María Lanese

La poeta del “azar venturoso”

La escritora María Lanese fue distinguida por el Centro Guadalajara de PEN Internacional con el galardón a la excelencia literaria, Raúl Aceves, otorgado como parte de los festejos del centenario de la institución.

22-07-2021 | 16:04
Lucía Dozo


María Lanese nació en julio de 1945 en Ripalimosani (Campobasso, Italia), en el seno de una familia de campesinos que emigraron a Argentina en 1949. Desde entonces reside en Rosario. Su tarea es multifacética: psicoanalista (egresada de la carrera de Psicología de la UNR), cantante y poeta. Además, entre 1995 y 2019 ha ocupado diferentes cargos de gestión cultural en la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y en el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa fe. Actualmente es miembro de la comisión directiva de Centro PEN de Argentina. Cabe recordar que PEN Internacional es la asociación mundial de escritores fundada en Londres en 1921 para promover la amistad y cooperación intelectual entre escritores de todo el mundo.

Recientemente fue distinguida por el Centro Guadalajara de PEN Internacional con el galardón a la excelencia literaria, Raúl Aceves, otorgado como parte de los festejos del centenario de la institución. Un reconocimiento que se suma a muchos otros, ya que su antología personal “Andante” ha sido traducida al serbio; también integró la antología “Italiani d´altrove” (Rayuela Edizioni, Italia) y el dossier de la revista de la Universidad de Antioquia (Colombia) “Exilios cruzados”, antología bilingüe de escritores argentinos y catalanes, editada por PEN Cataluña.

Ha realizado lecturas de su obra en Madrid, Montenegro y Milán. Participó en los festivales internacionales de poesía de Belgrado y Smederevo, en Serbia; de Struga, en Macedonia; de Rosario y de Cali, en Colombia. Entre sus libros de poesía figuran, entre otros, “Sudarios”, “Versos templados”, “Ancora” y “Cartas de cera”, en ediciones bilingües español-italiano.

“Celebremos cada día lo que el azar nos propone” dice en uno de sus poemas, “Clave”, que forma parte del libro “Sonidos graves”, ilustrado por el artista plástico Adolfo Nigro. En su relato María remarca esta idea, la de una riquísima producción que encara como consecuencia de una suerte de fluir que la va llevando a incursionar en espacios creativos diversos. En diálogo con Mirador Provincial, Lanese hace un recorrido introspectivo sobre su diversa producción artística, marcada por ese “azar venturoso”.

-¿Cómo viviste a lo largo de tu trayectoria la incursión por diversas expresiones artísticas?
-Todo se fue dando naturalmente, no fue premeditado. Siempre me apasionó cantar. Recuerdo que, de chica, cantar como las actrices en las películas, bajando las escaleras sin mirar los escalones, por ejemplo, era uno de mis juegos preferidos. En mi adolescencia estaba de moda tocar la guitarra y cantar; ahí andaba yo por las fiestas, que se llamaban asaltos, seduciendo con mi guitarra y mis canciones, o sea que cuando en el ’86 me decidí a hacerlo pública y formalmente, con músicos de verdad y repertorio, tenía un buen entrenamiento en lo que había sido mi juego infantil favorito y luego mi estrategia juvenil.

En esos años y durante unos cuantos, seguí trabajando como psicoanalista. Lo que me decidió a cantar fue el deseo de dedicarme a hacer lo que tanto me apasionaba. Tengo dos hijos que en aquel tiempo eran adolescentes, así que el plan era compartir la profesión con el canto, y así fue. Coincidió con el advenimiento de la democracia, que significó un estallido de propuestas artísticas y muchas oportunidades. Mi intención fue no dedicarme a un género en particular, sino cantar o hacer con la voz lo que me fuera posible. Y fue por ese propósito que mis repertorios iban desde canciones latinoamericanas a canciones italianas o francesas, tangos, o ensambles poético-musicales con actores, poner la voz en trabajos experimentales con bailarines y lo que me entusiasmara o me interesara para aprender y ampliar mis recursos, eso durante muchos años.

En el año ’95 me convocan desde la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario para un cargo de gestión, la dirección del Centro Cultural del Parque Alem, y ahí partí a desplegar otra de mis pasiones infantiles, que había sido organizar funciones de títeres en la vereda o animaciones en los cumpleaños de mi hermano menor o de los pequeños de la cuadra, donde ponía a actuar a los amigos y amigas del barrio. Mi primera actividad en el Parque Alem fue propiciar el festejo del carnaval, que no se había vuelto a hacer desde la prohibición que impuso la dictadura. Durante tres años organizamos con chicos, grandes y viejos el “Carnaval del Barrio”; allí surgieron también “Las serenateras”, que ya están por cumplir 25 años y siguen dando serenatas. En la gestión, pasé por diferentes cargos en la Municipalidad de Rosario y, entre 2007 a 2019, en el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia. Hasta el ’97, seguí trabajando como analista y luego decidí que ya era suficiente. El canto me siguió acompañando, aunque ya no me dedicaba más que a participar en algunos eventos y, finalmente, fue el canto el que me llevó a la poesía. Las poetas y los poetas de Rosario fueron desde mis comienzos mi público más ferviente, casi te diría, mis ángeles guardianes, muchos ahora son mis queridas amigas y queridos amigos.

-¿De qué manera se filtran la interculturalidad y el pasado italiano en tu obra?

-Es una pregunta muy interesante la tuya respecto a cómo interviene en mi obra la interculturalidad. No sé si podré encontrar cómo dar cuenta de ello porque es lo que me atraviesa, emerge y me lo anuncia la escritura. Es en la escritura donde fluyen esos sonidos de mi lengua materna, es en el silencio y el encuentro con el poema, en la larga e intensa meditación que es la gestación del poema, donde resuenan no solo aquellas voces de la infancia.

Siento atracción y fascinación desde siempre por los sonidos, los acentos, el ritmo de otras lenguas, sobre todo las que me resultan más extrañas, pero en particular por los dialectos o las lenguas de comunidades campesinas, más todavía por esos cantos íntimos y solitarios en que la voz se entrega estremecida y es por la voz, no por la palabra, que entendemos el llamado, ese llamado que expresa el deseo de comunión y compañía.

Vengo pensando que escribir poesía es eso, dejarse atravesar por voces múltiples, las que fueron componiendo nuestro dialecto personal, nuestra voz irrepetible.

En mi obra, mi historia con la lengua se manifiesta más concretamente cuando iba gestando el tercer libro, “Ancora” (“Aún” en español). Me venían, como nunca antes, pensamientos en italiano. Leo en italiano y puedo conversar, pero escribir es otra historia. De todos modos, a sabiendas de que mis versiones en italiano eran pésimas, hice el ejercicio de escribir el libro en las dos lenguas. A la hora de publicar, varios queridos amigos revisaron mis horrores y finalmente y felizmente apareció en el horizonte Antonio Pinto. Él es italiano, vive un una ciudad barroca de intensa belleza, Lecce, vivió en Buenos Aires unos cuantos años, en su juventud, fue el último en revisar “Ancora” y desde entonces versiona todos los libros que voy publicando al italiano; es también mi amigo entrañable.

-¿Cuál es el trabajo del Centro PEN de Argentina?
-PEN existe desde hace 100 años como una red, antes de que nos familiarizáramos con el concepto de red, y desde ese entonces defiende la libertad de expresión como un derecho humano fundamental, defiende a escritores en riesgo, apoya escritores en el exilio, entre otras muchas actividades. PEN fue una de las primeras organizaciones no gubernamentales del mundo y uno de los primeros organismos internacionales en defender los derechos humanos, fue la primera organización mundial y de escritores en hacer hincapié en que la libertad de expresión y la literatura son inseparables. Los vínculos entre sus miembros se sostienen a través del uso responsable de la palabra, del fortalecimiento y la valoración de la solidaridad, del respeto por las diferencias, reconociendo cada lengua como un bien que nos permite relacionarnos, expresar y compartir nuestra visión del mundo.

Desde hace dos años soy miembro de la comisión directiva del Centro PEN de Argentina y desde hace cuatro años coordino el Comité Federal de la Palabra con sede en Rosario, del que forman parte otras escritoras rosarinas. La idea es acercar, a través de actividades y acciones concretas, a escritores del interior e interesarlos por formar parte de la organización como el mejor modo de visibilizar, difundir y posibilitar la reflexión, imprescindible en estos tiempos, respecto a la responsabilidad en el uso de la palabra.

-¿Cómo fue la experiencia de difusión de tu obra en los últimos años?
-La difusión de mi obra se fue dando a través de la participación frecuente en lecturas, la invitación y participación en festivales. He sido muy afortunada, me han invitado a festivales como los de Belgrado y Smederevo, en Serbia; de Struga, en Macedonia, quizás por obra de algún mago que adivinó mi pasión por las lenguas extrañas; también estuve en Cali, Colombia. La maravilla de los festivales es el intercambio y los lazos que se van gestando entre poetas de países que de otro modo sería muy difícil conocer. De esas experiencias conservo grandes amigos. A partir de internet, la poesía y los poetas hemos encontrado un territorio magnífico para difundir nuestro trabajo y acceder también a conocer a poetas de países remotos. Mis poemas van circulando por revistas, blogs, un sitio que se creó en estos tiempos de pandemia, biblioteca virtual, donde puse algunos libros a disposición. Dentro del mundo poético hay muchísima gente apasionada por la poesía, pero sobre todo de una enorme generosidad que incansablemente difunde a muchísimos poetas.

El canto me fue llevando a la poesía, la poesía me abrió al mundo, sigue abriendo para mí un mundo que me acerca a la verdad y a la belleza.


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