Gualeguaychú

No a las papeleras, el reclamo entrerriano que se escuchó en todo el mundo

La realización de la marcha número 17 sobre el puente internacional San Martín contra las pasteras en el río Uruguay y contra todo tipo de contaminación ambiental nos llevó a recordar e investigar sobre los orígenes y el impactante crecimiento de un reclamo que nació en Gualeguaychú y se hizo escuchar en todo el mundo.

Una protesta que desde hace casi 20 años moviliza a Gualeguaychú.
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03-05-2021 | 15:34
Sabina Melchiori
redaccion-er@miradorprovincial.com

El domingo pasado se realizó la 17a. marcha en contra del funcionamiento de fábricas de pasta de celulosa en la cuenca del río Uruguay y contra todo tipo de contaminación ambiental. Dada la situación sanitaria, la tradicional marcha sobre el puente General San Martín fue reemplazada por una caravana automovilística que partió desde Arroyo Verde –el paraje donde se mantuvo interrumpido el tránsito de la ruta internacional 136 durante casi cuatro años–, hasta el medio del puente donde las fuerzas de seguridad uruguayas impidieron el cruce de los manifestantes a tierras orientales. El número de asistentes fue digno, máxime tratándose de una lucha de casi 20 años que desgastó a muchos.

La primera chispa

Todo comenzó en mayo de 2003 cuando tres vecinos de Fray Bentos llegaron a Gualeguaychú con la advertencia de que una fábrica de pasta de celulosa de capitales españoles (ENCE) iba a ser instalada en inmediaciones al puente Internacional General San Martín. Dijeron que las plantas de celulosa están entre las actividades industriales más contaminantes del planeta y mostraron recortes de diarios de Pontevedra, donde los empresarios de ENCE habían sido condenados por delito ecológico.

Cuatro meses después, en Gualeguaychú se constituyó la Asociación Civil de Vecinos Autoconvocados por la Defensa del Río Uruguay y el 4 de octubre, el entonces intendente Emilio Martínez Garbino encabezó la primera caravana hacia Fray Bentos con el objetivo de hablar con las autoridades fraybentinas y entregarles una declaración en contra de la instalación de plantas de celulosa.

Ese día marcharon 1.500 personas, pero sólo 50 lograron el permiso para entrar a Uruguay; el resto se quedó en territorio argentino agitando banderas y circulando lentamente en auto sobre el puente General San Martín. El tránsito normal se vio interrumpido y se produjo así, el primer corte de ruta. Quienes llegaron a Fray Bentos se encontraron con la contra manifestación de un grupo de vecinos uruguayos que les exigieron que se retiraran. El intendente de Río Negro, Francisco Centurión Genz, tras recibir el documento dijo: “Aceptamos la preocupación que se ha puesto de manifiesto en nuestros vecinos de la margen argentina del río Uruguay, no obstante, el pueblo uruguayo y sus autoridades tienen la obligación de defender la soberanía y mantener la autonomía en cuanto a decidir sobre las inversiones, acciones o políticas que se implementan al interior de sus fronteras”.

Unos pocos días después, ENCE recibió la Autorización Ambiental Previa (AAP) de parte del presidente Batlle y, paralelamente, empezó a sonar el nombre de Botnia.

El entonces gobernador de Entre Ríos, el peronista Jorge Busti, definió de “gorila” al presidente uruguayo Jorge Batlle cuando, el 5 de octubre de 2004, aprobó la autorización de una zona franca para ENCE y Botnia, y de ese modo eximirles el pago de impuestos.

El 1 de marzo de 2005 el Frente Amplio asumió la presidencia de la República Oriental del Uruguay en la representación de Tabaré Vázquez. Para ese entonces, el grupo de Vecinos Autoconvocados era grande y estaba consolidado, pues contaba con el apoyo de los principales referentes de distintas actividades y entidades de su ciudad.

El 30 de abril de 2005 caminaron 40 mil personas sobre el puente internacional y la participación de ciudadanos uruguayos fue contundente. A la plaza Risso Cangiazzo de Fray Bentos llegaron 11 ómnibus de Montevideo, dos de Mercedes y un micro de Young. Para ese entonces, Botnia llevaba 15 días de obra; ENCE, en cambio, no había puesto un solo ladrillo. La reacción del Gobierno argentino fue el envío de un pedido oficial a Uruguay para que paralizara la construcción de las plantas.

El grito blanco

El 27 de agosto de 2005 se firmó el acta constitutiva de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú y dos meses más tarde recibió su personería jurídica. A la Asamblea la conformaban vecinos de diferentes ámbitos. Había docentes, comerciantes, amas de casa, abogados, productores, ingenieros, contadores; todos tenían algún tipo de vinculación con la vida ribereña, algunos porque crecieron en estas tierras rodeadas de ríos, y otros porque habían llegado a Gualeguaychú desde grandes centros urbanos en busca de un entorno saludable.

La organización se caracterizó por la creatividad de sus acciones: en septiembre de ese año más de 15.000 estudiantes de escuelas primarias y secundarias de Gualeguaychú, marcharon por la costanera con sus guardapolvos puestos. Allí, una niña de diez años leyó una carta dirigida a los empresarios pasteros, e invitó a todos los presentes a gritar bien fuerte que “queremos cuidar nuestro medio ambiente”. Fue el primer “Grito Blanco”.

Una de las características sobresalientes de la Asamblea era la horizontalidad. Todo el que participara de una de las reuniones tenía la posibilidad de votar. Se llegaron a realizar asambleas de más de mil personas y el código de respeto por el voto de la mayoría se cumplió siempre. “El que pierde se suma”, solían decir.

Cada asamblea era abierta por el coordinador de turno, luego la secretaria leía avisos y mensajes. El coordinador planteaba un tema determinado u ofrecía el micrófono para que hablara quien tuviera algo que decir. Cuando eran muchos se confeccionaba una lista de oradores y pasaban al frente por orden de anotación. Una vez terminados los discursos, el coordinador organizaba la votación de las mociones, a mano alzada.

Causa nacional

El 23 de agosto de 2005 el presidente Néstor Kirchner recibió a un grupo de asambleístas en la Casa Rosada y lanzó la definición que sería luego grito de guerra para la Asamblea: “Esta es una causa nacional”.

El 3 de febrero de 2006 se realizó el primer corte continuado de la Ruta Internacional Nº 136 a la altura de Arroyo Verde, a 28 kilómetros de Gualeguaychú y a 13 del puente internacional hacia Uruguay. Días más tarde, los ambientalistas de Colón acompañaron cortando simultáneamente la Ruta Internacional Nº 135. La medida duró hasta el 2 de mayo. Las asambleas en Arroyo Verde eran multitudinarias (algunas llegaron a congregar a cinco mil personas) comenzaban alrededor de las 9 de la noche y eran transmitidas en directo por la FM de Gualeguaychú Radio Máxima y seguidas a través de Internet por los medios de comunicación de la Argentina y de Uruguay, y en más de una ocasión también por el presidente Néstor Kirchner y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

El 30 de abril se realizó la segunda marcha sobre el puente internacional General San Martín, de la que participaron 50 mil personas. A diferencia del año anterior, el gobernador entrerriano, ya distanciado de la Asamblea por los cortes de ruta, no se sumó. El 1° de mayo, unas mil quinientas personas participaron de una asamblea en Arroyo Verde, en la que se decidió levantar el corte. Poco después (el 5 de mayo), ante 45 mil personas, Néstor Kirchner reafirmó su postura de reclamo contra las papeleras en un enorme acto realizado en el corsódromo de Gualeguaychú, el mismo sitio por donde cada verano desfilan las comparsas del carnaval. “No están ni la provincia de Entre Ríos ni la ciudad de Gualeguaychú solas en esta lucha por el derecho, está la República Argentina y el pueblo argentino todo comprometido para solucionar esta controversia”, dijo, y se desencadenaron fervorosos aplausos.

El 12 de mayo, el conflicto llegó a oídos de todo el mundo de un modo inesperado. Evangelina Carrozzo, por entonces reina del carnaval de Gualeguaychú, irrumpió en la IV Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de la Unión Europea, Latinoamérica y el Caribe, en Viena, justo cuando los mandatarios se aprestaban a tomarse la foto de rigor. La joven morocha desfiló delante de ellos levantando un cartel que rezaba: “Basta de papeleras contaminantes”. Llevaba puesta una sensual bikini con caireles. La acción, organizada por Greenpeace, repercutió en los medios de todo el mundo.

Un juicio internacional

El 13 de julio de 2006, la Corte Internacional de Justicia de La Haya resolvió no hacer lugar a la medida cautelar de Argentina para suspender las obras de Botnia; y el fallo definitivo de la CIJ, por la disputa bilateral, llegaría tras cuatro años de litigio, el 20 de abril de 2010.

En aquellos días, ENCE se retiró de Fray Bentos pero comenzó la producción de la pastera finlandesa. También se inauguró un puerto en Nueva Palmira y los asambleístas realizaron acciones en contra por tierra y agua. Ante esto, Tabaré Vázquez militarizó la frontera bajo el argumento de que los asambleístas eran peligrosos.

En noviembre de 2006, durante la Cumbre Iberoamericana de mandatarios en Montevideo, el presidente argentino le pidió al rey Juan Carlos de España que mediara en el conflicto. El monarca aceptó y designó como “facilitador” al embajador de España ante Naciones Unidas, Juan Antonio Yañez-Barnuevo. Simultáneamente en Gualeguaychú, sobre la ruta hacia Uruguay, los asambleístas levantaron provisoria y simbólicamente un muro en el que escribieron mensajes de agravio hacia Botnia y el presidente uruguayo, y los niños pegaron dibujos alusivos al cuidado del medio ambiente. El corte se inició, como otras veces, con el ingreso a la ruta de un tractor con acoplado conducido por el entonces presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo De Ángeli, quien años más tarde asumiría el cargo de senador nacional. Luego, los vecinos caminaron con bloques de cemento en la mano para empezar a levantar el muro de 6 metros de ancho por 2,20 de alto, ayudados por la máquina hormigonera de una empresa local.

Días más tarde, el 20 de noviembre, la Asamblea inició lo que sería el corte ininterrumpido más largo de la historia. La moción presentada por Ana Costa, una empleada y comerciante que integraba el grupo de los duros dentro de la Asamblea, establecía que el corte fuera “por tiempo indeterminado”. Y como el propósito de la medida era que Botnia se fuera, más tarde se determinó que el corte se levantaría cuando se cumpliera dicho objetivo.

La medida ocasionó más de un disturbio con los automovilistas que llegaban hasta el lugar con intenciones de cruzar. El hecho más lamentable fue la muerte del motociclista Walter Alejandro Maulucci, de 33 años, quien la madrugada previa a la marcha del domingo 26 de abril de 2009 chocó contra el acoplado colocado sobre la ruta y falleció. Por este hecho, dos asambleístas que al momento del accidente se encontraban en el lugar, fueron acusados de homicidio culposo. Se trataba de dos adultos mayores, a quienes el Tribunal Oral Federal de Paraná terminó absolviendo en mayo de 2015.

La trinchera y la marcha de los 130 mil

Durante el primer mes de 2007, los asambleístas, convencidos de continuar con los cortes, aunque el fallo de La Haya fuera adverso, comenzaron la construcción de lo que denominaron un “refugio donde echar raíces”; un pequeño salón de paredes de ladrillo y techo de chapa, donde pasar el tiempo que durara la medida. Hasta entonces, sobre la ruta, además del acoplado, había una gran carpa tipo gazebo de color azul, y quienes se quedaban a pernoctar lo hacían en casillas rodantes o en un viejo colectivo. En el frente del salón escribieron en imprenta mayúscula con letras negras y rojas: “He dicho! No a Botnia”, al comienzo contaba con lo mínimo, pero con el paso del tiempo y la continuidad del corte, el lugar fue siendo equipado. Llegó a haber plantaciones de verduras de estación, patos, gallinas, conexión de televisión satelital, parrillero, baños, ducha y enormes libros de firmas. También una hamaca para los niños, confeccionada con troncos de madera y la imagen enorme de un Cristo de la Misericordia que tras colocarse, se celebró una misa en el lugar.

El salón aún se mantiene en pie, a pocos pasos de la cinta asfáltica, a la altura del kilómetro 28 de la Ruta Internacional Nº 136. Ese fue un punto geográfico clave que los asambleístas encontraron para que ningún vehículo pudiera burlar el bloqueo, ya que por debajo de la ruta cruza un pequeño arroyo de nombre “Verde”, producto quizás, del reflejo de la vegetación en sus aguas. Para muchos fue un segundo hogar. Hubo quienes viajaban desde su domicilio en Gualeguaychú todos los días hacia el kilómetro 28 de la Ruta Internacional Nº 136, y otros que prácticamente vivían en el lugar.

El 26 de agosto de 2009, la Legislatura entrerriana declaró “Paraje histórico y cultural al kilómetro 28 de la Ruta Internacional Nº 136 en su intersección con el Arroyo Verde”, según expresa el texto de la ley.

En abril de 2007 se realizó la tercera marcha sobre el puente internacional, de la que participaron 130 mil personas. Fue la movilización que logró mayor convocatoria. Sin embargo, a principios de noviembre de 2007, la fábrica de pasta de celulosa, Botnia, comenzó su producción en Fray Bentos. Desde entonces muchas esperanzas se perdieron y las marchas sobre el puente internacional, si bien se siguieron realizando cada uno de los años subsiguientes, ya no volvieron a convocar 100 mil personas. La postura contra Botnia, hoy UPM se mantiene en pie pero muchos brazos se han cansado de estar en alto.


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