04-11-2020 / La hora más gloriosa

El grito

Un homenaje a Newell's Old Boys, con una pequeña ficción que recorre parte de su rica historia, en el mes de su 117º aniversario.


Ariel Gustavo Pennisi
redaccion@miradorprovincial.com


Aquella era una de esas noches frías de otoño, que quieren parecerse al vecino invierno venidero. La noche del 1 de junio de 1974, era tan fría como las siete noches anteriores. Su vida no era muy agradable, lejos estaban aquellos días de prosperidad laboral.

Poco tenía para calmar su ansiedad, los pesos recaudados del changueo semanal los había gastado en comprar la entrada para lo que consideraba el partido de su vida.

Si se consumaba la derrota, habría un desempate, pero ya no tendría dinero para pagar una entrada. Tenía que ser aquel 2 de junio, no había chances.

Desayunó unos mates y partió al encuentro de sus camaradas de tribuna. Caminando, pasó por el histórico mural que rezaba desde hacia 20 años: "los yankis, los rusos y las potencias reconocen a la libertadora, villa manuelita no".

Nada podía salir mal, Newell's hacía cuatro años que era un equipo fantástico, con la base que formó Miguel Juárez. Había vendido a su figura, Roque Avallay y comprado al mono Oberti. El técnico, si bien era un principiante, había armado un equipo muy lujoso, sin el brasilero Marco, ni canción Montes, que se había roto los ligamentos cruzados. La lesión lo obligó a dejar el fútbol, dirigir la reserva y ante la renuncia en diciembre del vasco Juan Urriolabeitia y la falta de dinero del club, tomar el puesto de Dt.

Nada podía salir mal, si se había logrado el milagroso triunfo 2-1 con San Lorenzo sobre la hora, que le había permitido llegar a la liguilla final. La suerte del campeón estaba del lado leproso. Eso lo tranquilizaba, funcionaba como ansiolítico, había un azar superior que tiraba sus dados para el lado rojinegro.

En el Parque Independencia se juntó con sus camaradas, era uno de los más grandes del grupo y respetados por su aguante a la hora de cantar en apoyo al equipo.

Entre los amigos, se encontraba el Joven retraído, de lenguaje locuaz. Con sus 19 años jugaba de defensor en las inferiores del club. Se lo veía muy nervioso, inquieto y temperamental por el partido.

Mientras el grupo de amigos compartía vinos previos al asado, el retraído miraba al cielo y como si fuera un rezo realizaba su grito sagrado. Hoy se da, repetía y realizaba el grito. Luego callaba y retornaría el ritual con pausas temporales de 15 o 20 minutos, interrumpiendo sus profundos silencios…

Chiche, obrero de la yerbatera Martin, prometió aquella tarde, al escuchar la fuerza de sus gritos, que se casaría con la negrita si se daba la primera estrella. Ella esperaba ansiosa su decisión, compartía también su pasión por el fútbol, pero aquella tarde prefirió vivir el partido por radio mientras corregía los exámenes de la escuela primaria donde ejercía su magisterio.

Nada podía salir mal, las pesadillas de las 4 de la mañana, con un fatídico 0-2, era mitología de un universo tan lejano como inverosímil. El entusiasmo era más fuerte que los intentos extra futboleros para opacar la fiesta.

El cuadrangular final tenía una forma esotérica de ejecución. Los partidos se jugaban en cancha neutral, invirtiendo localías, para evitar aumentar los gastos financieros que el alquiler de un estadio generaba; es decir, Newell's jugaba en cancha de la contra, la contra en cancha de Newell's. Boca, en cancha de Huracán y Huracán en cancha de Boca.

Como el pacto era prestar las canchas, siendo la final entre Newell's y la contra, los dirigentes como acuerdo, sortearon la cancha a disputar el encuentro.

Los fantasmas de una posible cama política, atormentaban a Pipi. La contra tenía apoyo político y se venía notando en cada partido que jugaban. Pero el azar superior estaba de nuestro lado pensaba, si se tenía en cuenta aquel partido con San Lorenzo.

Iban a querer ganar desde el contexto, era ser más visitante que nunca. Pero nada los iba a atemorizar, eran amigos, tenían la bandera con los colores de la revolución, representaban la escuela del fútbol. La escuela merecía lo que se le venía negando y el azar estaba con ellos. Lucubraciones que ya funcionaban como ansiolíticos. Ahora bien, si el azar estaba con ellos, ¿por qué salió sorteada la cancha de la contra para jugar el partido de la vida?

"Nos quieren ganar desde el escritorio, estos dirigentes nos vendieron, son unos traidores, se entregan a la contra. NO, el azar está de nuestro lado, es una simple pesadilla ese 0-2, vamos a darle donde más les duele, le vamos a ganar épicamente y la van a tener que recordar de por vida…"

Allí estaba ella también, la madre de todos. La única mujer que se atrevió a sacar un colectivo para llevar gente, en todo el fútbol argentino. Más espléndida y bella que nunca, allí estaba Amelia, gritando y empujando con sus 44 años. Nada podía salir mal. La procesión al territorio enemigo arrancó cargada de cantos, Amelia abrazaba y mimaba al joven retraído que seguía con sus gritos mirando al cielo.

Camino a la cancha, habló ..

- Hay que tener cuidado, el réferi cobra muchos penales…

El asombro fue generalizado, el éxtasis del grupo de hinchas descontextualizaba con los dichos del serio hombrecito.

Completa su idea minando fijamente la cara de asombro de Chiche.

- De la Casa, es un referí que cobra muchos penales, no hay que tirarse a trabar al piso dentro del área. Ante la duda, cobra penal y pocas veces se equivoca, por manejar el criterio de la estética goleadora. Estimo que cuantos más goles se hacen, más rico es el espectáculo manteniendo viva la esencia del juego, De la Casa defiende esa idea, no hay que tirarse al piso, más jugando en su cancha…

Amelia lo miraba cada vez con más ternura, esa severidad le despertaba el más tierno de los instintos maternos, lo abrazaba y consolaba.

- Nene, sos muy chico para ser tan serio…

Fue ese el momento en que dijo un mensaje íntimo para la señora, se apartó y volvió a con sus gritos y mirando a las alturas...

Nada pasaba en esos primeros minutos. El grupo de amigos miraba sus relojes, querían que todo pase lo más rápido posible, que De la Casa pite el final del primer tiempo, que arranque el segundo sin descanso en lo posible y pite el final del partido. Pero sin que nada altere el resultado actual del 0-0. Cada minuto que pasaba era celebrado como una pequeña victoria. Se trataba de ir ganando pequeñas trincheras hasta poder consumar el objetivo. Un minuto era una trinchera ganada, si el resultado no se alteraba.

Se cantaba, se festejaba sin mirar el partido, lo que importaba era contenerse en una única masa, un anónimo más y hacerse sentir mas que la contra, estar para apoyar a los 11 que estaban batallando, unirse con el de al lado, sin importar quien fuera. Allí un príncipe o un mendigo, valían uno bajo la misma bandera.

Nada pasaba hasta que se ve la pierna de Pavoni cruzando y Cabral caer en el área, son las 16:25 de la tarde…

- ¡Noooo…, no tiren la pierna en el área..! Se los dije, este cobra penales….

16:30, De la Casa es clarito, lo dice fuerte, todo el estadio escucha.

- Es la última jugada, el rebote no vale. Si es gol, termina el primer tiempo, si pega en el palo o la ataja el arquero, el rebote no vale…

- Los contras miran ansiosos, la lepra entera no quiere mirar…

16:31 de la tarde. Gabriel José Arias remata, gol de la contra y final del primer tiempo. No pasaba nada hasta que pasó lo que no tenía que pasar, un infortunio que altera lo que estaba bien y lo altera para ellos, fue la primera puñalada de la tarde.

- ¡A no caerse che, vamos viejo…!

Toma la voz Pipi, "Soy de Newell's, soy de Newell's yo soy…"

Lo sigue toda la gente de la tribuna, para eso estaban, para contenerse y no dejarse arrebatar por el grito de gol de la contra. Para hacerle saber a sus representantes en la cancha, que había terminado el primer tiempo, pero que todavía estaban a un gol de la gloria…

El segundo arranca, y los minutos pasaban pidiendo permiso entre sí. Pase usted, después de usted sin que nada pase, convirtiendo el espectáculo en un hecho antiestético y aburrido.

En la tribuna se miraban y se empujaban al cantar pero, las cosas así no estaban bien, parecían que se entregaban a la peligrosa inercia y eso significaba un partido desempate, nada pasaba..

Pipi mira su hora, son las 17:12 de la tarde.

Luego, mira al campo de juego, alcanza a observar la cabeza de Carlos Daniel Aimar conectar la pelota. La contra lo grita, es la segunda puñalada….

La teoría del azar a favor, enriquecida con la ausencia de Kempes y Poy sucumbía a la peor de las pesadillas del día anterior, 0-2, faltando muy poco. Iban 24 minutos del segundo tiempo, las trincheras a esta altura eran valles. Todo se desvanecía ante la pesadilla de la peor de las tragedias, ¿era acaso una premonición más que una pesadilla?

-¡Vamos, no nos caigamos, che..!

Nadie quería mirar, todos querían que el tiempo se detenga, que los minutos se alarguen, ¿a qué santo pedirle?, ¿estaba el glorioso René Pontoni para ingresar?, ¿cómo se le hace dos goles a un equipo de Griguol?

No, el suplente que entra es Manuel Rosendo Magan, en lugar de Juan Ramón Rocha.

Santiago Santamaría, es llamado quizás por primera vez, a vestirse de héroe, toma la pelota, patea al área que da al arco donde se consuelan los hinchas leprosos, nadie sabe cómo pero Armando Rafael Capurro cabecea, la pelota se levanta y esquiva caprichosamente a Carlos Biasutto, es gol, es el descuento, son las 17:14, es el minuto 26, el pueblo leproso estalla de algarabía, las premoniciones se rompen, todo puede ocurrir…

Como nunca, el vendaval rojinegro copó la zona norte de la ciudad, como nunca, el pueblo leproso inclinó el eje de la tierra favoreciendo la gravedad del área atacada.

-Hay que tirársela a Magan, que te la baja para la zurda. Acota el joven retraído.

Son las 17:24, alguien parece haber escuchado aquellas perdidas palabras, quizás el destinatario de sus gritos al cielo. Alguien pateó al centro del área, Magan la baja para la zurda…

Mario Nicasio Zanabria la agarra de volea, ningún fotógrafo vio cómo hizo la pelota, que ingresó ahí donde nadie puede llegar, la imagen es un recuerdo imborrable de generaciones venideras…

Mario no entenderá lo que acaba de hacer, Mario quiere abrazar a todos, todos abrazan a Mario. Mario sube al alambrado, se mira cara a cara con el representante de todos.

El final consumó la justa espera, eran las 7:32. Los festejos se prolongaron en todo el campo de juego, la gente de la contra estalló en rebeldía contra las fuerzas del orden, heridos, rompían lo que les pertenecía, su propia casa. No soportaron la frustración de la derrota vestida de empate, no soportaron ser parte activa de la imborrable humillación. Solo las grandes almas, viven con dignidad un castigo mitológico. En los días posteriores, se produjo un robo comando en los canales de televisión. En transa política con los mismos, quemaron los archivos fílmicos del partido.

Los distintos diarios borraron las palabras "vuelta", "olímpica" y "campeón" de sus notas.

En su lugar, hablaban de un gol que se produjo tres años antes en cancha de River.

Los artilugios sectarios, sin embargo, nada pudieron con la fuerza de los acontecimientos ocurridos aquella tarde.

El joven retraído, con el pitazo final, se arrodilló y lloró como un niño desaforado. Invadió el campo de juego junto a sus amigos, y por fuerzas del destino, allí estaba nuevamente cara a cara, pero sin alambrado de por medio. Abrazó a Mario y le dijo

-"Bendita sea tu zurda, Mario, bendita sea tu zurda."

Los festejos continuaron a paso de hombre por avenida Avellaneda. Amelia perdió todo tipo de compostura, pero a nadie le importaba, era la madre de todos, allí estaba saltando en el techo de un Dodge 1500 color rojo. La felicidad del conductor era tal, que los rayones se transformaron en bocinazos.

La procesión volvió al lugar de inicio, los festejos continuaron toda la noche en una repleta cancha pero esta vez en la propia casa del Parque Independencia.

Ya con el amanecer a cuesta, Chiche retornó a su casa de pasillo de barrio Martin. Le esperaba una feliz jornada de trabajo, luego, descansaría. A las nueve de la noche, visitaría a su negrita y le ofrecería matrimonio.

Pipi, regresaría a su casa de Villa Manuelita. Tomaría coraje, para recuperar el terreno perdido en las luchas populares.

Amelia, dedicaría su vida a lo que más sabe hacer, cuidar a sus hijos y llevarlos alentando por los rincones más inhóspitos de la patria futbolera. Nunca dejaría de pensar en la promesa que aquel joven retraído le confesó al oído, hasta el día de la fecha recuerda las palabras:

"si se nos da, dedico mi vida a hacer grande esta escuela. Un dedo me corto si me lo piden, para que hoy se nos dé…"

Dieciséis años mas tarde, el joven retraído, con camisa desabrochada, mucha transpiración, le ordenaría a un desconocido que le dé una camiseta de Newell's, en andas y en difíciles tierras porteñas, eternizaría sus rezos, esta vez mirando a la gente…

Chiche, los días de partidos leprosos, juntará a su familia. Preparará el mejor asado. Con los años, la familia se hará más numerosa. Cinco minutos antes del partido, destapará su White Horse, tomará una medida, se irá por el pasillo de su casa hasta llegar a la ochava, girará a su izquierda y se dirigirá al parque. Luego de aquella tarde del 2 de junio, pocas veces volvió a ver un partido de su querido Newell's. Casi como un niño que retiene su objeto más preciado, celoso de nuevos recuerdos que contaminen la excelencia de lo vivido, mirará al cielo durante 90 minutos, recordando cada instante de aquel sufrido encuentro. Agudizará sus sentidos, buscará en el sonido de los pájaros. Buscará en el sonido de los vientos. Será hermoso verlo buscando de lejos. Buscará escuchar la voz del joven retraído, escuchará las dos palabras quebrar el cielo, escuchará ¡Newell's Carajo…!

Nada podía salir mal, Newell's hacía cuatro años que era un equipo fantástico, con la base que formó Miguel Juárez.

Mario Nicasio Zanabria la agarra de volea, ningún fotógrafo vio cómo hizo la pelota, que ingresó ahí donde nadie puede llegar, la imagen es un recuerdo imborrable de generaciones venideras…

Fuentes:
- Revista El Gráfico n° 2.852.
- Entrevista a Mario Zanabria. Realizada por el club Newell's Old Boys, el día 2 de junio de 2020.
- Amelia y Chiche.




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