitario y audiovisual en general.

Articulados

–¿Cómo es el trabajo entre la Provincia, la Nación y los municipios, el de Paraná en particular?

–El vínculo con la provincia está absolutamente aceitado: hay un entendimiento humano y de compromiso con la problemática que va más allá de las diferencias de color político de las gestiones. Por ejemplo, la Mesa de Violencias es un espacio intersectorial del que también participa la Justicia y que sostenemos desde 2016. Y así estamos codo a codo con Asistencia a la Víctima, el Coprev, el Copnaf; las dos casas refugio (pertenecen una a cada jurisdicción) trabajan en línea; y luego, el Inadi y el Ministerio de Salud.

Y con Nación, específicamente, sabemos que el número 144 está disponible para recibir asesoramiento gratuito ante casos de violencia. Pero inmediatamente después del primer contacto le van a dar nuestros teléfonos, para que el vínculo sea más cercano y operativo.

–Recién manifestó que una parte de los esfuerzos están orientados a empoderar a las mujeres, ¿qué tanto cree que falta para alcanzar un nivel de conciencia suficiente?

– No sé si estamos cerca o lejos de que las mujeres tengan una conciencia suficiente de sus derechos y de su valor, pero creo que este es el camino que hay que recorrer.

Siento que la crianza es fundamental. Muchas familias siguen siendo reproductoras del patriarcado, aunque no haya necesariamente escenas de violencia manifiesta y aunque las relaciones sean amables. La experiencias de abuso intrafamiliar y ese mandato de no hacerlo público para que la familia no se desintegre también afecta. No influye tanto el nivel socioeconómico o el cultural como el modelo de familia al que adscriban.

Apostamos a replicar la Educación Sexual Integral para que desde allí se vayan produciendo los cambios. En ese sentido, por primera vez este año habrá un taller para ingresantes de la Universidad Tecnológica Nacional; desde este año vamos con la ESI a los 32 Jardines Maternales municipales y, en todos los casos, es conversar con alumnos y docentes sobre cómo reconstruir estos preconceptos e ir construyendo, hilada por hilada, nuevas formas de convivir, de respetarnos, de aceptar la diversidad.

Esta instancia de la ESI para nosotros es central porque, como suele ocurrir en otros tantos temas, los espacios de formación como el del ámbito educativo pueden ayudar a cuestionar aquello de patriarcal que pudieron habernos inculcado en la crianza familiar.

–Desnaturalizar lo dado…

–Claro. Cuando nos reunimos para instrumentar cómo se abordarán los talleres ESI en los jardines maternales caíamos en la cuenta de que muchas veces empezamos a ser conscientes no sólo de prejuicios que habíamos naturalizado sino a veces de situaciones de violencia sufridas que echamos al olvido pero no elaboramos.

La experiencia personal es muy importante porque desde allí se educa de una manera más eficaz. Por eso confiamos que al habilitar espacios en los que podamos hablar podamos construir luego vínculos más sanos.

Un trabajo de hormiga

Se la propuso a Mántaras profundizar en los Puntos Mujer. “Son espacios interdisciplinarios de los que participan una abogada y una psicóloga; allí se pueden realizar consultas por cuestiones de violencia pero también sobre otros temas (situaciones con los hijos, cuota alimentaria, etc.); la idea es conformar un acompañamiento”. Luego, los enumera: “el CIC Este, la posta sanitaria del barrio La Milagrosa, se instaló uno en la comisaría de Bajada Grande y se acordó con la Departamental de Policía ir abriendo paulatinamente lugares de consultoría en comisarías donde hay mayor índice de denuncias por violencia”.

En paralelo, “se tejió una Red de Detección Temprana de la Violencia, donde se capacitó a peluqueros, manicuras y otros profesionales donde concurren mujeres para que tengan las herramientas que les permite detectar casos de violencia de género y poder abordar desde ahí las situaciones”. Asimismo, en la Red “se sumó a más de 300 empleados de jardines maternales municipales, quienes fueron recibiendo capacitación y disponen de información, folletería y revistas”.

“La idea es que quien detecte alguna situación de violencia pueda dar una tarjeta de la Subsecretaría para que nos contacte y así tener un abordaje intentando no llegar a tener que abordar la situación de la violencia cuando está consumada en grado grave o gravísimo”, contó Mántaras.


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