22-01-2021 / Literatura

El bosque de la vida

Desde su primer poemario, la autora rosarina Cecilia Muñoz interpela al lector desde un oasis de influencias literarias, sin abandonar los dilemas filosóficos de la vida misma.


Cecilia Muñoz es profesora en Letras -estudió en la Universidad Nacional de Rosario- y además de dar clases, coordina diversos talleres literarios. Foto: Gentileza.
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Ariel Gustavo Pennisi
redaccion@miradorprovincial.com


Sola en el bosque es el primer libro de poemas de Cecilia Muñoz, que fue escrito durante el 2017 y el verano del 2018, publicándose en marzo del 2020. La presentación del mismo se llevó a cabo en el centro cultural Atlas, ubicado en Mitre 645 de la ciudad de Rosario, justo en la semana previa al inicio de la cuarentena.

La autora nos cuenta que "iba a salir por una editorial que cerró a mediados del 2018, así que me contacté con Francisca Mauas, de Azul Francia Editorial, a ella le interesó mi libro, fue todo muy rápido, le mandé el archivo y a los 6 meses salió. Tuve la suerte de poder presentarlo en el Complejo Cultural Atlas".

El libro se presenta dividido en tres partes, llevando cada una como título un Haiku -estilo de poema japonés, compuesto por tres versos con un total de diecisiete sílabas- donde cada una de las partes reúne un conjunto de poemas agrupados por temáticas similares. La obra posee un formato circular, siendo el último verso el que otorga el nombre al libro.

El nombre mismo convoca y sensiblemente nos interpela, como todo nombre. ¿Qué hay detrás de las letras que nombran? Dice Jorge Luis Borges en su poema El Golem, "El nombre es el arquetipo de la cosa, en las letras de rosa, está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo".

Me es pertinente evocar al maestro cuya influencia podemos ubicar en este primer poemario de la autora. Y en su nombre encontramos "sola", con todo lo que implica el encadenante de las cuatros letras que la componen, con todo el arquetipo de su significante, sus cadenas. Quizás sea el bosque un laberinto existencial, una metáfora de la vida misma que la autora puede vislumbrar poéticamente, pues en el ecosistema del bosque, toda vida indescifrable confluye en una infinidad de posibilidades, con toda la belleza en acto y potencia, aquella que podemos atesorar bajo la luz del sol pero que se torna indescifrable y aterradora en la oscuridad de la noche. Al bosque de la vida entramos nombrados por otro y en el mejor de los casos es producto del amor, pero, salimos solos, parece muy bien pesquisar con su prosa poética. El bosque mismo o la vida parece ser un laberinto individual, con momentos de amores efímeros cargados de eternas huellas vivenciales, que nos sumergen en la dulce nostalgia de lo extraordinario que jamás sucedió, "el beso que no fue" y emerge en forma de recuerdo dominical.

Gracias a Borges y un poco a la película ochentosa, Laberinto (1986), dirigida por Jim Henson y protagonizada por una joven y siempre hermosa Jennifer Lynn Connelly junto al encantador David Bowie (escribo encantador para no ahogarme en el laberinto de adjetivos que merecidamente le caen), Cecilia Muñoz ama los bosques, ama los laberintos y dedica el bello poema "Laberinto individual", que se encuentra en la primer parte del libro: "Un camino eterno/que dirige y atrapa. /Me entrego inconsciente/y veo:/de sus verdes paredes/ no cuelgan cuadros ni retratos./Mis manos las acarician/ se pinchan, las recorren./Está seco./¿Agua, tierra, fuego, espinas?/Su fin y su comienzo/son la misma cosa."

Habitar el bosque
La profesora de literatura de la Universidad Nacional de Rosario, María R. Simoni escribe el prólogo. En el mismo nos avisa que para la autora "habitar el bosque no es un acto romántico, idílico, sino una disposición del espíritu que reclama la incertidumbre como única certeza", pues Chechu Muñoz, como le gusta que la llamen, nos invita también a eso a medida que nos adentramos en su poesía, al dilema cartesiano que constituye al sujeto moderno, la incertidumbre como única certeza, aunque esta sea la que mas nos cueste asumir, la incertidumbre del amor.

El Haiku que inicia la primer parte del libro reza "el sol veloz/atardece sobre el mar/me quedo sola", reúne ocho bellos poemas, donde el pasado se presenta como perdida constante de lo que alguna vez fuimos viviendo, pasado resumido en un presente cargado de posibilidades, potencia y acto confluyen en la melancolía dolosa del dulce recuerdo, porque siempre vale la pena sumergirse en el bosque, vivir para recordar y potencializar, se potencializa la complejidad de lo simple y lo simple de lo complejo. Cecilia no le teme a la oscuridad del bosque, por momentos la prefiere porque en la eternidad de la noche se puede soñar. Su texto es un oasis de influencias literarias que confluyen en un estilo propio, el poema Insomnio me remite al existencialismo imperante del gran Antonio Di Benedetto, el yo lírico se rinde a la espera de la eterna noche, Bestiario quizás sea en síntesis propia, un poema kafkiano, que invita a interpelar nuestra comodidad cognitiva: "una se acostumbra/ a la morfología propia/ por eso nos espantan/las formas ajenas:/las ocho patas,/los dientes afilados/los cuerpos peludos/o llenos de escamas./ si nos despertáramos/ transformadas en nuestras fobias,/ ¿tendríamos el valor de levantarnos?/¿quién nos alimentaria día a día?(…)".

El segundo Haiku que vertebra al libro sella "El frío cruel/la noche solitaria/nada es real", reúne nueve poemas en el nudo propio de la obra y como su Haiku avisa, es el conjunto de poemas más filosófico o cartesiano, está habitado por lugares además del bosque de la vida. Aquellos lugares que con su simpleza hacen huellas, una esquina, un patio o un simple balcón. Habitamos lugares, ellos nos habitan, ahí nos soñamos, nos presentamos, nos amamos, nos despedimos, nos recordamos y atesoramos, pero una es la certeza, estamos ahí, desapareciendo ante la finitud de la existencia, "(…) durante la infancia/ somos eternos y ésa es la única libertad".

La tercera y última parte, nos regala un hermoso Haiku, "Nada queda/ en la montaña fría/ salvo tus ojos", quizás las sensaciones evocadas al leer este fragmento sea una verdad revelada, que nunca el otro amado es lo que pensamos, sentimos, anhelamos, disfrutamos, sino una creación propia de quien ama. Necesaria creación para vivir nuestros propios bosques, nuestras propias vidas a pesar de lo alocada e irracional que la creación sea, pues el bosque esta lleno de posibilidades.

Culmina el bello poemario con el poema nombrado en forma de pregunta, ¿Lobo, estás? El título mismo resume quizás toda la filosofía del amor, pues esa creación puede ser un lobo que nos sumerja en un bosque ante el cual nos enfrentamos en soledad. Es el último poema, aquel que le da nombre al libro y una estructura circular, con vuelo propio, porque la autora logra la afirmación de su propia voz literaria en esta, su primera obra.

Contratapa


La realiza Alejandra Méndez Bujonok quien colabora en la corrección de los poemas. Alejandra es coordinadora del ciclo de Poesía Argentina, en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez. También es coordinadora del área de letras del Complejo Cultural Atlas. Es psicóloga egresada de la Facultad de Psicología (U.N.R).

Bio

Cecilia Muñoz es profesora de letras, egresada de la Facultad de Humanidades y artes de la Universidad Nacional de Rosario (U.N.R). Es profesora de lengua y literatura de nivel secundario en el Colegio Dante Alighieri de la ciudad de Rosario. Coordina talleres literarios en el colegio Español de la ciudad de Rosario. Es coordinadora de talleres literarios para distintas edades en distintos espacios de la ciudad de Rosario.

Cecilia "Chechu" Muñoz, en primera persona

Cuenta en diálogo con Mirador: "Estudié letras en la UNR, me recibí en el 2010, desde ahí que doy clases en la escuela media y talleres literarios para todas las edades", si bien en sus obras se puede pesquisar un oasis de influencias literarias, afirma: "mis influencias estuvieron muy marcadas por mi casa y por la escuela donde fui, fui a la escuela Integral de Fisherton, que le daba mucha importancia a la lectura y la literatura en sí. Posee una linda biblioteca y teníamos horas de lecturas que solía aprovechar debajo del roble que tiene en su patio. Tenía horas de redacción, escritura, eso fue muy inspirador para mí. De chica me gustaban los cuentos, sobre todo los de terror, Elsa Bornemann, Horacio Quiroga, Manuel Mujica Láinez. En mi casa siempre se leyó mucho, en la adolescencia me encontré con los típicos de poesía para todo adolescente, como Neruda, Benedetti. Mi encuentro con la poesía fue durante la adolescencia, después vino Alejandra Pizarnik y tantos otros que conocí en mis estudios de letras. A partir de ahí empecé a escribir poesías, mi primer poema es de esa época, lo tengo guardado, es inédito y siempre lo será."

Durante el 2020, de junio a diciembre coordinó vía Instagram el ciclo de lectura "Vivos de miedo", una de las tantas formas de encuentros en épocas de pandemia. En el mismo participó como invitado Pablo Bagnato, quien es el editor de Miércoles 14 ediciones, editorial rosarina que se encarga principalmente de publicar libros ilustrados, lo que permitió darle forma impresa al próximo proyecto editorial que seguramente saldrá en marzo de este año. Del ciclo y del proyecto participa Selva Almada, entre otros. Será una antología de 13 textos, trabajados en el taller con ilustraciones a cargo de Juliana Leiva.




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