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04-08-2019 / Artesania

Daniel Bravo: estirpe pura de plateros entrerrianos

Representante de una tradición familiar que se remonta a mediados del siglo XIX, es el maestro artesano más joven de una historia que enlaza a cinco generaciones. Estuvo en Paraná para presentar una exposición de trabajos por el 40º aniversario del Mercado y Museo de Artesanías “Carlos Asiaín”.

Carlos Marín
redaccion-er@miradorprovincial.com

La familia Bravo es, en el panorama de la platería en la provincia, una marca con peso propio. Su nombre es sinónimo de maestría en el manejo de un oficio cuyos antecedentes, en este caso, se remontan a mediados del siglo XIX, cuando los integrantes de esta familia realizaban piezas para Justo José de Uquiza.

Un siglo y medio después de aquella época en que sus antepasados se acercaron al conocimiento de técnicas y estilos, Daniel Bravo continua esa senda que, como legado familiar, ha pasado de una generación a otra. En su taller de San José (Departamento Colón), este entrerriano de pura cepa, da rienda suelta a su creatividad.

Convocado por el Mercado y Museo Provincial de Artesanías “Carlos Asiaín”, el platero estuvo en Paraná para presentar su muestra en homenaje al 40º aniversario de la institución. “Tengo 47 años y desde los diez estoy con este oficio. Sigo aprendiendo cada día, que es lo apasionante de esto, porque siempre queda algo para conocer”, aseguró el artesano.

“Provengo de una tradición de transmisión de padres a hijos”, agregó. Es que para esta familia se hizo un compromiso continuar con el oficio que es parte de la historia de la provincia “porque los inicios de este oficio en Entre Ríos están ligados al General Justo José de Urquiza”.

Fue Urquiza quien decidió formar las escuelas de arte y oficio y dio la oportunidad que el trabajo de platero cobrase vuelo en la provincia. Para ello Urquiza trajo a la provincia destacados exponentes, como Pablo Cataldi, que no sólo acuñaba la moneda sino que también desarrolló el oficio y lo transmitió.

Desafío

“El tiempo pasó y oficios de este estilo se van perdiendo. Por eso la preocupación que uno tiene en cuanto a que se siga transmitiendo”, reflexiona Daniel Bravo. Y admite que hoy “no es fácil entusiasmar a alguien joven a iniciar un oficio en el cual en el mercado actual tenemos una competencia desleal no sólo desde lo económico –cuando hay piezas que se realizan en forma industrializada– sino también que competimos contra la falta de conocimiento, de cultura, de saber de qué se trata un oficio tradicional”.

–¿Cómo podría pensarse entonces el desarrollo y la proyección del trabajo en platería en Entre Ríos y en otras regiones del país?

–Pienso –acepta el platero– que las costumbres y las tradiciones son lo que han marcado siempre la utilidad de este tipo de elementos. Si bien hoy por los costos, las piezas que realizamos han pasado a ser onerosas, creo que tiene que entenderse que aquel que tiene en las manos una pieza de platería, posee un objeto con una importancia que va más allá de la funcionalidad que se le da en el uso. Por ejemplo si pensamos en el mate, podemos tomarlo igualmente con una bombilla hecha en plata o con boquilla de plata y con una bombilla de acero inoxidable. Entre una pieza y otra, en su confección, en su diseño, en ese valor agregado puesto en el artesano en esa pieza que es única por sus características, radica la diferencia entre lo artesanal y lo masivo; y en poder proyectar el oficio a futuro o que desaparezca.

En este punto el artesano enfatiza que es necesaria la presencia del Estado para promover y acompañar la tarea de los plateros y el desarrollo de su oficio. Pero también, añade, “tiene que existir la disponibilidad de quienes hoy tenemos el oficio para poder –en conjunto– transmitir y hacer conocer de qué se trata una pieza artesanal”.

Y plantea una advertencia: “Cuando hablo de mantener el oficio, me refiero a ese que nos caracteriza, que nos pertenece, que nos ha marcado y se ha generado desde Entre Ríos. Hoy uno puede ver cómo maestros de otros estilos se encuentran en la provincia enseñando platería. Y creo que, desde el Estado, habría que tener un poco de cuidado para saber que lo que se está generando no son plateros entrerrianos; son plateros que viven en Entre Ríos, pero que están haciendo otros estilos. Y eso, entiendo, no forma parte de nuestra historia, del patrimonio cultural de la provincia”.

Formación

–Elaborar una pieza exige mucha destreza y conocimiento ¿Qué habilidades tiene que tener un buen platero?

–El oficio conjuga muchas técnicas. Desde la fundición, cuando se obtiene el lingote; luego la laminación; posteriormente el armado que implica la soldadura, en mi caso en plata y que yo fabrico, y que es un arte en sí mismo. También el pulido, el burilado, el cincelado. Este último punto es el que le confiere el ornamento a la pieza y la hace diferente respecto a las características que tiene la platería de otras regiones. Otra de las técnicas de fundición que empleo es el vaciado a la cera perdida y algunos engarces.

En verdad son muchas las técnicas que se ponen a disposición de la elaboración de una pieza. A veces no se emplean todas. A veces sí. Pero hay que aprender y manejar todas para poder desempeñarse en el oficio.

También en este trabajo está el costado artístico, en cuanto al diseño, el cincelado. En ese sentido, la base para desempeñarse está en aprender dibujo, asistir a una escuela de arte para poder manejar las herramientas como corresponde. En mi caso lo aprendí desde gurí en el taller familiar, por prueba y error, en el día a día. Eso me posibilitó mejorar con cada pieza. Y puedo decir que tengo la suerte de contar con la experiencia de cinco generaciones anteriores que me ayudaron en mi camino.

–¿A qué edad comenzó a realizar sus primeros trabajos en el taller?

–Tengo 47 años y desde los diez estoy con este oficio. Sigo aprendiendo cada día, que es lo apasionante de este oficio, porque siempre queda algo para conocer.

Los primeros pasos fueron para ayudar a mi padre en las primeras cuestiones del oficio. A veces, en el taller, simplemente era un espectador de lo que hacía mi padre. Luego empecé a dar los primeros golpes sobre el metal y conocer su ductilidad, y la dureza y maleabilidad de distintos tipos de material. Y de a poco se avanza. Se empieza a soldar, a armar piezas. Primero con ensayos en metales, plomo, bronce y luego se pasa a la plata. En el diseño se empieza con pequeños bosquejos, ensayos, cosas chicas. Muchas piezas que uno ha hecho en esa etapa terminan fundiéndose para volver a hacer otras piezas.

–¿Qué aspectos definen la identidad de la platería hecha en Entre Ríos? ¿Puede considerarse que hay diseños que son típicamente entrerrianos y otorgan esa identidad a las piezas en el momento del cincelado?

–Sí. Diría que es el estilo propio del Litoral; muy parecido al que trabajan en la República Oriental del Uruguay. Nace de una mezcla del Barroco, proveniente de los maestros italianos que trajo Urquiza, al que se suma el Rococó, por los maestros plateros portugueses que llegaron de Brasil. Y esa mezcla ha formado lo que conocemos como estilo de la provincia, con sellos característicos –ornamentos, dibujos– que son propios de la platería entrerriana.

En el taller

–¿Cuántas horas dedica diariamente a esta tarea?

–Por lo general, la regla la establece el trabajo en marcha. Dedico el tiempo que la pieza necesite para su terminación. Trabajo a pedido, por encargues. Y por lo general con tiempo determinado para entrega. Así que como mínimo estoy en el taller de 8 a 12 y de 14 a 20. Pero si eventualmente hay que agregar alguna hora más de trabajo, lo hago sin problemas.

–¿Le costó desprenderte de una pieza alguna vez? ¿Cuál es la satisfacción más grande que le brindó este oficio?

–Me inicié haciendo trabajos para otros. Por eso la mayor satisfacción en este oficio es que el cliente se muestre complacido con la pieza que ha podido adquirir. Cuando uno ve en la cara del comprador la satisfacción porque se encuentra con lo que había pedido, la gratificación es inmensa.

–En este aprendizaje diario del oficio ¿Cuándo se siente desafiado?

–Las piezas que me desafían son aquellas que a uno lo sacan de lo que conoce. Por ejemplo las que obligan a crear herramientas nuevas para poder trabajarlas, sea por el armado, por su forma.


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