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09-09-2019 / De gira por Europa, con Barboza y Spasiuk

González hace música mientras en ella se deshace

Apenas volvió a pisar suelo argentino, el guitarrista gualeyo Nardo González dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS sobre la gira “Chamamé Yeroky Ñeemboé”, de dos grandes maestros del acordeón: Chango Spasiuk y Raúl Barboza.

Sabina Melchiori
redaccion-er@miradorprovincial.com

“Chamamé Yeroky Ñeemboé” significa “una oración que se baila”, expresión que alude a la forma de manifestarse de ésta música folclórica del noreste argentino (también del Paraguay y del sur de Brasil). “Es la música de la cultura, y la cultura nuestra está signada de mitos, leyendas y saberes populares que determinan una música de tradición oral. La fuerza de las creencias hace que el chamamé sea entendido como un rezo que se baila”, explica magistralmente Nardo, a pocas horas de haber finalizado parte de la gira Europa 2019, de los acordeonistas Chango Spasiuk y a Raúl Barboza, junto al percusionista Marcos Villalba. Tocaron en ciudades como Lagorce, Tulle y Lyon. En cada sitio la recepción fue maravillosa y ha sido tanto lo que dejaron como lo que se llevaron de recompensa.

El chamamé lejos del litoral

–¿Qué produce el chamamé tan lejos del litoral argentino? Qué te genera tocarlo y qué percibís en el público? ¿Hay alguna diferencia entre tocar acá, por ejemplo, Merceditas, y tocar ese tema en Francia?

–La música es el lenguaje del colectivo humano y su cultura, sonando. El hecho de tocar en lugares tan diversos como Francia, en este caso, agiliza la dialéctica sonora, esa comunicación que excede las fronteras, las banderas, que hace que la música seamos todos en una unidad. Cada quien reproduce sus emociones en cada paisaje interno. Cuando tocamos contamos de nuestro río entendemos que cada persona tiene su propio río interno, ó su orilla. Cuando contamos historias de nuestra gente también el público es nuestra gente.

La recepción que hemos tenido es maravillosa. Cuando tocamos chamamé en Europa se escucha chamamé, está la magia, la ceremonia y sobre todo el misterio que lo sostiene, ése sonido del monte a la siesta, o del río corriendo manso pero con fuerza.

Con Raúl hace cerca de 15 años que tocamos juntos, sé que él viene tocando el chamamé hace más de 30 años por Europa. No sé bien desde cuándo anda el Chango pero no anda lejos de ese tiempo.

La vocación musical

–¿Desde cuándo sos músico, cuándo empezaste a sentir que ese "título" te sentaba bien?

–No sé realmente desde cuándo soy “músico”. Lo que sé es que la música siempre estuvo en mí desde antes de encontrarme con un instrumento. Mi primer instrumento fue la guitarra, luego toqué mucho el bajo eléctrico integrando formaciones maravillosas como El molino, Los músicos de la Chacra, Magma… y desde hace unos años volví con la guitarra que es el instrumento que toco en ésta última gira por Europa.

A ver, el título de “músico” es algo que yo no lo puse, me lo dio la gente que desde los once años escucha a través de la música los latidos de mi corazón; dicho de otra manera, desde que cuento la historia de mi lugar y la mía, con la música.

–¿Te sentís a gusto con el camino recorrido?

–Siento que hacer música es una construcción inacabada y eso es precisamente lo que más me convoca de este maravilloso arte. El movimiento del mensaje hacia el significado, desde y hacia la emoción es el camino y mi destino.

Creo en el amor como “ese traspaso del ser, como se da una flor, en el nivel de los niños” que describió Juan L. Ortíz, (otro referente ineludible en mi vida). Por momentos no sé si yo hago la música o la música me hizo a mí. ¡Mirá si será importante este lenguaje!

–¿Qué es lo que sigue?

–Con el Ensamble de UADER vamos a estar presentándonos en octubre en los festejos del 40 aniversario de la escuela “Celia Torrá”, de Concepción del Uruguay. En noviembre continúa la gira por Europa con Barboza y Spasiuk, donde se agregan varias ciudades. En diciembre, a partir del 8, estaremos con Barboza ya por Argentina encarando la temporada de verano donde nos presentaremos en los festivales más importantes del país.

–¿Y en lo personal?

–Mi proyecto es continuar haciendo música con Raúl Barboza, tocar en grupo mis canciones, enseñar y compartir la experiencia de la música.

Mi sueño es la felicidad de la humanidad, que seamos mejores personas, nos superemos, sin distinciones y que la música lo haga posible.

Aquel niño llamado Nardo

A los 11 años, Nardo tocaba la guitarra y con ese instrumento participó de un pequeño concierto de música clásica en Gualeguay, ciudad donde nació y creció. También solía tocar en las orquestas de baile donde aprendió “en la cancha” la música folclórica, pasodobles, chamamés, foxtrot y todos los géneros que “había que saber” para los bailes de campo y clubes.

Luego empezó a explorar la cancionística del rock nacional, del folclore argentino y de la música latinoamericana participando en diversos grupos.

A los 15 conoció el bajo eléctrico y con ése instrumento (el mismo bajo que hasta el día de hoy conserva) tocó muchos años. 

Nardo se siente un privilegiado por haber aprendido de grandes personas, referentes y maestros en la música: Cary Pico, Carlos Aguirre, Ramiro Gallo, Litto Nebbia, Emilio del Guercio, Raúl Barboza, Chango Spasiuk, entre otros.

Hoy, además, desarrolla su actividad musical como docente-músico en la UADER (Universidad Autónoma de Entre Ríos). En la carrera de Música dirige un Ensamble de Música Popular, donde han podido implementar una nueva Línea Académica basándose en que la música es “la música de la cultura, creando nuevos dispositivos pedagógicos y didácticos para darle un anclaje académico a la música popular”. 

Se define como un músico que toca y un músico que enseña (entendiendo enseñar como poner señas en un camino para que el otro lo recorra).

Una gira que es un regalo

La siempre diversa agenda de Chango Spasiuk incluye este año una gira por festivales europeos junto al legendario chamamecero Raúl Barboza, en una actividad que el también acordeonista presenta como “uno de esos tantos regalos que me da el camino”.

“Estoy muy contento de que Raúl haya aceptado este encuentro porque nadie me lo va a contar. No va a estar en mi boca la frase 'me hubiera gustado hacerlo'”, señala Spasiuk sobre el tour que se inició en junio, está en pausa y se retomará desde finales de octubre hasta el cierre de 2019.
El misionero que el próximo 23 cumplirá 51 años confiesa que “a Barboza lo llamé yo cuando cumplió 80 años para hacer en Europa lo que hicimos tantas veces por la Argentina y estamos tocando en cuarteto con Nardo González y Marcos Villalba en festivales muy hermosos”.

Spasiuk considera que este lanzarse a sonar “tiene que ver con que nací rodeado de una tradición y me toca caminar el mundo con esto y lo hago lo mejor que puedo porque básicamente tengo que encontrar mi lugar, mi voz, mi respuesta”.

Y para reflexionar acerca de esa pulsión, puntualiza que “el mundo no necesita lo que yo hago y me va a olvidar pronto y eso es bueno saberlo y recordarlo todos los días porque de alguna manera es liberador, pero yo sí necesito esto para entender el mundo y cuál es mi acción dentro de él”.


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