10-08-2020 / Tenía 96 años

Entre pañuelos blancos y lágrimas, Concordia despidió a "Queca" Kofman

La ex docente, pionera de Madres de Plaza de Mayo en la ciudad, murió en Santa Fe. Los concordienses recuerdan su lucha y la manera en que les enseñó a no bajar los brazos. Su hijo desapareció en 1975 y ella partió sin saber nada sobre él.


"Queca" nunca dejó de buscar a su hijo, desaparecido en la dictadura militar.
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Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com

Celina Zeigner de Kofman era su nombre, aunque la mayoría la llamaba "Queca". Nació en el año 1924 en la localidad entrerriana de Villa Domínguez (Departamento Villaguay). El lunes 3 de agosto falleció, a los 96 años, en su casa, en Santa Fe.

"Queca" fue una pieza clave en Concordia. Pionera de Madres de Plaza de Mayo y reconocida como fundadora de esa agrupación en la ciudad, la que fuera docente y luego directora de escuela primaria dejó antes de tiempo el blanco guardapolvo para usar un pañuelo e ir en busca de una verdad que no logró encontrar, pero por la que siguen luchando quienes aprendieron de ella algo que no se enseña en un pizarrón ni se dibuja con tizas.

Una vida de lucha

Celina había elegido la docencia por su padre, un maestro rural a quien se lo había prometido de chica: "Yo voy a ser maestra como vos", le dijo. Hizo el curso de maestra normal nacional en Concepción del Uruguay y se recibió con muy buenas notas.

"Queca" ejerció la docencia durante 35 años. A los 19 empezó a dar clases en una escuela de General Campos, donde permaneció por 19 años hasta que pidió el traslado a Concordia, donde fue directora de la escuela N° 42, Manuel Belgrano, y trabajó por otros 16 años.

En agosto de 1975 le informaron que el menor de sus 3 hijos, Jorge, había sido secuestrado y desaparecido en Tucumán, en donde estaba viviendo. Tenía 23 años, era militante del PRT e iba a ser padre por segunda vez.

Aunque los años pasaron, "Queca" recordaba con detalles todo lo que vivió desde el día en que supo que su hijo había desaparecido. "Fue un golpe duro, me faltaba muy poco para jubilarme, pero decidí colgar el guardapolvo y ponerme este pañuelo blanco que me acompaña a todos lados", dijo hace algunos años, mientras recordaba que desde 1978 hasta 2000 encabezó la agrupación Madres de Plaza de Mayo en Concordia, y luego se mudó a Santa Fe, en donde también fue referente.

La lucha de Celina y su marido los llevó a estar en contacto con todo tipo de peligros. Luego de dejar la docencia en su querida ciudad, viajó a Tucumán para hacerse presente en la zona de la Escuelita Famillá, primer centro clandestino de detención del país. Allí se encontró con soldados que cuidaban la zona y que no dudaron en encañonarle el cuello e impedir que avanzara hasta el centro de detención. "'No nos obligue a hacer lo que no queremos', me dijeron, mientras me arrastraban y yo gritaba el nombre de mi hijo. Nunca supe si me escuchó", aseguraba cada vez que relataba la historia, que también contó como testimonio ante el Tribunal Oral Federal de Tucumán, en el marco de la causa por los presos en el penal de Villa Urquiza, donde se cree que fue llevado Jorge tras pasar por esa escuelita.

La vida llevó a "Queca" a lugares inimaginables, en los encuentros, recordaba siempre la importancia de "convertir el dolor en fuerza", y así, con esa premisa y esas ganas la recuerdan quienes la acompañaron en el camino de búsqueda de la verdad. Aunque se fue sin saber qué sucedió con Jorge, acompañó y animó a que otros se sumen a la lucha y será recordada como una de las fundamentales.

Amor y dolor

José Francisco Zalasar es parte de la agrupación HIJOS en Concordia. Su padre, Sixto Zalasar, fue secuestrado en mayo de 1976 y no volvieron a saber de él. Como hijo de un desaparecido, José trató en varias oportunidades con Queca, y elige quedarse con las enseñanzas de una de las madres del dolor.

En diálogo con Mirador Entre Ríos, contó: "Siempre cuando perdemos a una de nuestras madres el dolor es inmenso, porque nos duele saber que se va una parte que dejó una huella importante en nuestra historia", y rememoró: "En lo personal, lo primero que se me cruzó por la cabeza fue la última vez que la vi, en el año 2012, cuando se presentó en la audiencia del juicio sobre mi viejo y Julio Solaga. Ella salía del juzgado, me miró, me dijo que la acompañe hasta el auto, ya andaba con el bastón, bajó la ventanilla, me acarició el rostro y me dijo 'hijo, no bajes los brazos, tu familia te necesita en este momento, tenés que ser fuerte, a estos no hay que darles ni un solo paso atrás'. Luego miró sonriente y dijo 'aparte nosotros siempre estamos acompañados' y sí, detrás de mi había una militancia de juventud y ella aseguraba que ellos son la fuerza que se nos dará siempre".
"En el 2017 ella escribió un libro y lo presentó en Santa Fe, no pude estar pero tuvo el detalle de enviármelo con una dedicatoria, así que fue muy fuerte haberme enterado que partió", aseguró.

-¿Cómo la recordás?

-Siempre digo que las Madres tienen algo muy especial. Uno las puede ver a través de las redes sociales, las puede ver en documentales, en la televisión, pero una cosa totalmente distinta es cuando la ves personalmente, con sus pañuelos blancos y te das cuenta que no sentís lástima o pensás "pobre mujer". Te transmiten inexplicablemente una fuerza interior que solamente el amor de una madre lo puede expresar, la veía y sentía eso.

Fue una luchadora por los derechos humanos, ni hablar por las políticas de memoria, verdad y justicia, pero también era una persona que estaba comprometida con las luchas sociales, con la militancia popular, siempre codo a codo con la gente. Son sensaciones sin fin las que tengo cuando la recuerdo.

Ellas siempre lo dicen y nos remarcan por ejemplo en los encuentros de hijos que ellas no parieron a sus hijos, sino que sus hijos las parieron a ellas. En lo que han dicho y escrito ahora que la recuerdan, hay muchas personas que la conocieron a Queca siendo directora de la escuela primaria Belgrano y la vieron transformarse de directora a madre de Plaza de Mayo. Lo que siempre tienen ellas es que puede que a ellas en la vida cotidiana les cueste levantarse de la cama a la cocina, pero cuando se trata de salir a la calle a pelear por la desaparición de sus hijos, por el sueño de ellos y de las futuras generaciones te das cuenta que ese desgaste físico que ves es solo por fuera, por dentro hay una fortaleza que solamente una madre puede explicarlo.

-¿Qué dejó en Concordia?

-Fue una de las pioneras, fue una impulsora de la lucha. Cuando se enteró que su hijo estaba desaparecido viajó a Tucumán con su marido a averiguar, a tratar de saber más sobre él, a recorrer cárceles, iglesias, a charlar con los compañeros de él, en momentos muy difíciles, en una Argentina muy complicada. Mostró con el ejemplo.

Hablar de una persona a la que admiro por su lucha y su fuerza y tener que contar sobre ella cuando ya no está es difícil, cuesta expresar lo que sentimos, porque tendremos que pasar a tenerla en el recuerdo y ahora luchar más nosotros.

-Son mujeres grandes y han fallecido algunas de las fundadoras en la zona ¿Cuesta pensar en la lucha sin las madres?

-Entre hijos, como en toda organización, tenemos nuestras diferencias, pero uno de los últimos temas que tratamos es que nuestras madres se están yendo y a los pañuelos los estamos heredando nosotros. Así que trabajamos para ponernos de acuerdo, ya que es muy importante seguir hablándoles a los jóvenes de memoria, verdad y justicia porque ya sabemos lo que pasa en el país cuando bajamos los brazos, cuando creemos que todo está bien, de un día para el otro las situaciones cambian, la economía cambia y eso va replicando en las distintas generaciones, así que tratamos de seguir llevando conciencia, explicando lo que pasó y tratando de que los chicos conozcan, ya que quizás a veces tienen papás que no saben bien lo que sucedió.

Los más jóvenes seguirán en el futuro y tienen que saber que la solidaridad con el otro es lo más importante que nos puede pasar en la vida, porque salimos de una situación difícil todos juntos, nadie se salva solo. Tratamos de llevar adelante una tarea que es difícil, que requiere de paciencia y fuerza como la que han tenido las madres que han partido. Cada una de ellas será una estrella en el cielo que nos acompañará en cada noche de nuestras vidas.


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