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19-11-2019 / A solas

Marcelo Castaño: “Dibujar es lo que me mantiene vivo”

Rosarino, de la zona sur, polifacético, figura emblemática de las artes plásticas, Marcelo Castaño repasa la obra artística como reflejo de la condición humana.

Álvaro J. Marrocco
redaccion@miradorprovincial.com


En la zona sur de Rosario, anclado en la cortada Casablanca (ex pasaje Colorado) se encuentra el taller del polifacético artista plástico Marcelo Castaño. Este antiguo e inmenso galpón almacena infinidad de pinturas, retratos, grabados y dibujos que se asoman por todos lados. “Hay veces que vengo al taller y me siento en esta misma silla y pienso dos cosas, una es que no sé si lo que hago está bien, pero es lo que me mantiene vivo, y lo otro es ¡puta, cuántas boludeces que tengo, mis hijos van a hacer un gran asado con todo esto!”.

Docente jubilado de la facultad de Bellas Artes de Rosario, artista plástico y ex restaurador de las esculturas públicas de la ciudad; entre mate y mate, y en un extenso diálogo con Mirador Provincial, repasamos sus obsesiones, sus referentes y el sello de sus obras en la historia de la plástica santafesina.

Crítico y profundo, Marcelo Castaño narra historias con sus pinturas, describe lo que hay detrás de sus dibujos de sillas, flores, escobas, mujeres asomadas en balcones o posando semidesnudas, y tantos otros objetos que estimulan desde su coloratura.

Estudió en la Facultad de Humanidades y Artes, donde se especializó en escultura. “Recuerdo que estaba en el bar del hotel Riviera con un amigo tomando un café y me dice que me veía pasta de artista más que de abogado. Y resulto ser cierto, porque es mi cable a tierra”.

Un poco de historia
Errante con razón y causa, en 1976 (a raíz del golpe militar), se radicó en Brasil, donde vivió por dos años. Una década más tarde, estuvo viviendo y trabajando en algunos países de Europa, y más tarde se estableció un tiempo en Venecia para especializarse en restauración.

— Desde tu mirada artística ¿Cómo y quiénes estaban en auge en Rosario y la región en la década del ’70?
— En ese momento había de todo, pero principalmente pintura, ya sea figurativa, abstracta, geométrica. Estaban Eduardo Cerón, Juan Grela, Carlos Uriarte, Julio Vanzo, Miguel Ballesteros ¡Maestros de la pintura! En escultura estaban los hermanos Godofredo y Guillermo Paino, Luis Michelón, Aldo Rossi, Domingo Polichiso y otros que no recuerdo, y en dibujo Gregorio Ceballos, Julián Usandizaga.

Era una época convulsionada porque veníamos de los años 70, inclusive después del advenimiento de la democracia. Eran otros tiempos, nos juntábamos a cuestionar y a producir nuestras obras fuera del horario de clase, y también era una forma de aprender, porque otros ojos veían lo que uno no podía ver. Recuerdo una vez con mi socio, estábamos apremiados con el tiempo porque teníamos que terminar una escultura de 2.500 kilos de arcilla y de tres metros de altura y tuvimos que pagarle a los porteros para que nos abran la facultad y nos dejen trabajar en el mes de enero.

En la década del ’80 montaron una galería de arte con Guillermo Forcchino y Fernando Alcira, en calle San Lorenzo y Entre Ríos, se llamaba Buonarotti. Era galería y marquería, y les servía para promocionar su producción artística y darles empuje a los artistas que eran poco conocidos por la crítica de arte.

— Tus obras tienen una mirada ¿social, política o estética?
— El arte te permite escaparte de esos lugares. Por ejemplo, en la composición geométrica, uno puede romper un dibujo dibujando. Muchas veces los distintos lenguajes nos permiten construir otras cosas, por ejemplo escuchando tango, me pongo a jugar y a dibujar un bandoneón. Cuando murió Astor Piazzola, hice una muestra temática en una galería en New York con toda su simbología. Así y todo, si uno ve mis obras, todas tienen una mirada crítica contra aquello que devenga en injusticia.

— ¿Cómo fuiste cambiando las temáticas de tus obras a lo largo del tiempo?
— Una de mis primeras muestras llamada Desafinados, fue en el año 1985, y trabajaba sobre el lugar de los enfermos mentales en la sociedad. Allí recuerdo que la temática la habíamos sacado de un libro cuyo título era “Concierto para instrumentos desafinados”, éramos tres; Guillermo Forchino, Rubén Porta y yo.
En un trabajo académico de la muestra se puede leer: “Marcelo Castaño amplía el espectro de los ‘desafinados’ con los ‘desafinados sociales’, y tematiza los protagonistas contemporáneos de la marginalidad, los nuevos actores sociales, indicados generalmente por las víctimas (el Cristo obrero, las transparencias de crucifixiones prestigiosas, las inversiones y retroversiones), pero a veces también por los victimarios (las ratas, los carceleros invisibles, algún magistrado) y en algunos casos por símbolos de situaciones institucionales (la justicia vidente, la utopía encarcelada). Este anclaje semántico se acota además por referencias identitarias de clara estirpe nacional: el tango, el juego del truco.

Otras surgen de forma casual, por ejemplo hay una serie de grabados (busca entre la biblioteca y saca una serie de dibujos de curas, políticos, militares con caras de cerdos) que surgieron de forma causal”. Recuerdo que mi mujer estaba viendo televisión en una habitación de la casa y yo desde el estudio escuchaba las noticias y de acuerdo a lo que escuchaba iba dibujando.

— ¿Por qué cerdos?
— Porque al cerdo lo asocio con una persona deshonesta.

Cuenta que estuvo trabajando sobre unas pinturas coloridas y simples que surgieron a partir de una bronca que tuvo con algunos administrativos de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, y que lo llevo a hacer tres o cuatro dibujos por día para descargar la ira.

— ¿Cómo funciona el mercado del arte en Rosario y la región?
— En Rosario y la región, el mercado es muy mentiroso, porque hay curadores o críticos de arte que si vos sos amigo, te llevan a exponer a Buenos Aires o al exterior, entonces ¿Quién dice si esta obra vale más que otra? ¿Ellos están capacitados para decir si esta obra vale o no? Escuchaba a Ignacio Gutiérrez Zaldívar (coleccionista y curador rosarino), decía que Picasso fue Picasso porque tuvo a los cinco mejores galeristas del mundo. Pienso que muchas veces no se juzga el talento, sino que vale más el marketing.

— ¿Te gustaría que tu obra sea masiva?
— Esa es una discusión que tengo con mi hijo; me dice, “ya no va más el arte adentro del museo, porque el arte está en la calle”. Y yo veo los graffitis o stencils que hay en las calles de Rosario y pienso que si los viese Diego Rivera o José David Siqueiros los cagarían a trompadas a estos pibes que se creen muralistas. De todas formas, acá el problema es que la Municipalidad no les provee ni el material, ni la estructura adecuada.

Imprescindibles
— ¿Artistas de la región santafesina imprescindibles?

— Rescataría a Gregorio Ceballos, Juan Grela, Julián Usandizaga. Hay muchos olvidados. Los hermanos Paino, Godofredo y Guillermo, tenían una cualidad, ellos firmaban sus obras como G. Paino, para que no identifiquen quién es quién. Lucio Fontana es otro rosarino imprescindible. Suele pasar que muchos artistas son más reconocidos afuera que en nuestra ciudad.

“No creérsela”
— ¿Recomendaciones a nuevos y nuevas artistas?

— Trabajar y no creérsela. Hay muchos docentes que son muy displicentes y no ponen pautas y eso no es beneficioso, porque hay tratados de color, de composición, de líneas. No en vano Leonardo Da Vinci estableció las pautas artísticas. Entonces, lo importante siempre es estudiar.




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