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24-06-2020 / Tesoros de la historia regional

Una utopía, una comunidad y la enigmática existencia del Falansterio de Durandó

A fines del siglo XIX, en Colonia Hugues, se concretó una atípica experiencia de vida en comunidad. La figura de un líder místico que logró reunir a más de 100 personas para que trabajaran de sol a sol en su establecimiento a cambio de techo y comida, transformó la historia de Durandó y su "falansterio" en una especie de leyenda popular. Dos historiadores investigaron el tema para reconstruir una apasionante faceta del patrimonio cultural entrerriano.

Silvia Simmone
redaccion-er@miradorprovincial.com

Con motivo de que esta última semana se conmemoró el día del escritor y del libro, nos pareció oportuno rescatar una de las historias más curiosas que hacen al territorio de la Microrregión Tierra de Palmares, relatada en el libro "Durandó, historia de una comunidad: ¿Falansterio o utopía del s.XIX en Entre Ríos?

Los historiadores locales, Walter Maidana y Ariel Bessón, fueron quienes lograron plasmar a través de sus abordajes los detalles de una experiencia cercana al socialismo utópico, la cual se desarrolló en Colonia Hugues, a pocos kilométros de San José y Colón, entre los años 1884/1885 y 1916.

La figura central de esta historia es la de Juan José Durandó, un inmigrante del Cantón de Vaud (Suiza) que llegó al puerto de Montevideo en 1874, para instalarse días después, en lo que se conoce como Colonia Nueva, en cercanías de San José. Influenciado por una creencia espiritista y de sanación, la cual ejerció abiertamente en Europa en donde era conocido como "El Mago de Salvan", Durandó reunía seguidores en cualquier lugar que transitaba gracias a su oratoria y a las ideas de cooperación comunitaria que transmitía. A mediados de los 80' (siglo XIX) logró formar el "Establecimiento Agrícola Industrial de Juan José Durandó" en Colonia Hugues, un complejo productivo que logró casi un total autoabastecimiento gracias al trabajo de los miembros de la comunidad.

Walter Maidana, explicó a Mirador Entre Ríos, que el interés por investigar esta historia surgió porque sus abuelos siempre les hablaban del "loco Durandó". "Se decía que era como un Dios, que tenía esclavos que trabajaban para él, que era espiritista, que tenía su propia banda de música, y muchas cosas más que en principio correspondían a una suerte de mito popular. Entonces en 1994, para hacer nuestra tesis del profesorado de Historia de Concepción del Uruguay, con Ariel Besson (co-autor) decidimos investigar este tema, y comenzamos primeramente a buscar material en la Biblioteca Popular Fiat Lux de Colón, donde sabíamos que existían unos fascículos de 'La Argentina secreta' que se transmitía por Canal 7 que trataban el tema. Después nos abocamos a recorrer la Colonia en diferentes momentos para buscar antecedentes, hacer entrevistas, charlar con los vecinos. Y finalmente, una vez que la tesis se presentó, alentados por los propios profesores, nos decidimos a publicarla, aunque eso recién lo logramos en el 99', después de mejorar cuestiones de la redacción y conseguir el dinero para la edición del libro", relató el escritor.
Actualmente, "Durandó, historia de una comunidad" lleva cuatro ediciones, a las que paulatinamente se le fueron agregando otros recursos, como fotografías a color y videos sobre la historia del lugar, y un nuevo capítulo sobre el "Libro de Oro", que contiene una gran cantidad de firmas y dedicatorias en reconocimiento a la labor desarrollada en el establecimiento.

Falansterio Durandó

Según contextualizan los autores del libro, las utopías del siglo XIX estuvieron muy ligadas al nacimiento del movimiento socialista, en el cual Francisco María Carlos Fourier (1722-1837), encontró la inspiración para crear un minucioso programa de organización social, en el que los falansterios se constituían como los edificios centrales del modelo.

Concebidos como el lugar físico en "donde habitaba cada una de las falanges que dividía a la sociedad", este programa de socialismo utópico, proponía crear una comunidad de 1.620 personas en donde cada uno de sus integrantes conviviera en comunión con sus deseos y habilidades para hacer funcionar una sociedad agrícola. La falange, era concebida por Fourier, como un conjunto de personas que se unían tras un mismo propósito, a las cuales, por pertenecer a la organización, les correspondía realizar una serie de trabajos determinados para llevar adelante la producción.

Durandó, quien probablemente conocía estos conceptos por sus asiduos viajes a Europa, realizó su propio "falansterio" en la Colonia, el cual se emplazó en un predio de aproximadamente 200 hectáreas que, según se estima, las consiguió a través de una "venta" de tierras que le hizo uno de sus adeptos. A mediados de los 80 (sXIX) se instaló allí el primer contingente de 26 adultos provenientes de Europa, el cual no se sabe a ciencia cierta cómo arribó al paraje rural de Colonia Hugues.

Luego, entre 1888 y 1895 llegaron muchas personas más, contabilizándose una convivencia aproximada de más de 100 individuos entre niños y adultos, aunque el número solía variar en cantidad, conforme a que algunas personas ingresaban al establecimiento y luego lo abandonaban.

El contrato ofrecido por Durandó era en principio simple: brindaba trabajo, comida, techo, vestimenta y educación, a cambio de que las personas le cedieran todos sus bienes, los cuales pasaban a la órbita de la comunidad. Él no realizaba tareas rurales en el establecimiento, ya que se encargaba de la logística y la organización del trabajo, el cual se ejecutaba en base a tres estrategias: una férrea disciplina; un grupo de élite conviviente que lo secundaba en sus decisiones; y una gran admiración religiosa generada hacia su persona, la cual estaba fundada en una supuesta comunicación espiritual con Dios y la realización de curaciones.

Autoabastecimiento y producción

Maidana y Besson constatan en su investigación que el trabajo en la hacienda era "de sol a sol" y que la mayoría de los integrantes de la comunidad eran agricultores, salvo algunos pocos que tenían oficios como el de zapatero, carpintero y tonelero.

Por las labores, los trabajadores no recibían ningún tipo de retribución económica, hecho por el cual Durandó tuvo más de un cruce con la ley, ya que caía sobre él la sospecha de esclavitud. Si bien esto nunca se pudo comprobar, porque las personas que allí permanecían aseguraban que él les prestaba sus propias herramientas para realizar el trabajo y que a cambio ellos tenían lo suficiente para vivir, se evidenció a través de diversos documentos, que quienes decidían abandonar el establecimiento lo hacían sin nada, y que en varias oportunidades, por esto mismo la gente regresaba.

La economía en el "Falansterio" se basaba en una constante producción para la comercialización y el autoabastecimiento. Varios testimonios recopilados en la publicación, dan cuenta de los encargues de trabajo en herrería y carpintería, de las labores de cosecha en los campos, la producción de vino y grapa, el cultivo de maíz, trigo y de árboles frutales como perales, manzanos y durazneros con cuya fruta se realizaban orejones, licores y dulces para la venta. "Allí se hacía todo, desde los zapatos hasta la ropa, no compraban nada, comían lo que allí producían", testimonia una de las personas entrevistadas por los autores.

En el establecimiento había un edificio principal donde se encontraba un gran comedor comunitario y otro comedor que era para la elite, invernaderos con una amplia variedad de productos de huerta, tres molinos con diferente sistemas de tracción (uno a malacate, uno a viento y uno mixto), jardines y plantaciones, depósitos de almacenaje, talleres de herrería y carpintería, varios cuerpos de dormitorios y baños con agua corriente ?algo poco común para la época? que habían sido diseñados por el ingeniero Massera, uno de los adeptos de elite que integraba la comunidad.

Además había una escuela en la que se enseñaba letras, artes y oficios, lo que significó un polo de acceso a la educación para la comunidad rural y aportó al estatus del establecimiento, el cual también contaba con una banda musical propia.

Experiencia atípica

Una de los tantos relatos que atraviesan al "Falansterio" de Durandó, es que éste se constituye como una de las únicas experiencias de este tipo en América Latina. Sin embargo, Maidana explicó a este medio, que según pudieron saber "en la década de 1880 aproximadamente, hubo otro proyecto de falansterio en Montevideo que habría que ver si se concretó o no, y también uno en Santa Catarina, en Brasil a la misma altura de Misiones, donde también se cree que podría haber habido construcciones similares, aunque hoy día ni siquiera en ruinas, sino que tapadas por parte de la selva".

Asimismo, los autores del libro señalan que lo que existió en Colonia Hugues no fue un falansterio. "El establecimiento se asemeja mucho más al modelo de familisterio, y decimos esto porque hay diferencias notables con la idea de Fourier, que fue la original, en donde tiene mucho que ver la autonomía, la cantidad de personas que integran la comunidad, el poder de la 'moral', entre otras cosas que han hecho diferenciar el establecimiento de Monsieur Durandó. Los familisterios son posteriores a la idea de socialismo utópico de Fourier, quien tuvo muchos seguidores como el socialista Víctor Considérant, un francés que refugiado en Bélgica decide viajar hasta México para fundar una colonia llamada 'La Reunión' en el mismo Texas, que tampoco funcionó, o estuvo muy poco tiempo. También hubo otra experiencia de familisterio en Guisa, en Francia, en 1859, creada por Jean Baptiste André Godin, quien logró nuclear a unas 1.000 personas más o menos y en 1880 lo transformó en una cooperativa. Godin muere en 1888, época en que acá tenía sus inicios el falansterio de Durandó. Así que podemos ver que hay similitudes y seguimientos de experiencias, o ensayos por conseguir soluciones a los problemas sociales de una época. Esto queda en evidencia en el 'Libro de oro' que le regalaron sus amigos a Durandó un mítico 8 de septiembre de 1900, en donde le expresaban su lealtad, agradecimiento y nombraron, por primera vez en un documento de época, el concepto de 'Familisterio de la Colonia'", apuntó el historiador.

Espiritismo y religión

Uno de los poderes centrales que decía tener Juan José Durandó, era el de comunicarse con Dios sin intermediarios, pudiendo obtener de él respuestas claras a sus preguntas tanto para las cuestiones de la vida como para la administración del establecimiento. La devoción por la religión demostrada en cada uno de sus actos, invocaciones o curaciones fue algo que caracterizó a este mítico personaje, quien con su propio puño y letra dejó asentado en el Libro de la Administración, uno de sus primeros milagros: la curación de la ceguera a una mujer.

Como relatan Maidana y Besson en su investigación, dentro de los poderes otorgados por Dios a Durandó, el que más resaltó fueron las llamadas "curaciones", las cuales ejerció por el amplio conocimiento que tenía de la utilización de hierbas para curar enfermedades. Según reconstruyen los historiadores mediante documentación de primera mano, estos conocimientos habían sido otorgados a Juan José por el mismo Creador, quien le había hecho conocer las bondades del vino y las hierbas en Suiza, conocimientos que luego pudo aplicar en la región por la similitud de los vinos y la amplia variedad de hierbas nativas que encontró en América.

El día de la muerte

Según el acta de defunción con fecha de 1916, Juan José Durandó murió a los 74 años de edad. Su deceso llevó al cierre del establecimiento, el cual durante ese último período sólo contaba con aproximadamente 20 personas, quienes a pesar de la notable decadencia del proyecto, mantenían su fidelidad al líder.

"Por las creencias religiosas que Durandó mantenía, después de su fallecimiento, lo pasearon en su campo esperando que reviviera. Cuando nos contaron esto, para nosotros sonaba muy fantasioso, así que nos obligó a volver a la Colonia para buscar a un ex vecino del establecimiento, el señor Lázaro Spioussas, quien con 14 años había sido testigo directo del hecho. Él corroboró que luego de su muerte, lo pasearon por tres noches en las tres puntas de sus tierras haciendo como una procesión, y al tercer día vino la autoridad y se lo llevó. Spioussas dijo haberlo visto desde el alambrado: tenía su sombrero, su traje, hasta un toscano y lo paseaban sentado en un carro", relató Maidana.


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