Reclamo

Unidos por el puente y el corazón, separados por un cierre de fronteras sin fin

Hay pocos kilómetros de distancia entre Concordia y Salto, y están conectados por historias familiares, amorosas y laborales. A más de un año del cierre del paso fronterizo, piden que hagan una consideración especial a quienes necesitan pasar para recuperar sus vínculos. Les ofrecen una alternativa que suena poco viable.

Son más de 200 personas las que se agruparon y conforman el grupo Puente, que se formó espontáneamente para buscar una solución al cierre del paso que une ambas ciudades.
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11-04-2021 | 19:20
Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com

Son muchas las historias desconocidas de desarraigo, dolor y lucha, que hay detrás de una pandemia que obligó a cambiar comportamientos. Entre Salto (la ciudad del país uruguayo) y Concordia (del lado argentino) hay una relación que solo comprenden quienes habitan en ambos lados del río. No parecen ser naciones distintas, sino un solo lugar.

La unidad no queda solo en el discurso, ni en los proyectos que llevan a cabo de manera conjunta. Un número elevado de personas viven, trabajan, estudian, reciben atención médica, perciben sus jubilaciones y también tienen familia, parejas y amigos del otro lado del río Uruguay. Eso lleva a que, hace algunos meses, reclamen una flexibilización en la restricción de paso impuesta en la frontera.

A través de la disposición Nº 763/2021 publicada en el Boletín Oficial, el gobierno suspendió de forma transitoria el ingreso terrestre a la Argentina sin ningún tipo de excepción. Hasta ahora, solo estaban habilitados para regresar los residentes que hubieran viajado a países limítrofes antes del 25 de diciembre.

Este cierre afecta a los residentes en Concordia y Salto, unidas por el puente de Salto Grande, que usualmente deben recorrer poco más de 30 kilómetros para pasar de un lado al otro. Al estar impedido este paso, la opción que tienen es la de hacer un trayecto mucho más largo, de unos 1.100 kilómetros ¿El modo? exclusivamente en ferry o avión.

Lo que antes les llevaba una hora y algunos litros de nafta, ahora les significa una inversión mucho mayor y no lo encuentran viable. Desde el cierre de la frontera, hicieron varios pedidos a los gobiernos de Argentina y Uruguay, pero nunca obtuvieron respuesta.

"La vida se nos va, literalmente", aseguran quienes esperan por una decisión mientras ven partir familiares y no pueden despedirlos, o se pierden el nacimiento de nuevos integrantes de la familia, chances de rendir exámenes, continuar tratamientos o cobrar por trabajos realizados.

Desde el principio, el grupo que reclama pidió permisos especiales. Están dispuestos a cumplir con protocolos, cuarentenas y todo lo que ambos gobiernos decidan. Aún habiendo propuesto ideas, nunca obtuvieron un buen resultado. Sienten que su salud física y mental están deterioradas. Vieron pasar cumpleaños, fiestas, vieron llegar un nuevo año y confían en que, a pesar de la pandemia, habrá algún cambio que les permita recuperar al menos un poco del tiempo perdido.

Sin respuestas

Son más de 200 personas las que se agruparon y conforman el grupo Puente, que se formó espontáneamente para buscar una solución al cierre del paso que une ambas ciudades. "Nos consideramos ciudadanos binacionales, es lo que somos, tendría que haber alguna consideración para nosotros", repiten quienes suelen hacer concentraciones en las cabeceras de la frontera para ser vistos y escuchados.

Yanina Tamaño es parte del grupo que pide una solución. Vive en Concordia y su esposo, en Salto. Desde el cierre de frontera no pueden verse, y en medio del problema, la mujer se quedó de un lado del río, mientras sus dos hijos están con su papá.

En diálogo con Mirador Entre Ríos, contó: "Estoy casada con un uruguayo. Nosotros vivíamos en un lado y en otro, porque trabajamos en cada lugar, así que teníamos dos casas, una en Uruguay y otra en Argentina" agregó: "Esto nos partió al medio. Él tuvo que dejar de trabajar en Argentina, hace un año que no lo hace y yo tengo que quedarme en Concordia porque tengo que sostener la casa, pagar los impuestos y además tengo una hija acá también".

"Hace un año los argentinos y uruguayos que tenemos una relación laboral pedimos un protocolo especial. El mismo protocolo que le permite pasar al camionero que traslada palos o alimentos queríamos que aplicaran con nosotros, porque también estamos trabajando, pero no nos dieron una respuesta. Es frustrante", aseguró.

Separación y dolor

La situación de la familia es compleja. De pronto, además de ver interrumpidas sus actividades laborales, vieron también cortadas las posibilidades de seguir viviendo juntos. Para las fiestas de fin de año, los hijos de la pareja viajaron a Uruguay a reencontrarse con su padre y aún no volvieron. "Mis hijos más chicos, que tienen 9 y 11 años, iban a la escuela en Concordia así que viajaron en diciembre a pasar las fiestas con su padre. Yo por un tema de salud tuve que viajar a Buenos Aires así que no pude ir. Ahora ellos no pudieron volver. Hace 5 meses que no veo a mis hijos, estoy bajo un tratamiento y por eso no pude ir, pero nada conmueve a quienes toman las decisiones", contó.

El impedimento de volver se da por una cuestión sencilla: en medio de la crisis es imposible costear los gastos para poder viajar desde Uruguay a Argentina por los únicos medios habilitados. "Se hace imposible pagar la vuelta. Para volver, los chicos tendrían que ir desde Salto, que nos queda a 35 kilómetros, hasta Montevideo en colectivo, eso costaría 7 mil pesos argentinos cada uno, luego tienen que hacerse un hisopado que sale 100 dólares por persona y luego de eso deben tomar el Buquebus, que cuesta 20 mil pesos per cápita. Cuando llegan a Buenos Aires deben tomar un colectivo que saldría 3 mil pesos cada uno. Por lo tanto es imposible", dijo la concordiense y expresó: "Yo propongo que se busquen los mecanismos, que se busque la manera. Es imposible que nos digan que es por una cuestión de cuidados, porque si los hacen viajar en micro, luego en ferry, luego en colectivo de nuevo no se están cuidando, es más peligroso que pasar la frontera en un vehículo propio".

Casos como el de Yanina hay muchos. Parejas que se despidieron por videollamada, personas que se enfermaron y no tuvieron compañía, familias que no pudieron despedir a un miembro que falleció, trabajos sin realizar y un sinfín de actividades truncas. Lo que piden, además de la flexibilización, es "un poco de humanidad". "Esta es una medida desmedida. Hay muchas situaciones, por ejemplo, una mujer que hace 49 años vive en Concordia, pero su mamá está en Uruguay. Ella vende comida y trabaja en casas de familia. Cruzó a Salto para ver a su madre. Su esposo diabético se contagió del virus, entonces pidió para pasar a Concordia, comprobó que no tenía los medios para volver y le dijeron que era imposible. Las cuestiones humanitarias no están", sentenció.

Desde siempre, Concordia y Salto parecen ser una sola ciudad. Más allá del límite geográfico y de los papeles que indican que pertenecen a países distintos, en ambas márgenes perciben la vida conjunta como algo natural. Para quienes toman decisiones en Buenos Aires y Montevideo, esto parece ser algo difícil de entender. "No tienen idea de cómo es nuestra vida. Pusimos de ejemplo para ellos que la distancia entre nuestras ciudades es la misma que hay entre Vicente López y Lanús, pero se les hace difícil entender. En Buenos Aires no tienen idea de lo que es vivir de manera binacional. Acá todos conocemos a alguien que vino de Uruguay, o que es hijo o nieto de uruguayos. La vida en la rivera es así, nosotros tenemos más que ver con un salteño que con un santafesino, pero no lo entienden", aseguró Tamaño.

"No tiene sentido lo que hacen, no tienen cerebro ni corazón. Nos responden que es por cuidado, pero es riesgoso hacer 1100 kilómetros y pasar por varios lugares, en varios medios de transporte, cuando podríamos hacerlo de manera particular, con los hisopados que piden. Si demuestro que tengo dos hijos de 9 y 11 años y que necesito verlos, no pueden decirme eso", dijo, y agregó: "Los chicos no pudieron estar el año pasado con el papá, y ahora no pueden estar con su mamá. Siquiera respetan los derechos del niño".

La espera se hace larga, la paciencia es poca y la frontera cerrada se convierte en un problema que deja en segundo plano a la pandemia. El grupo que tiene como nombre el del símbolo de unión entre ciudades sigue aguardando el momento en que una decisión les permita retomar con todo lo que quedó congelado hace más de un año.


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