Petiso, el canillita que se ganó el cariño de una ciudad

Arturo Álvarez tiene 64 años y se convirtió en una de las personas más conocidas de General Ramírez. Durante varios años, se desempeñó como vendedor de diarios y revistas, un oficio que le permitió incorporarse a la comunidad. A pesar de su discapacidad, el ferviente hincha del Club Roma entendió que no hay obstáculos para cumplir los sueños. En 1990, la Cámara Junior Rosarina le entregó un reconocimiento por ser ejemplo de superación constante.

Petiso junto a su hermana Bety. Foto: José Prinsich
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01-04-2021 / Día Mundial del Síndrome de Down
José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com

Sentado en su sillón rojo y con el equipo de mate listo para ser cebado, Arturo Ernesto Álvarez recordó con emoción su etapa como canillita. A través de la venta de diarios y revistas, caminando las calles de General Ramírez durante varias horas, Petiso no sólo se hizo conocido en la comunidad sino que además se ganó rápidamente el cariño de la gente.

El repartidor de 64 años nació con Síndrome de Down y a pesar de las dificultades de la vida, logró superar todas las barreras que se le presentaron en el camino, venciendo los estereotipos vinculados a una persona con discapacidad. Con mucho esmero y responsabilidad, se adaptó al mundo, aprendió nuevas tareas y se vinculó con personas.

Un día normal

La rutina de Petiso se transformó hace más de trece años, cuando tomó la decisión de abandonar el oficio que tanto quería para cuidar a su papá, quien padecía de problemas del corazón. La idea de colgar los botines, después de tantos años, no fue fácil de digerir aunque la salud de su familia era la prioridad. El hombre de la Capital Provincial de la Juventud cumplió a raja tabla su labor y lo cuidó hasta la hora de su partida.

A partir de aquel día, Arturo trató de adaptarse a la normalidad, siempre predispuesto y con ganas de salir adelante. Por la mañana, como es costumbre, ordena su casa y realiza algunos quehaceres domésticos junto a los mandados que le solicita su hermana Bety. Al mediodía, se posiciona frente al televisor para mirar algún programa que lo entretenga. El Zorro o las aventuras de Jim West están entre sus favoritos. Cada cierto tiempo, mira su reloj de pulsera para constatar la llegada del almuerzo y poder comer con su hermana.

En un cajón del aparador, se encuentran sus materiales discográficos preferidos: El Chaqueño Palavecino, Los Daltón (autografiado por uno de los integrantes del grupo), Cumbietón. A unos pocos metros, está su radio y la gorra que le obsequiaron de El Diario, de Paraná. A su vez, algunos objetos que se encuentran en su casa, dan cuenta de su fanatismo hacia el Club Atlético Boca Juniors.

La llegada de la pandemia también modificó su cotidianidad, acostumbrado a pasear por las calles de la ciudad, donde era saludado por los vecinos. Ahora, el ramirense trata de sobrellevar la situación un poco más resguardado, tratando de cuidarse lo más que se pueda.

Sus comienzos

Arturo Álvarez llegó al mundo el 15 de noviembre de 1956. Su mamá era ama de casa y su papá, pintor. A los 6 años, hizo el primer grado común en la Escuela N° 13 "Blanco Encalada" y de allí fue derivado a la Escuela N° 5 Alborada. "Al principio, mis viejos no se convencían. Lo llevaron a todos lados con distintos médicos para tratarlo", expresó Bety al recordar el momento en el que sus padres se enteraron de que Petiso tenía Síndrome de Down. "Él es una persona normal, que hace una vida como cualquiera", agregó orgullosa.

Se levantaba temprano para ayudarle a su madre en la limpieza del hogar y ordenar su pequeño cuarto. Le gustaba mucho jugar al futbol en el potrero del barrio. Todos lo esperaban y si no venía, lo iban a buscar. En los ratos libres, le tocaba la guitarra a sus sobrinos para que bailen. Durante la noche, escribía letras sueltas o dibujaba lo primero que se le venía a la mente.

El domingo era el día de descanso y aprovechaba para ir a ver alguna disciplina al Centro Polideportivo Municipal. Por herencia familiar se hizo hincha del Club Atlético y Deportivo Roma. Su fanatismo es tal que no se pierde ningún partido donde el romano juegue de local y hasta tiene guardadas las camisetas oficiales del plantel de Primera División. Por la noche, con mucha devoción, solía asistir a la misa de la parroquia. El primer banco era su lugar fijo. A veces, el futbol y la religión tenían los mismos horarios y Petiso, con toda sinceridad, le argumentaba a los feligreses: "Hoy no vine a misa porque fui a verlo a Roma".

Los números comenzaron a formar parte de su vida gracias a la ayuda de Bety. Ella junto a su esposo estaban encargados de la cantina del Club Roma. El futuro canillita, con tan sólo 17 años, organizaba las botellas y salía a vender rifas por las casas. Al principio, le costó adaptarse al manejo del dinero pero se lo enseñaron mediante juegos de compra y venta. Su padre, que tenía árboles frutales en el patio de su casa, le entregaba una canasta llena para que le ofreciera a los ciudadanos.

El arte de repartir

Hace algunas décadas atrás, una ordenanza municipal prohibía la venta ambulante en la localidad. La mamá de Petiso, debido a esta circunstancia, habló con la dueña del kiosco Nenino para que le permitiera comercializar algunos periódicos. En ese momento, era el único local que traía diarios y revistas.

La jornada comenzaba, todos los días, a las ocho. Con un ritmo pausado, se dirigía hasta la terminal de ómnibus para retirar los ejemplares y llevarlos luego a la tienda. Desde allí, emprendía su habitual recorrido. Cerca del mediodía, regresaba a sus pagos para luego, de 15 a 20, seguir con la actividad. Sus primeras ventas despertaron grandes alegrías en el joven entrerriano, que llegaba a su hogar con las monedas en la mano.

Con el carrito de aluminio en la mano, donde depositaba toda la mercadería, y la riñonera en la cintura, Petiso realizaba el circuito del canillita. Todos los clientes estaban anotados en una agenda. Las cobranzas las hacía él. Con el paso del tiempo, fue adquiriendo un mejor manejo del dinero. Si quedaba algún pago pendiente, le avisaba a la responsable del negocio, quien se encargaba de las cuentas. Inés Marina "Ysel" Gómez, de Nenino, destacó su sinceridad y honestidad, además de ser una buena persona.

No hubo condición meteorológica que le impidiese desempeñarse en esta labor. Con mucho calor o con intensas lluvias, los diarios llegaban sanos y a salvo a cada hogar. Los ramirenses valoraron mucho la personalidad, el carisma y las ganas de trabajar de Petiso.

"El arrancó por necesidad de mis viejos. Era una ´changuita`, unos pesos que le entraban. Petiso vendía mucho pero lamentablemente también lo jodían porque anotaban y después no pagaban. Aunque él se acordaba de las caras de todos. Era muy constante. Él es conocido por todos, por eso acá en Ramírez no se va a perder. Recuerdo que en una oportunidad estuvo anémico y tuvimos que hacerle transfusión de sangre. Pusimos en el canal que necesitábamos sangre y enseguida conseguimos los dadores. Con la pandemia, la gente de los locales comerciales lo extrañó, especialmente los lugares donde él vendía los diarios. Es una excelente persona. No tiene maldad, es todo corazón", culminó la señora Álvarez.

El reconocimiento

El miércoles 31 de octubre de 1990, los padres de Arturo recibieron un telegrama que produjo mucha alegría en la familia. Su hijo había sido galardonado por la Cámara Junior Rosarina como el joven con discapacidad más sobresaliente del país. La mencionada cámara ha premiado, durante muchos años, a diversas personas por el esfuerzo y la dedicación. El personal de la Escuela N° 5 Alborada, que juntó más de 370 firmas, consideró que Petiso reunió todas las características para quedarse con la premiación. El viernes 9 de noviembre, en el Patio de la Madera de Rosario, recibió el título acompañado de su familia y amigos. Raúl Portal, reconocido conductor de radio y televisión, le hizo la entrega.

Una fecha para recordar

El Día Mundial del Síndrome de Down se celebra el 21 de marzo desde el año 2012 por un decreto establecido en las Naciones Unidas. El principal objetivo de esta celebración es crear conciencia - dentro de la sociedad -del valor que tienen estas personas, a pesar de su discapacidad intelectual. En este sentido se pretende revindicar sus aportes, derechos e independencia para la toma de sus propias decisiones y crecimiento personal.

El Síndrome de Down es una combinación cromosómica natural que siempre ha formado parte de la condición humana y que existe en todas las regiones del mundo. No es una enfermedad como la mayoría de las personas creen. Se trata de una condición, que ocurre cuando aparee una alteración genética en los cromosomas. Lo normal es que las personas al nacer tengan 46 cromosomas, pero en el caso de los recién nacidos con Down, este número es mayor. Todavía no hay explicación de por qué existe material genético extra en estas personas, aunque se sospecha que puede deberse a un proceso de división defectuoso que da como resultado un cromosoma más, llamado trisomía 21.

El día 21 del mes 3 del año se usa para simbolizar esa trisomía. Por eso se eligió esa fecha. La consecuencia más evidente es un desarrollo incompleto a nivel cerebral, que provoca discapacidad intelectual y algunos trastornos físicos, que afectan el sistema digestivo y también provoca daños en el corazón.


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