Novedad editorial

La noche se hizo letra

El colectivo de poetas que conforma Perfeito Ediciones salta nuevamente a la escena con su quinto título del año: “Un país de noche” de Roberto Vince.

El dibujo de la tapa del libro es obra de Manué Virtual. Foto: Gentileza.
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14-09-2021 | 9:05
Ariel Gustavo Pennisi


Un padre de familia está desocupado. Toma el diario un domingo en busca de trabajo mientras observa a sus hijos jugar. Sabe que ser partícipe de ese juego le otorga un momento de felicidad, pero tiene que leer los avisos clasificados para sentir que hace algo por conseguir trabajo. Hipoteca su momento de felicidad por aquello que no tiene y que no es lo que esperaba de la vida a sus 40 años.

Los espejos de la infancia y el mundo suburbano se entretejen en la profunda poesía del autor nacido en la ciudad de Paraná (Entre Ríos) y radicado desde hace varios años en Rosario (Santa Fe). Hablo de Roberto Vince, de letra profunda, humana y con una mirada que trasciende el nudo de su intimidad para observar el contexto que lo rodea, aquel que lo excede y antecede.

Pensar en un país nocturno
Muchas veces la vida parece tener su peso propio, dejando sus marcas vivenciadas simplemente en aquellas formas que tanto nombramos y no sabemos que es ni dónde está: la angustia. Quizás sea función de la angustia enfrentarnos al rostro más sincero de la vida, su naturaleza absurda.

Hacer algo con ella es un desafío audaz que Roberto Vince decide afrontar haciendo poesía. Mediante su poesía no retrocede ante sus marcas, sino que se sumerge en las mismas embelleciendo con su lírica el mundo que suele presentarse como absurdo, predecible y cruel. Allí está el espejo de esa infancia perdida que sus hijos devuelven para rescatarlo del absurdo de la vida. Vince decide poner su profunda letra y hacer poesía para soportar sus marcas propias desde un registro sensorio-perceptivo que excede su ecosistema social para sumergirse en el dolor comunitario y decir algo que desnude desde lo bello el velo de lo predecible, la tragedia de la vida.

Quizás la poesía no sea revolucionaria, estoy casi seguro que no lo es, pero sí es una tarea necesaria que comunitariamente se le demanda a quienes cargan con el peso existencial de la lucidez, aquella capaz de liberar al mundo de la funesta verdad que lo aqueja aunque sea desde lo bello de una pequeña prosa hecha verso.

Roberto Vince toma el desafío, dirige su letra hacia la inútil conquista del vacío existencial respondiendo al llamado que su ética convoca, la ética del lúcido que espera poco de un mundo desencantado, pero ahí está para colorearlo. Ante la angustia, encuentra la belleza de la letra como posibilidad.

“Un país de noche” es hasta la fecha el poemario más maduro y profundo de la inacabada colección que el colectivo Perfeiro Ediciones ha publicado. De un notable realismo existencial, atraviesa con la valiente lírica de su pluma una variada red de aristas que nos constituyen como seres humanos complejos de una cultura con una mixtura tan desigual como la Argentina.

Con su prosa le canta a sus marcas desde una mirada colectiva digna del movimiento editorial del cual forma parte, con escenarios a veces “sórdidos en el cual se desarrolla lo cotidiano” como bien lo señala Alejandro Hugolini en su contratapa, sin dejar de aferrarse a lo esencial de la vida, aquello simple que nos puede otorgar un instante de felicidad: “le gusta mirar a sus hijos, jugar con ellos./De buena gana se tiraría de panza sobre el mosaico/fresco en el calor húmedo de diciembre./ Pero hay que conseguir trabajo” evocando el peso propio de la historia que allí está para sellar nuestra idiosincrasia: “Me acuerdo de mi vieja en la cocina/ contando otra vez/ que su único juguete /se lo había regalado Evita. / Un yacaré de madera/ con grandes ojos negros/ y cola articulada”.

Infancia, adultez, desocupación, madre y hasta ecocidio tienen lugar en la letra poética del país de Roberto Vince, al cual razones no le hacen falta para estar de noche, pero encuentran la luz de su luna propia en esta bella y profunda recolección de poemas cuyo adjetivos seguramente son reducidos en este espacio para describir las sensaciones provocadas con su lectura. Roberto Vince ha encontrado el camino del hacer en su escritura que seguramente no dejará de escribirse.

El título del libro

Una letra da lugar a la siguiente. Se conocen, se encadenan a la espera de una próxima letra, ya son una palabra que esperan encadenarse a la siguiente, como hermanas quizás enmarcadas en la lírica propia, hijas de un padre que así las quiso nacer para embellecer la noche que parece eterna.

Cuenta Roberto Vince que el título del libro surge de una hermosa experiencia de lo cotidiano en una tarde de plaza con su hijo jugando en la arena con una ramita, los elementos ideales. “Entonces tenía cinco años más o menos, jugando con una ramita trazó unas rayas en la arena y me dijo: ‘mirá lo que dibujé, un país de noche’”.

La alucinante experiencia dejó marcas en el autor: “Me fascinó la idea de que haya visto eso en la arena. Me quedaron rebotando esas palabras y me pareció, por un lado, una metáfora de la Argentina donde por momentos vive épocas muy oscuras, procesos democráticos que se rompen y se impone muerte, desigualdad, sólo para mencionar algunos hechos de nuestra historia que dejan secuelas que sufren generaciones así como también hay etapas en que ganan derechos y permanecen. Estaba ya el gobierno de los CEO. Por un lado va por lo político, más allá de que todo poema lo es, pero también tiene otras significaciones esa hora en que van cesando algunos estímulos y se despiertan otros. Los poemas de Un País de Noche son historias, historia mínimas, instantes, fotos y que siento que tienen un hilo conductor que condensa el título del libro y que se me escapa. De alguna manera se resignificó la idea de lo que venía haciendo y concluyó en este libro. Algunos poemas que lo componen ya estaban escritos, creo que uno de los primeros es Bedford, otros son de hace poco tiempo”.

Su recorrido literario
Roberto Vince evoca el clásico de Stevenson “La isla del tesoro” clasificándolo como libro maravilloso. Lo leyó entrando en la adolescencia, a eso de los 12 años y le despertó “el fuerte interés por la literatura”. En la adolescencia empezó a escribir para “luego entrar en una latencia que duró varios años sin tener interés en la escritura, sí en la lectura, ya no sólo de literatura sino además del psicoanálisis, la sociología”.

Siendo psicólogo de profesión, contesta a la pregunta del retorno por la escritura: “Cuando vuelve a despertar el deseo de escribir comienzo a transitar talleres literarios que me abrieron a un mundo de autores que desconocía, allí puedo decir que me enseñaron a leer. Los distintos talleres por los que pasé (Scalona, Durand, Boasso) me han permitido conocer a personas con las que pude ir enriqueciéndome y construir amistad. Hay mucha y muy buena poesía en Rosario”.

-¿Qué autor te ha marcado en ese recorrido de lectura?
-Un autor que me ha marcado profundamente es Raymond Carver. Hay un poema de él que es “El panadero”, donde cuenta que Pancho Villa toma un poblado, ahorca al alcalde, se queda con la joven esposa de un panadero y se reúne con un conde, con el que hablan de hazañas y termina el poema diciendo que ese hombre anónimo, que es el panadero, descalzo, humillado, que trata de salvar su vida es el héroe del poema. Me resultó sumamente significativo.

-¿Cuáles son tus intereses a la hora de escribir?
-Me interesa la experiencia humana en lo cotidiano, el devenir dentro de un contexto que excede y antecede. La poesía argentina de los ’90, Alejandra Pizarnik me parece fundamental tanto como Néstor Osvaldo Perlongher, los objetivistas como Juanele Ortiz. La experiencia de Perfeito como construcción colectiva de la poesía es muy fuerte. Se ha producido algo complejo que es el encuentro entre tantas personas.

El arte de tapa

Manué Virtual es el encargado de realizar la bella ilustración del niño que de noche apunta hacia el cielo con su gomera de caza. Es una perfecta ilustración que metafóricamente convoca a la lectura del libro.

Bio

Roberto Vince (1969), nació en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). Es psicólogo egresado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Rosario es su actual ciudad de residencia y lugar donde ejerce su profesión tanto en la clínica privada como en espacios donde trabaja con situaciones de niñez y adolescencia atravesadas por vulneraciones de derechos, articulando con otros actores institucionales de salud, educación y Poder Judicial. Ha publicado poemas en distintas revistas de antologías literarias de la ciudad de Rosario y expuesto su experiencia profesional en diferentes simposios. Un país de noche de Perfeito Ediciones es su primer poemario.


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