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13-10-2019 / Brotes de esperanza

En Concordia transformaron el basural del barrio en una huerta comunitaria

Vecinos de un sector popular concordiense se unieron con un profesional y con la Municipalidad para trabajar en un terreno que estaba lleno de basura. Lograron convertirlo en un espacio que genera actividades y provee de alimentos a la comunidad. Quieren seguir trabajando y servir de ejemplo para que la acción se replique.

Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com

Cinco familias que viven en el barrio Cipo de Concordia decidieron cambiar la realidad y mejorar un espacio por el que pasaban a diario. Un terreno vacío que era utilizado como basural fue el escenario perfecto para materializar un proyecto que tenían en mente y, con ayuda de un ingeniero agrónomo y de la Municipalidad lograron concretarlo.

La cara del lugar cambió. Allí, en ese baldío al que los camiones o carros tirados por caballos llegaban a descargar bolsas de consorcio, ahora hay una huerta que une a quienes quisieron llenar de verde la tierra. Lo que primero fue una semilla ahora está transformado en un brote, en una planta que llena el alma y el estómago de familias. “Es lindo ver el fruto del trabajo y saber que valió la pena al comerlo”, comenta una de las vecinas mientras sonríe.

Actualmente, en Concordia solamente se produce el 10 por ciento de su consumo hortícola, pero intentan llegar al ejemplo de la vecina ciudad uruguaya de Salto, en la que existe un autoabastecimiento total. Para eso, desde el municipio intentan crear un proyecto que toma de ejemplo lo que hicieron en el barrio Cipo con la recuperación de un espacio de tierra fértil.

Al respecto, el intendente Enrique Cresto adelantó: “Estamos trabajando en un proyecto de ordenanza que estará destinado a que quienes tengan terrenos ociosos puedan entregarlos en comodato a organizaciones sociales a través de la Municipalidad, accediendo a algunos beneficios y permitiendo que muchas familias puedan emprender huertas comunitarias para el consumo familiar, pero a su vez para la comercialización”.

Con el puntapié inicial hecho por quienes hoy tienen su espacio, el crecimiento de la propuesta parece encaminarse de manera correcta.

Crecimiento en comunidad

Las familias del barrio que decidieron apostar a erradicar la basura y generar un espacio que les permitiera crear y alimentarse sienten que la experiencia en conjunto significa un avance ejemplificador para un lugar que parecía olvidado.

Federico Niz, que vive en el barrio e integra la Corriente Clasista y Combativa (CCC), es uno de los que formó parte del trabajo de transformación. En diálogo con Mirador Entre Ríos destacó: “Es un orgullo para nosotros lo que logramos y nos sentimos felices porque todo se dio gracias al esfuerzo que ponemos día a día para seguir creciendo”.

“Los integrantes de las familias que trabajamos en este proyecto somos representantes de una organización social. Nosotros cobramos planes, pero nos gustaría que sepan que nosotros trabajamos y hacemos valer lo que tenemos. Queríamos empezar la huerta e invertimos parte de nuestros planes para comenzar y ejecutar. Luego llegó una ayuda municipal que también nos dio el último envión”, comentó y agregó: “Ahora son cinco las familias que trabajan en la huerta comunitaria que tenemos, pero queremos seguir creciendo y que se sume más gente”.

El barrio está en la zona norte de la ciudad. Varias veces fue noticia por hechos de inseguridad, pero quienes viven allí desean cambiar esa realidad y empezar a ser noticia por las cosas buenas, tanto que además de compartir la producción que logran en la huerta, intentan ayudar desde temprano a los más chicos “para que no se acerquen al peligro”.

“Además de la huerta tenemos una escuelita de fútbol que se llama ‘Ni un pibe menos por la droga'. Allí juntamos a 25 pequeños los lunes, miércoles y viernes durante la siesta y también armamos campeonatos en los que participan los chicos de todas las edades”, contó Niz.

Las ganas de salir adelante y de generar espacios para compartir y crecer en conjunto hacen que los sueños de un barrio se transformen en modelo a seguir. “El trabajo que hacemos es silencioso, pero ya estamos hablando con personas de otros lugares para que intenten salir adelante con las mismas herramientas. Cuando algo sale bien hay que compartirlo”, concluyó el representante de la CCC.

Tener la chance de cambiar esa realidad y encima poder alimentarse y vivir de eso abre un panorama que da muchas posibilidades

Gabriel Zubizarreta
ingeniero agrónomo


Plantar y cuidar, una posibilidad de integración

El proceso de plantación en el barrio Cipo fue apoyado por el ingeniero agrónomo Gabriel Zubizarreta, quien trabaja en la Subsecretaría de Agricultura Familiar y fue quien dio las capacitaciones a las familias que erradicaron el basural.

“Esta huerta es una de las que he acompañado. Hay algunas otras del programa Educando en Movimiento y huertas que se hacen en escuelas o en la Unidad Penal que son terapéuticas y educativas”, contó y especificó: “En el caso de la huerta que está en donde era un basural, fue hecha por chicos que tenían alguna noción y que avanzaron rápido. Además ellos pueden comer de allí e incluso comercializan productos a una verdulería”.

—¿Notás que además de aprender para comer hay gente preocupada por recuperar espacios?

—Lo más alarmante es que la gente lo hace por una necesidad, porque los costos son muy elevados. Por cuestiones culturales a veces mucha gente no incorpora frutas o verduras a sus dietas y eso hace que haya consecuencias, así que el cambio es positivo por donde se lo mire.

Hay un grupo de gente que sí lo hace para recuperar espacios porque quieren mejorar su calidad de vida. Imaginate lo que es estar inmerso en un basural. Tener la chance de cambiar esa realidad y encima poder alimentarse y vivir de eso abre un panorama que da muchas posibilidades. Afortunadamente en el caso de barrio Cipo tenían ese terreno que se tomaron el trabajo de limpiar, pero hay otros en donde están buscando el espacio y la idea es poder hacer huertas en terrenos en los que hay basurales a cielo abierto porque resulta altamente nocivo para la comunidad que existan estos espacios, son muy contaminantes.

—¿Qué beneficios se obtienen al tener una huerta de este tipo?

—Los beneficios son muchos. Lo que más se percibe es el hecho de tener acceso a una alimentación mucho más sana porque cada uno produce y sabe porqué procesos pasó el alimento. También es terapéutico y educativo, y es por eso que hay que tratar de incorporar a los niños y las personas que puedan tener algún problema, porque es un trabajo totalmente integrador. Al estar en contacto con la tierra y con el agua la mente se mantiene ocupada y concentrada, por eso es tan recomendable esta actividad.

En algunos casos hay personas que comienzan con la huerta como un pasa tiempo y luego comienzan a vender las verduras, o incluso hacen trueque con otras personas que puedan tener algo de su interés así que también sacan un rédito. A veces quienes empiezan pensando en poder tener una buena alimentación terminan generando una ayuda a la economía familiar.

—¿Cómo puede hacer una persona que quiera sumar una actividad así a su comunidad?

—Cualquier persona que tenga esas intenciones tendría que hacerlo a través de algún referente de barrio, club, escuela o comedor. Siempre los lugares de referencia que hay en cada zona son justamente los puntos de encuentro para empezar con una actividad así.

Hay que tener en cuenta también que se necesitan algunas condiciones respecto del suelo, por eso son importantes las capacitaciones que se dan, que hay muchas gratuitas e incluso pueden ser dadas por personas idóneas que ya formaron parte de alguna huerta.

Creo que las huertas pueden ser incorporadas en cualquier lugar, porque son el semillero para generar una integración en la comunidad que es más que beneficiosa.

En ese baldío al que los camiones o carros tirados por caballos llegaban a descargar bolsas de consorcio, ahora hay una huerta que une a quienes quisieron llenar de verde la tierra.


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