Martes 23.07.2019 | 19:13 hs


23-06-2019 / Un viaje al peor desastre nuclear de la historia

Chernobyl: “la ciudad fantasma”, desde adentro

Jano Colcerniani, actual fotógrafo oficial del Gobierno de Entre Ríos, estaba en Europa aquel 26 de abril de 1986 cuando explotó un reactor. En el último año visitó en dos oportunidades uno de los lugares más radioactivos del mundo. En diálogo con Mirador Entre Ríos contó sus experiencias y compartió parte de su trabajo en la zona de exclusión.

Sebastián Casse | redaccion-er@miradorprovincial.com
@SebaCasse

El 26 de abril de 1986 en la localidad de Chernobyl, hoy norte de Ucrania y en ese momento dominio de la URSS, ocurrió el peor desastre nuclear de la historia. Durante una prueba de seguridad fallida explotó el cuarto reactor de la planta liberando un nivel de radiación 500 veces mayor que el histórico hongo producido por la bomba atómica sobre Hiroshima.

Dos trabajadores de la central murieron durante el accidente, y otros 28 operarios y bomberos fallecieron poco después por los efectos de la contaminación. El número de muertos por cáncer podría llegar a 4.000. Sumado a los trastornos causados por el traslado de más de 150 mil personas y el miedo a la enfermedad que han generado otros riesgos para la salud, entre ellos, depresión y alcoholismo.

A propósito de la exitosa miniserie de HBO que narra lo sucedido en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, que se convirtió en la mejor valorada en el portal especializado IMDb (el más popular y autorizado del mundo para contenido de películas, TV y celebridades), Chernobyl se volvió un furor tanto para curiosos, turistas y corresponsales de medios de comunicación.

Entre los muchos visitantes que se acercaron en las últimas semanas a la “ciudad fantasma” —visitas que crecieron entre un 30 y un 40% desde el estreno de la ficción—, se encuentra Jano Colcerniani, un fotógrafo que nació en Buenos Aires, se crió en Santa Fe y hoy vive en Paraná y trabaja como fotógrafo del gobierno provincial. No obstante, no se trata de un curioso más, ya que en el momento de la explosión estaba en Europa y, si bien se encontraba a más de 2000 km, vivió en carne propia la tensión en el continente.

Desde Kiev, la capital de Ucrania, el reportero gráfico dialogó con Mirador Entre Ríos y recordó cómo se enteró del desastre y sus experiencias en el lugar con más radiación en el mundo.

—¿Dónde estabas el 26 de abril de 1986?

—En el norte de Finlandia. Pero me fui rápido porque casi toda la gente contaba que había ocurrido un problema y yo no entendía que era todo eso. Hablaban de una central atómica y que venía radiación. Era verano y había mucha gente de vacaciones que salía despavorida. Me quedó grabado para siempre.

El 26 de abril estaba en Finlandia y el 1º de mayo entré a Alemania. Nunca me voy a olvidar que cuando pasé Dinamarca, los alemanes nos tomaban uno por uno la radiación y yo no entendía nada. Me explicaban que si alguno venía contaminado te hacían un tratamiento. Después sí estuve mucho tiempo averiguando y leyendo lo que había pasado.

—¿Por qué estabas en Finlandia?

—Porque siempre, desde los 18 años, viajé y en esa época conocí todos los países del norte de Europa. A Finlandia había ido porque quería conocer el Círculo Polar Ártico y la ciudad de Rovaniemi es la más famosa por donde pasa y tiene la característica que ahí dicen que vive Papá Noel. Entonces es muy turístico.

—¿Del desastre cuándo te enteraste?

—Cuando estaba volviendo. Ya el 1º de mayo después de que entré a Alemania le pregunté a la gente y ya sabían. Pero yo no comprendía que era algo tan malo, pero sí que de una central había salido radiación para arriba y las nubes habían ido para el norte de Europa. Más de eso no sabía. Nos recomendaban volver a Europa que era más seguro y no quedarse en el norte de Ucrania.

— ¿De energía nuclear no tenías ni idea?

— No, nada que ver. Me llamó la atención que me pasen el ‘aparatito' ese y me marcaba 0,3, que era normal.

Viaje a la zona de exclusión

—¿Cuándo fuiste a Chernobyl por primera vez?

—El año pasado. Ya había averiguado en otros viajes y no se podía o era muy caro. Ahora está un poco más popularizado. Sin embargo, tenés que tener un permiso y sí o sí ir con una agencia que te lleva hasta los 30 kilómetros -el límite- y ahí tiene que subir un guía y él se hace cargo de todo el grupo. Siempre son 12 o 14 personas, no pueden ser más y todo bajo la mirada y el control de militares ucranianos. Me contaban que ellos y los coordinadores trabajan dos días y les dan 15 libres por la radiación que hay en el lugar.

La primera vez que contraté la excursión fue parte de un viaje grande que hice por Europa y en esta oportunidad vine con mi esposa.

— ¿Qué fue lo que más te impactó?

—Yo sabía mucho de Chernobyl. Estaba desesperado por llegar al famoso parque de diversiones que se iba a inaugurar el 1º de mayo de 1986 y nunca llegó a concretarse. Quería ver la famosa rueda, que para mí era “la” foto que describe el desastre.

Después quedé perplejo cuando vi la escuela o el club. Pripyat era una ciudad súper moderna para ese año: tenía una pileta olímpica en el segundo piso del club y la cancha de básquet en el tercero, por ejemplo. Me llamó mucho la atención lo que era el teatro. Como toda ciudad soviética, las veredas son amplias y las calles tienen 50 metros de ancho. En la cancha de fútbol hay árboles gigantes, no sé cómo pasó.

A todos lados la gente lleva los contadores Geiger y si te vas del cemento a la tierra sube la radiación. Si pisás, te queda en la zapatilla. Yo varias veces hice tres pasos para un costado para sacar una foto y les decía a los demás que no pasaba nada. Pero cuando termina la excursión y llegás a los 30 km, te bajan del colectivo y los militares te hacen entrar en unas casillas donde te escanean entero. Si sale verde o amarillo, se abre la puerta y vas a la salida, si sale rojo, volvés para atrás. Pero la mayoría lo tiene en la ropa. Te hacen tirarla y tienen de todo para comprar ahí. A mí me salió amarillo por las zapatillas.

— ¿A qué distancia estuviste de la central?

— La central está cerca. Te llevan hasta un monumento y la ves desde 200 metros. De ahí podes ver todo el sarcófago —una estructura que encerrará los residuos nucleares más peligrosos del mundo por 100 años—. Te cuentan que Rusia no tenía la capacidad económica ni de inteligencia para hacerlo, entonces se hizo una unión entre 44 países porque fue catalogado como un desastre mundial.

— ¿Volverás alguna vez más?

— Por mí no volvería. Solamente si trajera a algún hijo o un amigo que quiera que lo acompañe. Porque muchos sienten miedo pero para mí no es peligroso.

El furor tras la serie

—¿Este año viste más turistas que en 2018?

—Sí, fundamentalmente por la serie. Si no reservás 15 días antes, aparte de que el precio sube, no hay lugar. La anterior vez que vine llegué un domingo a Kiev, me puse a averiguar y conseguí para el lunes a la mañana. En cambio, ahora sí hay muchos turistas porque Chernobyl se ha vuelto muy famosa y la gente descubrió que se puede ir.

—A raíz del furor se generó polémica por los turistas que se sacan fotos alegres en el lugar donde ocurrió la mayor tragedia nuclear de la historia.

— Podés sacarle una foto a la tragedia, pero vos posando y sonriendo, no va.

— ¿Qué te pareció la serie?

— Me gustó muchísimo. Aprendí y me imagino que fue muy cercano a la realidad.

“Quedé perplejo cuando vi la escuela o el club. Pripyat era una ciudad súper moderna para ese año: tenía una pileta olímpica en el segundo piso del club y la cancha de básquet en el tercero, por ejemplo”.

Jano Colcerniani,
fotógrafo.


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