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13-06-2019 / Intercambio y aprendizaje

Semana del ambiente, oportunidad para cuidar el presente y pensar en el futuro

Por séptimo año consecutivo, en Concordia celebraron una semana en la que buscaron generar conciencia y entrelazar propuestas. Con una carrera “verde” y una feria internacional de exposición de trabajos, la sociedad puede entender porqué es tan importante cuidar el espacio en el que vivimos.

Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com

La semana del ambiente tiene un significado especial en Concordia. Hace 7 años, varias agrupaciones unieron sus propuestas y las llevaron al gobierno para pedir que el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, no pasara desapercibido. Ese mismo año, en el centro de la ciudad, comenzó el movimiento, que hace 4 años se convirtió en una propuesta internacional, única en Latinoamérica.

Cada 5 y 6 de junio, las escuelas, los grupos ambientalistas y algunos particulares se dan cita en la plaza principal para intercambiar experiencias y trabajos acerca del cuidado del ambiente, reciclado y transformación de los espacios verdes, generación de biocombustibles y programas de abordaje de la problemática de los microbasurales, entre otros.

Los alumnos, de todos los niveles, parecían ser expertos, aunque el proyecto era nuevo, y daban clases acerca de cómo colaborar de manera sencilla con el espacio que compartimos. Trabajos que fueron expuestos en las primeras ediciones lograron premios de nivel internacional y llevaron a los jóvenes estudiantes a competir en Europa. A la vez, las agrupaciones que alertaban sobre la probable presencia de fracking en suelo entrerriano aprovechaban las jornadas para explicar de qué se trataba y cuál era el peligro.

Poco a poco la actividad fue creciendo y esa propuesta que solamente incluía dos días de la semana pasó a ser una propuesta integral de una semana completa. La ONG Luz del Ibirá junto con la secretaría de Ambiente de Concordia tomaron la decisión de ir más allá y para la cuarta edición del evento mudaron la sede al centro de convenciones de la ciudad y sumaron expositores de otros países que, al conocer la propuesta educativa y de intercambio, decidieron viajar para sumar sus experiencias y llevarse las que conocían en la feria.

Este año, los organizadores decidieron completar la semana con exposiciones, pero también incluir la actividad física. Es por eso que el pasado domingo, en la zona de costanera, se llevó adelante una “Maratón Verde” de la que participaron personas de 13 años en adelante. La competencia tuvo distancias de 4 y 8 kilómetros y corrieron 200 competidores, que se llevaron medallas y bolsas de tela con mensajes e ideas para seguir sumando personas al trabajo arduo de cuidado del ambiente y conocimiento de lo que nos rodea.

Experiencia, contacto y esperanza

El Centro de Convenciones de Concordia se vio colmado de escuelas, organizaciones y particulares que decidieron ir a conocer los trabajos de feria y llevarse aprendizajes de las charlas. La actividad no pasa desapercibida, pero para que esto suceda el trabajo debe ser constante y casi sin descanso.

Martín Armanazqui, coordinador general de la Unidad de Desarrollo Ambiental y Administración de Campo del Abasto (Udaapa), habló con Mirador Entre Ríos y contó: “Este año tuvimos 60 stands de feria, que son los trabajos de investigación de distintos niveles educativos. Contamos, en esta edición, con expositores desde la edad del nivel inicial hasta alumnos del nivel universitario y de hecho el viernes hubo una jornada de robótica que hacen chicos de la universidad y lo relacionan con cuestiones vinculadas al cuidado del ambiente. Año a año proponemos una temática en particular y este año fue la robótica desde un punto de vista ambiental”.

—¿Cómo es el trabajo previo? ¿Cuánto tiempo trabajan para lograr la feria?

—Trabajamos durante todo el año, cuando termina la feria para nosotros no se termina el trabajo, sino que aprovechamos y empezamos a pensar en la edición que viene. Hacemos un balance, vemos lo que salió bien, nos damos cuenta de qué cosas podemos corregir y casi sin descansar empezamos a esbozar lo que serán las actividades de la próxima exposición. Claramente queremos ir siempre por más, nos entusiasma poder seguir poniendo un granito de arena, pero es un trabajo que lleva mucho tiempo y que suma a muchas partes que están en actividad constantemente para que todo salga cada vez mejor.

Afortunadamente tenemos una red de escuelas sustentables que trabajan todo el año en los proyectos a nivel local y también tenemos otros grupos de distintos puntos de la provincia y el país que están en la misma sintonía, así que son muchísimas las personas que se toman en serio este camino que emprendimos.

—¿Cómo logran el contacto internacional?

—Trabajamos con la ONG ambientalista Luz del Ibirá que hizo crecer esta feria, que pasó a ser internacional porque ellos trabajan en clubes de ciencia, participan en eventos internacionales y eso nos da acceso al contacto con otros países. Particularmente en esta edición tuvimos participantes de México, Paraguay, Brasil y Uruguay que vienen a traer experiencias de sus lugares y enriquecerse con nuestros trabajos. Además la presencia de estas personas, que también organizan exposiciones parecidas, nos da la chance de que los expositores ganadores de esta feria puedan viajar y hacer presentaciones e intercambios fuera de la Argentina.

—Las instituciones trabajan durante mucho tiempo para exponer ¿Cómo es el contacto con el público durante la muestra?

—Realmente la convocatoria es importante. Tenemos siempre horarios pensados para que sobre todo las escuelas puedan visitar los stands de ferias como los institucionales, con organizaciones que incluso muestran qué carreras pueden estudiarse para seguir en colaboración con el lugar que compartimos.

También hubo talleres muy enriquecedores, que son llevados adelante por personas que forman parte de ONGs, profesores, profesionales que justamente vienen de otros países o de otras ciudades. El público que viene es muy heterogéneo, muy variado, por eso nosotros tenemos un abanico de posibilidades, para tratar de colmar las expectativas de todos los que se acercan. Es una oportunidad para generar un cambio de conciencia y no podemos dejarla pasar.

—¿Hay escuelas que no forman parte del grupo pero que se muestran interesadas por hacerlo?

—Sí, hay muchas escuelas que incluyen la educación ambiental y eso nos parece muy bueno, porque muchos chicos van creando hábitos y haciendo que todos a su alrededor los repliquen. Este año tenemos niños de una escuela primaria que hablan en la feria sobre el reciclado de juguetes y llegan por ese lado a sus pares. A la vez, alumnos de secundaria decidieron también hacer trabajos en exteriores, en lugares reconocidos de Concordia, y mostrar cómo se pueden ir creando algunos objetos con materiales reciclables. Hay otros que no forman parte pero nos hacen llegar sus trabajos y tratamos de incentivarlos para que se sumen y vean lo lindo que es exponer e intercambiar en un evento internacional.

Cuando ves cómo naturalizan los chicos los aprendizajes sobre el cuidado ambiental se genera confianza y esperanza en que esto puede cambiar y en que quizás el esfuerzo que se hace en este momento lleve a que las generaciones que tienen el futuro en sus manos logren que se reduzca la contaminación y se entienda la importancia de cuidar el espacio común.

—De cara al futuro ¿Qué esperan de la feria?

—Particularmente espero que todo esto tenga continuidad, que trascienda gestiones, gobiernos y agrupaciones y que siga siendo un evento convocante, porque eso significaría que el camino recorrido es el correcto y que queda mucho por compartir, transmitir y aprender. Afortunadamente la gente responde, suma, genera intercambios y eso hace que todo se mueva y crezca. Es importante poder seguir avanzando y generando también desde Udaapa nuevas ideas, para sumar a las que se trabajan como los programas de basura cero, plan de reducción de bolsas, reciclado, motocarros para erradicar la tracción a sangre y muchas que seguramente se podrán trabajar de cara al futuro.

La emoción de los impulsores

La ONG Luz del Ibirá fue parte fundamental del comienzo de la feria de ciencias. Desde una escuela pública, la nº 23 República Oriental del Uruguay, decidieron sacar los chicos del aula para ver la realidad “de otra forma”. “Salimos a ver lo que nos rodeaba y empezamos a entender la naturaleza estudiándola, hemos aprendido los alumnos y los profesores, hemos podido realizar proyectos de vanguardia y terminamos convirtiéndonos en una organización”, contó Mariana Acosta, integrante de la agrupación.

“Para nosotros es una explosión de energía el cómo reciben los chicos venir a la feria y encontrarse con los proyectos de exposición que hay adentro, que son de alta calidad según los evaluadores y que han dejado con la boca abierta incluso a los ingenieros de la facultad que recorrieron este lugar”, mencionó.

En los comienzos, si bien esperaban la respuesta del público porque la feria era en la plaza central, no imaginaron que el evento podía crecer de la manera en que lo hizo. “Nunca imaginamos que esto podía crecer así, lo soñamos, pero no imaginábamos algo como lo que sucede. Nosotros empezamos de a poco. Antes igualmente era internacional porque, aunque no había venido gente de otro país, acá se conseguían pases para exponer de manera internacional y establecimos convenios, por los que hoy sí llega gente de otro lado”, expresó Acosta y acotó: “Concordia tiene estas cosas que hacen que resalte de manera regional y a nivel latinoamericano”.

La feria internacional sobresale en Latinoamérica porque es la única feria exclusivamente de ambiente que existe en la zona, por eso el intercambio resulta enriquecedor y desde la organización resaltan ese detalle con orgullo.

Este año, las jornadas de intercambio concluyeron el pasado viernes, con exposiciones de robótica ambiental y educativa, y la decisión de incluir esa temática tiene un porqué. “Es algo que se está trabajando en las escuelas en forma preliminar, pero queremos incentivar el trabajo de la robótica ligada sobre todo a los problemas ambientales. Hemos tenido la suerte de visitar otros países en los que los chicos tienen un avance en ese sentido y trabajan con drones que tienen sensores, pueden mirar la contaminación en agua, tierra y aire en lugares inaccesibles. Por eso la robótica termina siendo un estímulo para proyectos de ese estilo y por eso pareció importante mostrar esa parte”, aseguró.

Por último, Acosta, en coincidencia con el coordinador de la Unidad Ambiental, sostuvo que el trabajo del cuidado del ambiente no da descanso. “Esto concluye, pero los trabajos no paran. Nosotros siempre tenemos algo para hacer. Hay muchos proyectos como la Escuela de Formación Agroecológica, que esperamos poder llevarla a plano físico cuanto antes, con ayuda de quienes quieran colaborar”, finalizó.


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