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27-07-2020 / Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales

Un tesoro olvidado en los cuarteles del Ejército

Escondido en medio de las edificaciones del Ejército, el deteriorado Hotel de Inmigrantes de Paraná recuerda una época y unos dispositivos inflexibles para quienes llegaban de otros países para trabajar estas tierras. Ese pequeño tesoro quiere ponerse en valor.

Mariana Melhem
redaccion-er@miradorprovincial.com

En el predio de los Cuarteles del Ejército, escondido de la vista del paseante, el edificio que recibió a buena parte de los inmigrantes que llegaron a la provincia a fines de la década de 1880 resiste como puede el paso del tiempo. Allí se los alojaba en cuarentena como resguardo previo al destino de residencia efectivo.

La mayoría de los vecinos no lo conoce debido a su localización encriptada. Se levantó antes que la unidad castrense se estableciera, a partir de lo cual pasó a ser parte del conjunto. Dejó de cumplir con su función original en los primeros años del siglo XX.

La inmigración

Prestémosle atención al contexto. Desde la conformación del gobierno Confederal con sede en Paraná y con el territorio provincial federalizado, se promovió una inmigración con el objeto de satisfacer la necesidad de poblar el territorio. De hecho, estas latitudes contaban con buenas tierras productivas, pero con muy pocos residentes para habitarla y ponerla a producir.

La propuesta colonizadora se hizo efectiva y extendida luego de promulgada la Ley Nacional de Inmigración y Colonización en 1876, popularmente conocida como Ley Avellaneda. En esa época la estancia agrícola ganadera era la unidad productiva fundamental sobre la que se asentaba el modelo agroexportador y la estructura de acumulación nacional.

En la provincia coincidió con el período que llamamos “Articulación definitiva al espacio nacional argentino (último cuarto del S XIX – 1916), con un protagonismo dentro del mercado agroexportador como parte de la Región Litoral” (Patrimonio Arquitectónico de Entre Ríos). Por entonces, se convocaba a empresas colonizadoras para que difundan en Europa las bondades del suelo entrerriano y traigan nuevos pobladores, medida que se complementaba con inversiones en tendidos ferroviarios y donaciones de tierra en el área de chacras de los ejidos, con la obligación de hacerla efectiva de modo inmediato a través del cultivo de árboles frutales.

El hotel

El primer espacio que cumplió con la función de alojar inmigrantes fue el edificio conocido como “El Colmenar”, de la otrora quinta del coronel Du Graty, ubicada en el predio donde hoy se levanta el Colegio Nacional. En aquellos tiempos, la Municipalidad de Paraná que se aprestaba a trazar la calle Garay tuvo que acceder a la solicitud que hiciera el Gobierno Nacional (a través de la Comisión auxiliar de inmigración) para posponer la obra con la idea de evitar que el edificio quedara fragmentado en dos partes.

Pero aquellas instalaciones resultaron insuficientes. Y, en 1887, la Ley Nacional N° 2205, autorizó al Poder Ejecutivo a construir 6 hoteles de primera clase con capacidad para más de 500 inmigrantes cada uno en las ciudades de Santa Fe, Paraná, Córdoba, Corrientes, Rosario y Tucumán, y 7 de la segunda clase con capacidad para 200 inmigrantes.

El proyectista de tales edificios, que iban a ejecutarse mediante licitación pública, fue el Ing. Federico Stavelius (o Stavellicis). Los planos llevaban el sello del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, sección Tierras y Colonias, habiéndose concluido con las obras en 1891.

Conformación

¿Cómo era el Hotel de Inmigrantes, ubicado donde hoy se cruzan General Alvarado y Avenida Ejército, en el sudoeste de Paraná? El partido espacial conocido como tipología en forma de peine, era el usualmente utilizado para edificios de alojamiento, sean estos hospitales u hoteles. El conjunto en cuestión estuvo compuesto de 4 pabellones paralelos de 100 metros de largo, articulados por 3 patios intermedios y unidos por un único volumen lineal y perpendicular a los anteriores donde se ubicaba el acceso.

Los pabellones eran sencillos, no contenían ornamentos exteriores salvo las pilastras que sostenían las cabreadas interiores. Eran estructuras simples cubiertas por techos a dos aguas, que podían visualizarse sobre la cara opuesta al frente.

La extensa fachada principal se componía de 4 portales que avanzaban sobre la línea de frente y que proyectaban el acceso hacia cada uno de los pabellones. Se establecía así una jerarquía donde los portales de los extremos eran de menor altura que los dos centrales; mientras en los dos del medio, por encima de la línea de cornisas, emergía un arco partido que alojaba el escudo nacional.

Líneas elementales

Los entrepaños que se presentaban entre portal y portal eran de menor altura y contenían ventanas. Además, correspondían al sector alineado con los patios. En horizontal, se diferenciaban claramente el basamento, desarrollo y coronamiento y el acabado original combinaba componentes de ladrillo y ornamentos revocados.

Con respecto a cómo se organizaban los sectores, las fotos históricas y los planos aportan una
información valiosísima. Exhiben, por ejemplo, los dormitorios con camas cuchetas, el sector de duchas en proximidad a los dormitorios, las salas con mobiliario de comedor o estar, austeras pero confortables.

La disposición con patios intermedios entre pabellones habrá generado una buena situación de iluminación y ventilación tal como lo requerían los principios higienistas de la época. Se percibe también, acentuando este principio, una buena arboleda para oxigenación.

Al día de hoy, el estado de conservación del Hotel de Inmigrantes no es bueno: se han demolido pabellones y al cuerpo central le falta el techo en algunos tramos. De todos modos, se trata de un edificio que es testimonio de un momento de nuestra historia y, como tal, portador de memoria.

Existen propuestas para rehabilitarlo como espacio de las colectividades de la provincia. Pero el primer paso para su conservación es la visibilización. Y a ese objetivo apuntan estos comentarios.


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