Entrevista

Visibilidad y protagonismo de mujeres en la literatura

Con la obra No es un río, la escritora entrerriana Selva Almada se convirtió en una de las doce finalistas de la IV edición del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Se presentaron 412 novelas de diversos países y el ganador se llevará cien mil dólares. En diálogo con MIRADOR ENTRE RÍOS, la autora oriunda de Villa Elisa habló sobre el proceso creativo, la trilogía accidental y su amistad con Dolores Reyes, que también logró quedar nominada.

Selva Almada, finalista del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.
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29-04-2021 | 20:39
José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com

Hace veinte años que Selva Almada vive en Buenos Aires. A pesar de la distancia y el desarraigo, el vínculo de la escritora con su provincia natal está intacto, al punto que le sirvió de inspiración para su última novela. La entrerriana nacida en Villa Elisa se convirtió en una de las autoras más buscadas –a la vez que leídas– de los últimos tiempos, con un estilo simple y directo, de una marca absoluta que llegó a trascender las fronteras.

En No es un río, Selva vuelve a apropiarse no sólo del paisaje sino también del universo de varones con sus modos de solidaridad, de amar y de sentir la traición. Como en El viento que arrasa y Ladrilleros, la novelista cuida cada detalle. Los renglones de esas 136 páginas mantienen la armonía justa y necesaria; mientras que los signos de puntuación sostienen la respiración del lector en todo momento. La trama narrativa alterna el pasado y el presente. La revelación de un secreto, interpretado como una traición desde la perspectiva masculina, desata la tragedia. Nada queda librado al azar. Así de exigente es la prosa de Almada, que una vez más vuelve a posicionar su nombre en la literatura argentina y latinoamericana.

Su más reciente obra, publicada por Literatura Random House, fue nominada al Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. De esta manera se transformó en una de las doce finalistas, seleccionadas entre 412 novelas de América Latina y España. El jurado tendrá la noble tarea de seleccionar cinco novelas, cuyos autores participarán de las actividades de la Bienal, organizada conjuntamente por la Cátedra Vargas Llosa y la Fundación Universidad de Guadalajara. Los resultados de este premio, dotado de cien mil dólares, se darán a conocer durante la Bienal, que tendrá lugar en México del 23 al 26 de septiembre bajo el lema “La literatura, último refugio de la libertad”.

“Es una novela que habla sobre la amistad y el conflicto, sobre los vínculos entre amigos, amantes, madres e hijas, tíos, vecinos y conocidos. Habla del amor, pero también de la disputa entre los locales –los que reconocen el monte con ojos cerrados– y los que lo visitan, no muy lejanos de esa geografía”, definió la escritora sobre su último libro.

Alegría

–¿Esperabas la noticia de la nominación?

–No esperaba estar nominada. Mandamos la novela con la editora y la agencia, pero tampoco sabía cuándo se definía la lista larga, así que me tomó un poco por sorpresa. Cuando me llamó Leila Guerriero, presidenta del jurado, para decirme que había quedado entre los 12 finalistas fue una sorpresa y obviamente una alegría porque siempre está bueno estar nominado a un premio tan importante. Tampoco sabía cuántas novelas habían participado. Me enteré después que habían sido más de 400.

–¿Tiene un sabor especial el hecho de que hayan sido nominadas dos argentinas?

–Más que el hecho de ser dos argentinas, el sabor especial es que con Dolores Reyes somos amigas y nos conocemos de hace muchos años. En realidad, la gracia está ahí, en compartir la lista larga con una amiga. Su libro Cometierra fue uno de los mejores libros de 2019, que causó muchísima sensación porque es una escritora nueva e inmediatamente tuvo repercusión y lectores. Me pone contenta compartir esta nominación con ella.

Proceso

–¿Cómo fue el proceso de creación de No es un río?

–La escritura de la novela a mí me llevó muchos años. En principio puedo decir que fue un proceso muy largo, que tuvo muchas interrupciones en el medio. No es que estuve siete años para escribir esta novela, todos los días sentada en la computadora. La empecé en el 2013 y la dejé para escribir Chicas Muertas. Después la retomé nuevamente. No me gustó, la inicié de nuevo. Estuve mucho tiempo buscándole el tono. Luego volví a interrumpirla para escribir El mono en el remolino, notas sobre el rodaje de Zama, la película de Lucrecia Martel. Más allá de que abandonara y pasaran meses sin que abriera el archivo, tenía presente su universo y personajes. Cuando volví a encararla con la intención de terminarla –que fue en el verano de 2020– tenía tan presente a los personajes. Había estado pensando tanto en la trama durante tanto tiempo que después fue sentarme a escribir. Uno no escribe cuando está sentado frente a una computadora, sino que –cuando estás en un proyecto de largo aliento como es una novela y que te entusiasma mucho– estás escribiendo antes de estar escribiendo. O estás escribiendo sin sentarte a escribir porque hay algo trabajando en tu cabeza permanentemente. Eso me pasó con No es un río.

–Sin querer queriendo terminaste armando una trilogía. ¿Cómo se gestó eso?

–Es una trilogía accidental, no fue pensada como tal. Cuando yo escribí la primera de las tres novelas –El viento que arrasa– ni siquiera esperaba escribir una novela. La idea de trilogía apareció cuando empecé con No es un río, al visualizar a los personajes y ese universo de la isla, de las excursiones de pesca que hacen los varones en las provincias. Ahí apareció la idea. Esta novela tenía que ver con Ladrilleros y con El viento que arrasa, no en el sentido de una trilogía convencional porque claramente estas novelas se pueden leer de manera independiente. Ninguna de las tres comparte personajes y ni siquiera un territorio geográfico, porque las dos primeras están ambientadas en el Chaco y la última está ambientada en Entre Ríos. A pesar de ello, hay una especie de vasos comunicantes entre las tres y esos vasos comunicantes tienen que ver con el universo de la masculinidad.

Tiempos

–En 2012 publicaste tu primera novela, El viento que arrasa. ¿Hubo algún cambio en aquella Selva? ¿Se transformaron los modos de escribir?

–Esa novela fue la que a mí me abrió la puerta a muchísimos lectores, que yo no tenía en ese momento. En 2012 ya había publicado Una chica de provincia, un libro de cuentos. También había publicado un libro de poemas y otro de relatos. Pero habían pasado bastante desapercibidos. El viento que arrasa me trajo mucha visibilidad, exposición, viajes y festivales. Todas esas cuestiones te modifican los tiempos de escritura. Todo el tiempo libre que tenía era para la escritura. Yo pasé de tener un trabajo que nada tenía que ver con la escritura a trabajar con cosas que están estrechamente ligadas a la escritura: los talleres literarios, las charlas, las participaciones en ferias y festivales, los guiones de cine, la escritura de guiones. Todo eso que tiene que ver con la escritura –aunque no sea escribir libros– y que tiene que ver con mi trabajo, me insume muchísimo tiempo, que es tiempo que le robo a la escritura de libros, que es lo que más me gusta.

–¿Escribiste en cuarentena?

–No escribí en cuarentena, pero no fue por la cuarentena en realidad. Hacía muy poco tiempo que había culminado No es un río. La terminé de escribir a fines de febrero del año pasado. La verdad que, en tiempos normales o comunes, tampoco es que termino de escribir una novela y a la semana siguiente (o al mes) empiezo a escribir otra. En general, me gusta hacer silencio un tiempo hasta arrancar con otro proyecto. Por eso, no podría decir que es responsabilidad de la cuarentena que yo no esté escribiendo, sino que tiene que ver con mis tiempos de escritura, que son un poco esporádicos a veces.

Calidad y diversidad

–¿Consideras que las mujeres están teniendo más protagonismo en la literatura?

–Creo que las escritoras no hemos tenido tanta visibilidad y protagonismo en ninguna época como ésta en la literatura. No sólo estamos nominadas a premios importantes sino que muchas autoras –como Mariana Enríquez o Samanta Schweblin– también ganan premios importantes. Hay una gran movida de escritoras argentinas y latinoamericanas, que se traducen en otras lenguas. Nuestros libros circulan, tienen lectores, tienen espacios en los suplementos literarios. Creo que todo eso tiene que ver con la calidad y la diversidad, y el riesgo de los libros que escribimos las autoras. No recuerdo o no he leído en la historia de la literatura una época donde las autoras hayan tenido tanta circulación o repercusión como ahora. También es hora de zanjar estas cuestiones para empezar a hablar de literatura seca, más allá de los nichos del mercado, de las elecciones o de cómo el mercado aprovecha la coyuntura.

“En la historia de la literatura, no recuerdo una época donde las autoras hayan tenido tanta visibilidad y protagonismo como ahora”.
Selva Almada
Escritora


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