09-09-2020 / De Paraná a Nueva York y Tampere

Los Rojas, embajadores de las danzas argentinas en el mundo

La historia de los hermanos José y Luis Ángel en el baile comenzó a temprana edad, gracias a la herencia de su familia. Hoy, los entrerrianos se encuentran dictando clases de ballet, folclore y tango en Estados Unidos y Finlandia, respectivamente. En diálogo exclusivo con Mirador Entre Ríos, los bailarines hablaron de esta experiencia en el exterior, las diferencias con Argentina y las expectativas a futuro.


José Rojas, el bailarín paranaense que da clases de ballet en Nueva York. De bailar en el Teatro 3 de Febrero a ser el primer maestro de folclore argentino en las escuelas públicas de la ciudad norteamericana.
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José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com

Desde pequeños, los hermanos Rojas comenzaron a mamar la pasión por las danzas, especialmente por herencia familiar. Las primeras técnicas entorno al baile fueron adquiridas en la escuela primaria. Luego, con el transcurrir del tiempo, los paranaenses integraron diversos elencos y ballet, donde sumaron conocimientos, habilidades y consolidaron amistades.

Así pasaron por peñas y festivales, se subieron a una infinidad de escenarios, desplegando todo lo que habían aprendido. Pero no todo quedó allí. Hace unos años que José y Luis Ángel, dos de los cinco hermanos, decidieron tener experiencias innovadoras e incursionar este mundo de las danzas en el exterior. La oportunidad pasó frente a sus ojos y no desaprovecharon la travesía. Estados Unidos y Finlandia se transformaron en los destinos de los jóvenes entrerrianos, quienes fueron en búsqueda de nuevos horizontes profesionales.

Gira internacional

Faltan pocos días para que el otoño se adueñe de las calles finlandesas. Las bajas temperaturas, que pueden llegar a 20 grados bajo cero, se vuelven parte de la rutina en la ciudad de Tampere, cuya escenografía suele estar cubierta por nieve. A más de 12 mil kilómetros de distancia de su tierra natal, Luis Ángel (32) se prepara para volver al ruedo con sus clases de tango. Como el primer día, desde que pisó suelo europeo, el paranaense tiene todas las ilusiones de enseñar lo que tanto ama hacer.

"Por más que sea difícil, hay que luchar por lo que uno siente y por lo que uno tenga ganas de hacer. Todo tiene que ver con afrontar riesgos pero la peor consecuencia que puede tener uno siendo artista es no poder brindarse la oportunidad de llevar adelante el arte que haga", dejó en claro el bailarín en comunicación con Mirador Entre Ríos.

El hombre de la capital provincial desembarcó en Finlandia luego de haber realizado una gira por varios países del viejo continente como Italia (Roma, Latina y Alessandria), Francia (París), Bélgica (Bruselas) y Alemania (Berlín), enseñando principalmente tango y algo de folclore. Asimismo tuvo la posibilidad de trabajar en Uruguay y México, una experiencia que no se olvidará jamás.

Tras su tercer viajar por la "tierra de los mil lagos", el entrerriano decidió plantar bandera para comenzar sus proyectos personales y crecer profesionalmente. Desde aquel momento tuvo la certeza de que tomar ese tren de oportunidades fue la mejor decisión.

-¿Cuáles son las primeras sensaciones cuando llegaste a esos lugares a enseñar tango?

-En principio, las primeras impresiones fueron de sorpresa. Hay pueblos donde las comunidades de baile de tango son muy pequeñas pero en otras son gigantes. De pronto ver un salón con una marea llena de gente bailando tango y de una manera muy argenta es increíble, especialmente ver nuestra cultura desplegada en pagos ajenos.

-¿Qué diferencias hay entre nuestro tango y el que se practica en el exterior?

-Una de las diferencias es la actitud que le ponen al baile. El tango argentino está en Europa hace por lo menos 30 años. El europeo tiene una cultura más fría, que debe estar ligada al clima. Tienen culturalmente una forma de ser distinta. Son más lentos, pensativos, más callados y así lo representan mientras bailan. Pero poco a poco se está viendo más argentinidad en el baile europeo.

-¿Qué estilos se bailan allá?

-Tango tradicional de la época dorada del tango, que va de los años 30 a los 50. Hay muchas comunidades que apuestan a las nuevas tendencias como el tango alternativo o el electrónico. En el tango, en cuanto al baile, tenés dos diferencias puntales. Por un lado el tango improvisado y el escénico. A mí me gusta mucho el improvisado, de salón.

-¿Qué le aportaste a ese tango europeo?

-El tinte argento está en el ADN del tango pero igualmente creo que le agregué una impronta folclórica porque antes de bailar tango hacía folclore, mayormente litoraleño. Tuve la oportunidad de hacer danzas norteñas y sureñas en diversos ballets folclóricos. Con mi hermano José decidimos cruzar el charco para bailar en un grupo de Santa Fe. Después volvimos a la querida Paraná. En alguna oportunidad bailé en el Ballet Oficial de la Fiesta Nacional del Mate.

-¿Tenés pensado volver?

-Ahora estoy con proyectos propios en Finlandia, que se terminó gestando a raíz del coronavirus. Mis clases van a empezar la semana que viene. Ya cerré los lazos para arrancar las clases semanales de folclore los miércoles, mientras que los jueves tengo un nuevo proyecto de grupo coreográfico de tango. Así que estoy emprendiendo proyectos nuevos. Además de esto estoy dando vueltas por todo el país brindando clases en la capital Helsinki y en otros puntos como Turku o Tampere. En los grupos de fines de semana que se organizan para hacer los seminarios y workshop tengo un promedio de 12 a 15 parejas. Finlandia no es una comunidad muy grande pero es una sorpresa tener bastantes alumnos.

-¿Te pudiste adaptar?

-Me estoy adaptando todavía. No es fácil y es bastante distinto. Es la primera vez, desde que decidí salir a distintos países, que me estoy radicando en un solo lugar. Es un choque cultural y lo más difícil es el idioma. Estoy estudiando inglés, pero acá hablan en finés, además del inglés.

-¿Algún sueño en lo personal?

-Mi objetivo es tratar de pasar por la mayor cantidad de países llevando nuestra banderita cultural argenta con el tango y el folclore. Eso me lo propuse desde el año pasado, que comencé puntualmente a salir de gira. También tengo mis proyectos a corto plazo como generar shows o espectáculos, sumar gente al tango o al folclore. Lo que más me gustaría es que se termine todo este mal pasar mundial. Ahora pienso en los festivales folclóricos argentinos o el festival mundial de tango que también se hace en Argentina. Deseo poder ir y estar en esos momentos. Ya con eso me alcanza.

Pasaje a Nueva York

Hace cinco años, José Rojas nunca se hubiera imaginado que estaría tan cerca de la Estatua de la Libertad, del Central Park y el famoso Times Square. Pero tampoco se proyectó dando clases de tango, ballet y folclore en Nueva York. El joven de Paraná de 30 años llegó a Estados Unidos luego de haber recibido una beca por un curso de verano y otorgada por la escuela de jazz contemporáneo y ballet. Hoy, es el primer maestro de folclore argentino en las escuelas públicas de Nueva York.

-¿Cómo llegas a trabajar a Estados Unidos?

-Arranqué a los seis años a bailar folclore. A los 21 comencé las clases de ballet en la Escuela Municipal de Danzas de Paraná, en el Teatro 3 de Febrero. Sólo lo hice para tomar técnica y mejorar la estilización folclórica. Al mes y medio estaba bailando con gente del Teatro Colón. Me convencieron e hice la primera obra con el Teatro Colón. A partir de ahí, me enamoré del ballet. Me becaron en el Estudio Olga Ferri, en la Escuela de Danza Contemporánea Arte XXI. Cada tanto, cuando podía juntar dinero, viajaba los fines a semana a tomar clases. En esas idas y venidas a Buenos Aires hubo una audición para el Joffrey Ballet School de Nueva York, justamente para un curso de verano. Me metí sin querer queriendo porque yo empecé muy tarde la técnica. Estaba tomando la audición con gente que había empezado contemporáneo a los cinco años. Había ex bailarines del San Martín, del Teatro Colón. De ahí quedaron sólo cuatro mujeres y dos varones, de los cuales uno era yo. Ahí empezó todo.

-¿Te pudiste adaptar a la ciudad?

-Todavía no hablo inglés. Llegué acá sin hablar nada el idioma. No sabía ni entendía cuando me decían hola. Ahora si entiendo pero no logro hablarlo. Al principio fue difícil sobre todo porque no conocía a nadie. Hubo un momento muy crítico en los inicios, que si hubiese tenido el dinero en mis bolsillos me volvía a la Argentina porque me sentía perdido. Doy gracias y quizás el destino no me dejó tener el dinero en ese momento. Trabajo en escuelas públicas, doy clases y soy el primer maestro de folclore argentino en las escuelas públicas de Nueva York. Me adapté, quizás no de la manera más normal que es comunicándose, sino que lo hice con mi danza.

-Contanos algo más de ese rol docente que llevas adelante...

-Al principio estaba haciendo un workshop y cursos de chacarera. Acá, en las milongas de tango, se está volviendo popular bailar chacarera. Yo trabajo mucho lo que es la chacarera asociada al tango. En Estados Unidos trabajo con el festival más grande de tango en Boston, que dura una semana y soy el único que da la parte de folclore. Dando clases así apareció una maestra, que es crítica de danza para el New York Times y que quería tomar mi curso pero sin hacerlo, es decir, sólo teórico. Terminó la clase y me dijo que trabajaba para el Ballet Hispánico, una institución muy grande y que tiene su propia compañía. Estaban buscando un maestro y le interesaba lo que yo daba. Me ofrecieron ser parte del Ballet Hispánico. Actualmente doy folclore argentino y un poco de tango en las escuelas públicas.

-La familia Rojas lleva en la sangre la pasión por las danzas...

-Mis hermanos empezaron primero y yo lo hice medio rebelde. Al principio yo no quería bailar pero quería viajar. Mi mamá viajaba con mis hermanos a distintas partes del país, hasta que me dijeron: "Si querés viajar, tenés que bailar". Mi primer show fue en Oncativo (Córdoba) con seis años. Creo que bailamos un gato y sacamos el tercer premio. Llegué a estar en la compañía de Pedro Jaime y Elizabeth Gómez. He trabajado en competencia para las compañías de baile de Pergamino, con Martín Fierro de Santa Fe, Santo Tomé, gané en Baradero como pareja y revelación en 2011. Estuve en Cosquín y en infinitos festivales del país. Los Rojas tenemos un poco de disciplina y sueños al mismo tiempo. Jaime, Elizabeth o Fernando Gorosito fueron las figuras paternas de la danza y hoy me gustaría estar a la par de ellos.

-¿Qué anhelos tenés como bailarín?

-Me gustaría volver esporádicamente a mi país para poder trabajar y que la gente que me vio irme como bailarín me reconozca como un profesional. Me gustaría trabajar como jurado, ver a mis compañeros y los alumnos de ellos para poder evaluarlos crítica y constructivamente.

-¿Te abrió la cabeza estar afuera?

-Sí, totalmente. A pesar de que empecé tarde la danza, llegué acá con la idea de que sólo había contemporáneo, ballet y jazz. Cuando arranqué tenía siete materias de jazz diferentes, cuatro de contemporáneo. Me considero un bailarín versátil, siempre me gustó bailar lo que sea mientras sea danza. Hoy también trabajo para una compañía mexicana mezclada con ballet contemporáneo. Llegué a bailar folclore venezolano, colombiano, guatemalteco. Me gusta aprender de todo y siento que todo sirve. Quisiera volver a la Argentina para mostrar lo que he crecido.

-¿Sos exigente cuando salís a escena?

-Soy demasiado autocrítico. Mis maestros me dicen que me exijo mucho a mí mismo. Acá trato de inculcar las danzas del Litoral. Cuando llegué encontré grupos de folclore y siempre era lo mismo: chacarera y gato, con algún escondido a la perdida. Así que traje el chamamé, el tanguito montielero, el rasguido doble.


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