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15-05-2020 / La historia de Nahuel Chacón

Un entrerriano tuvo que casarse en la frontera para entrar al país

 


Sabina Melchiori
redaccion-er@miradorprovincial.com

Nahuel tiene 29 años, es despachante de Aduana y Técnico en Comercio Exterior, pero ahora, tras haber renunciado a su trabajo en San Pablo para mudarse a Gualeguaychú, se encuentra desempleado. Allá trabajó como gerente de ventas de prestigiosas empresas internacionales y, junto a su novia brasilera (a quien había conocido en unas vacaciones en Colombia) tuvo una hija, Julia Yesenia, que ahora tiene un año y siete meses.

La vida en una de las metrópolis más importantes de Latinoamérica tiene sus ventajas y sus desventajas. Las malas se notaron con mayor intensidad a medida que la bebé crecía. Acostumbrado a una vida tranquila, cerca de la familia, a Nahuel empezó a pesarle el hecho de dejarla temprano en una guardería y que cuando regresara a su casa del trabajo, su hija ya estuviera dormida.

"Creí que era conveniente para nuestra hija vivir en San Pablo porque pensamos que iba a haber más trabajo", contó Nahuel a Mirador Entre Ríos. En cuanto al aspecto laboral, no se equivocó, porque no tardó demasiado en conseguir un buen empleo, comprar un auto 0 km y tener su propia casa. Incluso, cuando quiso cambiar de trabajo, renunció y consiguió uno mejor, "pero no tenía tiempo de estar con mi hija", sostuvo.

Dejar todo y empezar de nuevo

"Cuando estábamos por vender el auto empezó el tema de la pandemia, logramos vender todo a fines de febrero, habíamos dejado el trabajo y estaba todo listo y decidido, pero cuando fuimos a comprar el pasaje nos encontramos con que las aerolíneas no estaban vendiendo pasajes. En ese momento, pensamos que en 15 días se reactivarían las ventas y decidimos esperar. Mientras tanto, la vida en San Pablo seguía siendo normal, nadie se cuidaba. Nosotros, en cambio, estábamos encerrados, sin salir y gastando la plata que teníamos para volver a Argentina", relató Nahuel. Así fue el comienzo de las mil y unas peripecias para volver a Gualeguaychú.

Desde San Pablo, ya sin auto y con la firme decisión de salir de esa ciudad empezaron las gestiones: "Hablamos con la embajada en San Pablo porque supuestamente el Gobierno iba a hacer una repatriación de argentinos con ayuda económica, nos hicieron enviar correos electrónicos, llamaba... En el consulado me decían que llamara al día siguiente y cuando llamaba me atendían de mala gana. En un momento me enojé y les dije que no harían lo mismo si tuvieran esta situación con un pariente. Llamé a Migraciones de Argentina, a Cancillería, al Consulado de San Pablo y de Uruguayana, porque necesitábamos saber si Juliana, siendo brasilera, iba a poder ingresar. En Migraciones de Uruguayana nos dijeron que sí, que solo necesitaríamos una carta del cónsul".

Hasta ese momento, a pesar del avance del coronavirus en el mundo, todo parecía bastante sencillo para Nahuel y su familia. Recuerda que de la emoción que les generó la noticia de que podrían pasar a Argentina, alquilaron un auto y ese mismo sábado agarraron sus siete valijas y a las 3 de la mañana salieron a la ruta.

La primera noche marcharon mil kilómetros, pararon en Curitiba y siguieron viaje. En la siguiente parada ni siquiera hicieron noche, y el domingo de madrugada llegaron a Uruguayana convencidos de que nada se iba a complicar, ya que según lo que habían averiguado lo único que necesitaban para entrar a Argentina era una carta del cónsul.

"Fuimos al Consulado y le dije que necesitaba una nota dirigida a Cancillería. Me dijo que en media hora me llamaba cuando tuviera la nota. Sin embargo, cuando volvimos el Consulado estaba cerrado, llamé al cónsul y me dijo que no tenía respuesta, que tenía que esperar tres semanas hasta que respondiera Cancillería de Buenos Aires", y así fue como el regreso de Nahuel y su familia empezó a complicarse cada vez más: "Nadie me daba una respuesta, llamaba a Buenos Aires y me decían que son los Consulados los que nos tenían que ayudar. Volví a Migraciones y nadie nos dejó pasar, nos atendieron con mucha soberbia".

Esa noche, el cónsul les dio un hotel para que pasaran la noche, pero les advirtió que si la carta demoraba tendrían que pagarse ellos la estadía. A todo esto, Nahuel ya le había pedido a un tío que lo fuera a buscar desde Gualeguaychú a Paso de los Libres en un auto acondicionado para que el tío no corriera ningún peligro de contagio por si acaso ellos lo estaban. El tío llegó el lunes, pero Nahuel, Juliana y la pequeña Julia, no podían cruzar. "Nos mirábamos de frontera a frontera. Hizo 600 kilómetros, y tuvo que quedarse a esperarnos. Creo que fue la noche más difícil de mi vida, pensaba todo el tiempo que no iba a poder pasar".

Una boda a corridas

Al día siguiente, cuando despertaron volvieron a hablar con el cónsul: "Le dije que teníamos que resolver el problema ese día como sea. Hizo la nota, y me dijo que lo más fácil sería que nos casáramos porque no teníamos manera de demostrar el vínculo. Nosotros ya habíamos pensado en casarnos, pero queríamos hacerlo como el resto: buscar un salón, organizar una fiesta y preparar todo".

No había alternativas, pero el tiempo corría. El Registro Civil abría a las 12 y en Sanidad los iban a esperar hasta las 16 para hacer los controles y pasar a Argentina. A esa hora cierra la Aduana. Les dieron turno a las 14. "A las dos de la tarde estábamos parados en la puerta, firmamos la Unión Estable y fuimos al Consulado. Cuando llegamos, estaba cerrado, entonces llamamos al cónsul para que alguien nos diera la nota que necesitábamos, le pregunté si la Unión Estable era suficiente para pasar y me dijo que tenía que estar apostillada por la Haya, eso nos costó unos 4 mil pesos argentinos", contó Nahuel sin poder creer lo que vivió hace apenas 15 días.

Parece que el final está cerca y que solo resta cruzar el río Uruguay, sin embargo, todavía restaba ir hasta el aeropuerto y devolver el auto que habían alquilado: "A las 15.10 llegamos al aeropuerto, lo revisaron y esperamos un taxi, eran las 15.40, faltaban 20 minutos para cruzar, si no llegaba a las 16 en puto Sanidad se iba y tendría que espera al otro día". Parece una película de acción: "El taxista era un señor de 70 años, le dije que tenía que apurarse, iba a 180 km, entramos a Migraciones de Brasil para que hicieran la salida, nos subimos al auto, pasamos el puente en contramano, nos bajamos sin descargar los bolsos, el señor del taxi descargó las 7 maletas a 700 metros del control y se fue".

Nahuel, Juliana y Julia llegaron al control sanitario apenas cinco minutos antes de que la Aduana cerrara. Terminaron todo pero aún faltaba un detalle: el equipaje que el taxista había dejado a 700 metros del lugar. "Caminamos tres veces, ida y vuelta con la nena a upa para ir a buscar las maletas, nadie nos ayudó", lamentó.

Ya instalados en Gualeguaychú, Nahuel envía audios a Mirador para relatar su historia. Si bien se indigna cada vez que recuerda el trato descortés y todo lo que tuvieron que pasar, cada tanto se ríe como sin poder creer lo que cuenta. Junto a Juliana y su bebé, están en un departamento en el fondo de la casa de los padres de Nahuel, completamente aislados hasta que finalicen los 14 días reglamentarios y dispuestos a empezar una nueva vida en el sur entrerriano.


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