Lunes 01.06.2020 | 10:19 hs


18-05-2020 / Historias escritas sobre el ring

Carlos Alberto Ríos: dejaba el pellejo en cada combate

El experto Julio Ernesto Vila lo dijo en los años noventa. Eran los tiempos en los que este pupilo de José Lino Lemos estaba en la plenitud de sus facultades pugilísticas y por lo general salía victorioso (se mantuvo invicto en sus primeras 41 presentaciones profesionales), pero sacrificando "jirones de salud" durante sus peleas.


Sergio Ferrer
deportes@miradorprovincial.com


Hace más de veinticinco años, después de haber sido testigo cercano de su combate contra el buen valor brasileño José Caldas, el especialista Julio Ernesto Vila nos dejaba esta definición sobre el protagonista de hoy: "El coraje y el corazón que tiene este chico son increíbles. Sigue ganando sus peleas, aunque exponiendo el pellejo y el físico en cada cruce. Logra sobreponerse a momentos muy duros, pero en cada combate es como que deja jirones de su salud, porque se prodiga por encima de toda lógica. Las victorias ya le están costando demasiado y realmente no sé cuánto más puede aguantar peleando así, porque arriesga mucho y se corta con facilidad".

El sanguíneo y valiente peleador al que hacía referencia Vila no era otro que el santafesino Carlos Alberto Ramón Ríos (o Carlitos Ríos, simplemente), el mismo que en Estados Unidos llegó a ser promocionado como "El Pequeño Carmen Basilio", por su singular parecido físico con el legendario welter ítalo americano, pero también por la fama de fajador inclaudicable que lo precedía.

Para la época en la que Vila nos daba su impresión sobre Ríos, un peso pluma que fue pupilo de José Lino Lemos y alcanzó cierta popularidad en la segunda mitad de los años noventa, este pugilista se mantenía invicto en 24 combates como profesional, con 22 triunfos (17 antes del límite), un empate y un pleito nulo. El parejo duelo con Caldas, que Ríos terminó ganando por nocaut técnico en el noveno asalto, tuvo lugar el 2 de diciembre de 1994 en el microestadio de la FAB, en la ciudad de Buenos Aires.

Nunca una fácil
Al momento de lidiar con Caldas, Carlitos Ríos venía de una serie de actuaciones en las que había salido cortado o lastimado, de allí el comentario experto, agudo y descarnado de Vila. Entre las reñidas y sangrientas batallas a las que hace mención el avezado analista cabe recordar la que Carlos sostuvo el 30 de abril de aquel año con Marco Antonio Dos Santos, otro púgil de Brasil que supo herir feo en sus arcos superciliares. También está el triunfo con caída previa ante Néstor Berra y un par de cortadas por choques de cabeza. Una con Miguel Ángel Albarado en Santa Fe (match declarado sin decisión en el primer round) y otra con Marcelo "Patán" César, al que superó por decisión técnica en cuatro vueltas.

Ríos peleaba de esa manera. Nunca tuvo las cosas fáciles. Fue tan aguerrido y enjundioso, como técnicamente limitado. Era un guerrero nato, que brindaba el cuero y el alma sobre el ring, y que supo regar los cuadriláteros del mundo con su sangre, literalmente. Vimos y sufrimos muchas de sus peleas a escasos metros del ensogado. Cuando accedió a sus chances por el título del mundo, tuvo que vérselas con tres primerísimas figuras del deporte de los puños: el filipino Luisito Espinosa (quizás el menos rutilante de todos, pero no por ello el menos complicado); el célebre Floyd Mayweather Jr. (todavía muy joven cuando Ríos lo enfrentó, pero igualmente encumbrado) y el brasileño Acelino "Popó" Freitas (al que el mundo del boxeo tenía catalogado como un "asesino con guantes").

En definitiva, a Carlitos siempre le tocó ir como víctima propiciatoria, pero en todos los casos cumplió con creces. A Espinosa, por ejemplo, lo tuvo sentido y a punto de enviarlo a la lona, mientras que al afamado "Niño Bonito" le duró toda la distancia, siendo que la Top Rank de Bob Arum lo había contratado para ver si podía aguantar, al menos, "cuatro o cinco rounds". Y a Freitas lo enfrentó dignamente de "tú a tú" varios rounds, antes de caer en el noveno episodio.

En peso pluma, Ríos se hacía respetar. Pegaba con rudeza, durísimo. Al subir de categoría, como pasa con la mayoría de los pegadores, su eficacia y el poder de sus puños fueron decayendo. En el ámbito local, excepto con Julio Pablo Chacón y Claudio Víctor Martinet, se enfrentó sin problemas, ganando o perdiendo, a los principales plumas y superplumas de su tiempo. (Continuará)

Desde chiquito

Carlos Alberto Ramón Ríos nació el 14 de abril de 1971 en el Hospital Domingo Cullen de Santa Fe. La abnegada madre de Carlitos, Clelia Romero de Ríos, sufrió tanto en el parto de su primer hijo, que al nombre que tenían pensado ponerle con su esposo inicialmente, Carlos Alberto, ella sola, por su cuenta, decidió agregarle el del santo patrono de todas las embarazadas y las parturientas, San Ramón Nonato, mártir de la Iglesia Católica.

"Sufrí tanto en el parto con Carlitos que por eso le puse Ramón", nos dijo orgullosa alguna vez. "Siempre me hizo renegar mucho, desde chiquito fue peleador y camorrero. En la escuela se peleaba con muchachotes más grandes que él y era imposible lograr que una tarde no tuviera problemas de conducta. Tenía que ir a hablar con la directora cada dos por tres", supo contarnos también.




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