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08-12-2019 / Voluntariado San Rita

Extender los brazos al otro para sentirse como en casa

En el hospital San Roque de Paraná funciona el voluntariado San Rita, un grupo integrado por mujeres mayores de 21 años que contienen a las mamás y a los niños que transitan por un momento de enfermedad. La misión, que requiere de un extendido curso preparatorio, tiene un agregado especial: al acompañamiento emocional le suman la ayuda material. Suministran elementos de fundamental necesidad, como pañales, juguetes y productos de higiene, que son obtenidos gracias a una cadena de voluntades permanentemente actualizada.

Valeria Robín
redaccion-er@miradorprovincial.com

Para llegar al Voluntariado Santa Rita, conviene tomar por una entrada vecina a la principal, sobre calle La Paz, pero más cercana a La Rioja. Una escalera conducirá al subsuelo. Allí, a la altura en que las raíces forjan la reparadora sombra y las flores del arbolado circundante, un cartel indica que se ha llegado a destino. Del otro lado de la puerta, espera Isabel Zárate, coordinadora del equipo que desde hace 55 años recorre, de lunes a sábados, las 180 camas del hospital San Roque, cuya particularidad es que no sólo resuelve las patologías de niños, sino que también brinda atención a embarazadas.

Zárate se apoya en un saber hacer que no se aprende en los libros sino en el trato frecuente con personas en situación de vulnerabilidad. Es el tipo de seres que considera que lo importante es producir el bien, no tanto hablar sobre ello. Entrevistarla, entonces, se volvió un desafío, sobre todo porque cada tanto recuerda que preferiría que otras sean las que respondan las preguntas. Pese a su reserva, compartió conceptos valiosos.

Nos recibió con la camaradería de quien ve venir a lo lejos a alguien que aprecia y que hace tiempo no ve. Con decisión preparó el mate, que fue y vino mientras las anécdotas se sucedían.

“Con 21 años dentro del hospital te puedo asegurar que no se qué es lo que me va a pasar cuando llegue a la sala, porque las expectativas son siempre diferentes, y las problemáticas también. Puede ser que te necesite más la mamá que el niño y tenés que saber cómo poner el hombro, cómo escuchar, y cuándo hacer silencio o hablar. En definitiva, tenés que saber con quién te estás comunicando e intuir qué es lo que está necesitando”, describió la entrevistada, y agregó que “muchas veces la mamá lo único que necesita es compañía. Muchas veces piden cosas para demorarte un poquito, pero una se da cuenta que lo que quiere es que te sientes un ratito con ella y la escuches, porque no sólo la preocupa su hijo que está en el hospital, sino que también está pendiente de los hermanitos que están en su pueblo, que por lo general quedan bajo el cuidado de sus abuelos o su papá. Yo digo que las mamás que tienen sus hijos internados son madres divididas, que tiene puesta la esperanza y la ilusión de que salga todo bien acá pero tiene el miedo de qué está pasando con los otros que dejó en la casa”.

Dar es recibir

Ante una consulta puntual, Isabel Zárate indicó que para integrarse al equipo existen requisitos formales como ser mayor de 21 años de edad y realizar una capacitación. Pero las dificultades de ser parte del Voluntariado están en otro plano. “No es fácil ingresar a una sala y sentir que se te estruja el alma por no poder soportar el dolor ajeno", comentó, al añadir que "hay que tener un talante especial para integrarse a un espacio donde hay un niño quemado o golpeado”. Fue entonces cuando sugirió que “si tuviera que describir el perfil de la voluntaria diría que no sé si debe ser demasiado débil, sensible, o demasiado fuerte. Diría que es una mezcla de todo, es una persona llena de fortaleza con una gran sensibilidad”.

A medida que avanza la charla, se intensifican las evocaciones. Fue en ese momento que compartió una reflexión personal. “Por más que te haya golpeado la vida, te aseguro que cuando te topas con los problemas que tiene la gente que asiste al hospital, te sentís una privilegiada”, opinó, e insistió que “realmente me siento una privilegiada, porque hay mujeres que no se enteraron que pueden hacer esto, y están ahora mismo aburridas en sus casas. Las que nos enteramos, estamos muy agradecidas porque no venimos a dar, venimos a recibir”, indicó, no sin dejar pasar que “aunque tengamos a disposición soluciones materiales- que simplemente administramos porque en su mayoría son donaciones de la sociedad de Paraná- lo más importante que tenemos es nuestro tiempo, la dedicación, la paciencia, el amor, la caricia, la sonrisa. Todo eso es la satisfacción más grande”.

Asistencia

Integrado por un grupo de mujeres diverso en edad, procedencia social y nivel de formación, el Voluntariado Santa Rita es un eslabón indispensable en el funcionamiento del hospital.
Para que la atención sea integral, es necesario que el equipo se organice de modo que pueda asegurar presencia de lunes a sábados, de mañana y de tarde. Para cubrir ambos turnos, se necesitan no menos de 51 voluntarias, cuyo propósito es contener y acompañar a los niños internados y a sus mamás. Otra tarea fundamental es que intermedian entre las donaciones que realizan los vecinos y sus destinatarios, que en su mayoría son madres que asisten con sus hijos desde ciudades del interior, como Concordia, Gualeguaychú, Colón, Gualeguay, y Chajarí

Los números a secas son datos fríos, pero en este caso ayudan a que nos hagamos una idea de la cantidad de diligencias y problemáticas que se presentan en el nosocomio: las consultas son 10.000 y las internaciones, 800; se realiza un centenar de cirugías pediátricas, y más de 200 partos tienen lugar durante el mes.

Sobre estos aspectos, la entrevistada destacó que el hospital San Roque -centro de referencia en la provincia- tiene todas las funciones y cargos cubiertos, y que la tarea de las voluntarias se circunscribe “a llenar ese espacio de silencio e incertidumbre que tiene la mamá que acompaña a su hijo, para que no se sienta sola y esté protegida”. Luego detalló la rutina. “En 24 horas tenemos que hacer el recorrido completo, que implica visitar todas las salas, que tienen un total de 180 camas; lo hacemos de forma presencial, es decir, nos presentamos ante el niño internado y su mamá. Para eso necesitamos ser al menos 3 o 4 voluntarias por turno, es decir que en total somos 8 por día”.

Al ser consultada, indicó que “las visitamos para consultarles qué necesitan, que puede ser desde un poco de shampoo para bañarse o yerba para el mate, hasta la compañía misma dentro de la sala. La idea es cubrir aquello que no tiene por estar lejos de su ciudad”.

Generosidad

El hecho de que se administren donaciones demanda un meticuloso registro. Se sabe de ese modo que se suelen distribuir 10 mil pañales por mes. En distintos asientos, se anotan la cantidad de pañales recibidos en donación, cuántos salen, a qué sala, qué día, hasta qué talle y qué voluntaria estuvo a cargo de cada acción.

En el lugar donde funciona el Voluntariado, prolijamente ordenado y etiquetado, hay unas 200 cajas con los contenidos más diversos, para el amplio abanico de edad al que responden los usuarios del servicio hospitalario. Hay que tener en cuenta que hay vestimenta que pueden ser usados por personas de hasta 15 años. Lo destacable es que cada pieza tiene su lugar en ese espacio y que todas saben dónde encontrar qué cosas.

Como se ve esta labor de intermediación entre los donantes y los destinatarios que se realiza a través del Voluntariado es necesaria, pero también lo es la recorrida diaria por las salas, el diálogo, las ganas y la disposición a escuchar, la decisión de acompañar. Es lo que convierte a la experiencia de ser voluntaria en transformadora para el medio centenar de mujeres involucradas en esta noble y silenciosa tarea.

La razón del nombre

“¿No temen en algún momento que se queden sin pañales”, preguntó MIRADOR ENTRE RÍOS. “Nos salva Santa Rita”, dijo, segura, Zárate. Luego explicó que “los días 22 de cada mes en la Catedral se ofician las misas en nombre de la patrona de lo imposible”. Y que, desde el año 1997, el padre Agustín Kaul dispuso que en lugar de una rosa roja se done un pañal. “Hoy por hoy estamos llegando al millón y medio de pañales recibidos de esta manera”, contó, al indicar que “nuestro voluntariado tomó el nombre de Santa Rita por eso: porque no nos deja sin pañal”.
Además hay que tener en cuenta que el Voluntariado no puede quedarse sin pañales en stock. “Como mínimo tenemos que tener 10 mil pañales de reserva porque es lo que se da en un mes”, advierte, al aportar que “es una camioneta llena hasta el tope” y que “cuando aminora ese número recurrimos a las escuelas, instituciones, damos charlas y los chicos de esa manera preguntan, se interesan, se concientizan y colaboran”.

Dar continuidad

En octubre el Voluntariado celebró el ingreso de 19 integrantes, mediante una capacitación. Se trata de un hecho relevante para el equipo, debido a que las convocatorias no se hacen regularmente, sino sólo cuando el número de integrantes decrece. “La capacitación no fue solamente larga sino suculenta. Colaboraron, durante todos los viernes, pediatras, enfermeras, hematólogas, infectólogas, especialistas en salud mental, psicólogas, psicopedagogas, siempre tuvimos charlas de profesionales, aprendieron a hacer resucitación cardiopulmonar de una persona adulta como en un bebe”, citó Zárate.

Ante un interrogante, sentenció que “yo puedo decir que este grupo está capacitado para moverse dentro del hospital, va a saber si una criatura está respirando bien, si el color que tiene no es normal”.

Zárate repara que “no somos médicas”. Ella misma señala que dedicó “toda mi vida” a la matemática y la física. “Nada que ver con la medicina”, remarca.

“En el reglamento se establece, por ejemplo, que la forma de vestir de la voluntaria no debe ser ostentosa, que no podemos ser confundidas con personal del hospital y naturalmente no podemos reclamar privilegios”, aclara al añadir que “no podemos ir con el guardapolvo identificatorio a pedir un turno para nuestro nieto y que nos den el mejor día y horario; para solicitar atención médica nos sacamos el guardapolvo y vamos a hacer la fila como cualquier otro ciudadano de Paraná”. La entrevistada se muestra inflexible. “Los privilegios quedan afuera”.

La comisión directiva está integrada por una directora, una vice, una secretaria, una tesorera y cuatro vocales. Se renueva todos los años, con una posibilidad de reelección consecutiva. “De esa manera se tiene una renovación permanente y nadie se lleva a cuestas la dirección del Voluntariado”, opina, al expresar que “generalmente entre las 8 tratamos de que haya 2 o 3 con mayor antigüedad y gente nueva a la cual le enseñamos a dirigir y administrar”.

La entrevistada cayó en la cuenta de que “somos más viejas aún que el espacio que ocupamos, porque venimos de lejos”. Luego, introspectiva, mencionó que “tengo 73 años, comencé a los 51, me estaba por jubilar y estaba por ser abuela”. Todas se sienten responsables de una experiencia valiosa y valorada y quieren que la semilla siga dando frutos. “Las voluntarias son mujeres de hombros anchos y fuertes que han sostenido esta institución con fortaleza”, pregona. Y seguramente así seguirá siendo en el porvenir


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