Pioneros

Faros de la Educación: Colegio Nacional del Uruguay y Escuela Normal del Paraná

El Colegio Histórico, secundario y laico más antiguo del país y la Escuela Normal, primera escuela Normal de Argentina y de Sudamérica donde además nació el jardín de infantes, han sido fundamentales para la formación de científicos, dirigentes políticos, militares y educadores.

El edificio original del Colegio Nacional del Uruguay se pensó de forma coherente con los gustos de la época, un clasicismo con influencia del neorrenacimiento italiano.
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12-04-2021 | 20:29
Mariana Melhem
redaccion-er@miradorprovincial.com

Ambas instituciones funcionaron en edificios confederales que luego demandaron ampliaciones y hasta sustitución para adaptarse a las nuevas funciones.

Además del carácter pionero en materia educativa, estos establecimientos propiciaron el surgimiento de entidades cooperadoras y culturales de apoyo a los estudiantes que aportaron para sustento habitacional, alimentario, de útiles y libros; a la par de constituirse en “puente” entre los ingresantes y los egresados, que permanecieron en contacto mucho tiempo después de graduados.

En la costa este

El Colegio Nacional del Uruguay inició sus actividades en 1849 como colegio particular, pasando a ser oficial a partir de 1851 al integrar a los alumnos del Colegio de Estudios Preparatorios de Paraná (que había cerrado sus puertas), a jóvenes previamente formados de Gualeguaychú, Concordia y de la misma Concepción bajo un sistema de internado.

Fue monitoreado por Justo José de Urquiza, quien lo consideraba como “su único heredero”. El prestigio del cuerpo docente, entre los que se hallaba el destacado francés Dr. Alberto Larroque, hizo que en poco tiempo fuera considerado como uno de los establecimientos más doctos de la Confederación. Hacia 1854 el plan de estudios estaba compuesto por materias como: latinidad, matemáticas, teneduría de libros, idioma francés e inglés, jurisprudencia y música. Más tarde se incorporaron las orientaciones en comercio y letras, y las carreras universitarias de jurisprudencia y armas. Para 1912 se destacaban entre sus instalaciones los gabinetes de historia natural, física y el laboratorio químico, equipados con modernos aparatos como linterna de proyecciones luminosas y poderoso microscopio, junto a valiosas colecciones minerales, vegetales y zoológicas. Los estudiantes se formaban en ciencia con clases experimentales que complementaban con el estudio de dibujo para ilustrar dichas prácticas. La biblioteca contenía los volúmenes de la Biblioteca Nacional, Biblioteca Urquiza y Biblioteca Larroque sumando cerca de siete mil libros, encuadernados por estudiantes en el taller del propio Colegio.

Allí se graduaron presidentes de Argentina, Paraguay y Uruguay; también cursó sus estudios secundarios Teresa Ratto, primera mujer egresada, que más tarde obtuvo el título de Médica en la Universidad de Buenos Aires, siendo una de las primeras de todo el país.

El edificio

En una carta de 1849, el General Urquiza expresaba: “Éste debe ser, (…) un edificio capaz de admitir más de quinientos jóvenes; aunque él hoy no se haga todo entero, se acabará andando el tiempo, y su plano debe ser (…) levantado por un arquitecto inteligente y científico”.

Siguiendo estas consideraciones el proyecto fue encomendado al arquitecto francés Pedro Renom, quien concluyó los planos para el mes de octubre, iniciándose inmediatamente las obras. El edificio original se pensó de forma coherente con los gustos de la época, un clasicismo con influencia del neorrenacimiento italiano, desarrollado en una sola planta y mirador de tres cuerpos que dominaba todo el conjunto. Ocupaba media manzana y estaba organizado en torno a un patio central con galerías donde se disponían las aulas, oficinas, salón de actos y demás dependencias. El acceso se daba en el frente principal sobre Plaza Ramírez.

Hacia 1880 se agregó un primer piso, sobre la fachada y entre 1935 y 1942, fue refaccionado y ampliado hasta ocupar el total de la manzana. Se demolió tres cuartas partes de la obra original, de la que quedaron los grandes salones del frente, la escalera y el mirador. El nuevo edificio, a cargo del arquitecto Pelayo Sainz, fue adosado a la parte considerada de mayor valor histórico.

En la costa oeste

Escuela Normal Superior José María Torres: en 1870 el presidente Sarmiento, a través de un Decreto que refrenda Avellaneda, fundó en Paraná la primera Escuela Normal del país con la misión de “formar maestros competentes para las escuelas comunes”. En el mismo decreto se establecía que debía constar de un Curso Normal de cuatro años de duración y una Escuela Modelo de Aplicación de seis grados y mixta, a instalarse en el edificio de la ex Casa de Gobierno de la Confederación.

Para ejercer el cargo de Director fue contratado, desde Estados Unidos, el Sr. Jorge A. Stearns, iniciándose las actividades el 16 de agosto de 1871 con dos profesores y más de veinte alumnos en el curso Normal. El Director organizó la primera forma sistemática en la práctica de la enseñanza y de la crítica pedagógica, la implantación de métodos intuitivos y experimentales en las ciencias naturales y físico-químicas; la reglamentación de un sistema de becas y el fomento de actividades que generen un vínculo con la sociedad.

Le sucedió en la dirección el Sr. José María Torres, quien resultó determinante en el posicionamiento de la institución en la formación normalista.

En 1924 contaba con cincuenta profesores y más de mil cien estudiantes, de ambos sexos, matriculados.
Al iniciarse la década de 1930, se crea el Instituto del Profesorado y con ello se construye el nuevo edificio sustituyendo a la antigua Casa de Gobierno.

Para el proyecto, realizado en las oficinas técnicas de la Nación, se optó por un partido compacto compuesto por subsuelo, planta baja y dos pisos altos. La organización se realizó en torno a dos patios rodeados por aulas y unidos, en planta baja, a través de galerías y un patio cubierto. Sobre este, en el primer piso, se ubica el Salón de Actos, con bandeja elevada balconeando sobre la platea.

La fachada de composición clásica, si bien es sobria, tiende al monumentalismo puesto en relieve con las mansardas que se elevan en las ochavas en coincidencia con los portales de acceso, que diferencian los niveles educativos. Sobre las calles Corrientes y Andrés Pazos, la fachada se repliega generando patios que permiten ventilar los subsuelos. Llama la atención la cúpula del observatorio que emerge sobre el conjunto.

Monumentos nacionales

Desde 1942, el Colegio Nacional del Uruguay es Monumento Histórico Nacional. En tanto, la Escuela Normal de Paraná, por sus atributos, es Monumento Histórico Nacional desde 2009.


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