A un río de distancia

Familias binacionales esperan con ansias la reapertura de las fronteras

La posibilidad de que tras un año y medio de pandemia vuelvan a abrirse los pasos fronterizos, que unen mediante tres puentes internacionales a Entre Ríos con Uruguay, despierta esperanzas. No solo a comerciantes y prestadores turísticos que esperan vender sus productos y servicios, sino a aquellas familias que, cansadas de los encuentros por Zoom, no ven la hora de un abrazo real.

14-09-2021 | 16:46
Sabina Melchiori
redaccion-er@miradorprovincial.com

El 4 de septiembre (casualmente el Día del Inmigrante) Carla Malugani, desde Concepción del Uruguay, subió a Facebook una foto junto a su madre y escribió: “El segundo de sus cumpleaños en pandemia, con cierre de fronteras. Igualmente festejaremos, cada una a nuestra manera”. Leyendo eso es que surgió la idea de este artículo que pretende escuchar a quienes esperan con ansiedad de abrazos la rehabilitación del tránsito de vecinos entre Argentina y Uruguay.

En una charla con Mirador Entre Ríos, Malugani observó: “Esta pandemia tiene la particularidad que la estamos encarnando, que la venimos llevando en cuerpo y alma, que ‘nos tocó’ de una u otra manera. Que nos tiene pensando entre las aprehensiones de los cuidados, practicando el vivir conectados desde las redes sociales, al trabajo 24 horas por 7 días, a todo y a nada en particular. Cantamos el feliz cumpleaños desde una videoconferencia, soplamos las velitas en una torta hecha a 400 km de distancia. Fueron cambiando tonos de voces de niñas y adolescentes. Se hicieron más grandes, nosotros más sabios, o no. Hace unas semanas desde Paso Vera saqué una foto de Paysandú (Uruguay). Una de mis hermanas vive en un 9° piso. Le mandé la foto con el mensaje: ‘¡Saludame por la ventana, che!”.

Una familia binacional

Eduardo Irigoyen García es fraybentino y tiene 64 años. Hace muchos años se casó con María Esther, una argentina de su misma edad nacida en la ciudad de Santa Fe. Sus dos hijas, Ana Cecilia y María Belén, nacieron en Fray Bentos pero desde hace un tiempo, ambas estudian y trabajan en la ciudad donde nació su madre, donde también están su abuela, sus primos, amigos y parte de sus afectos.

María Esther, ya jubilada, solía viajar seguido desde Fray Bentos a Santa Fe. El cierre de fronteras ?producto de las medidas tomadas por los gobiernos para evitar la propagación del Covid-19?, la encontró del otro lado, lejos de su casa y de su marido pero junto a sus hijas y su familia primigenia.

Así las cosas, Eduardo lleva un año y medio sin ver a sus hijas y un poco menos a su esposa. “No dejamos de ser una familia que se alegra, discute, coincide y discrepa. Eso no cambia. Mis hijas tienen entre 25 y 29 años, ya son grandes y tienen parte de su vida hecha. Los abrazos son virtuales, pero las lágrimas por la lejanía, son reales”, contó en diálogo con este medio.

Al ser consultado sobre los acontecimientos familiares que se ha perdido por no poder cruzar, detalló: “Desde febrero del 2020 en adelante (la última vez que estuve en Santa Fe), me perdí todos los cumpleaños, Navidad, Año Nuevo, Semana de Turismo/Santa y todos los momentos dulces y amargos en que un padre quisiera estar junto a su familia. Se siente y duele bastante. Nunca imaginé que la distancia provocara tanta amargura. Pero nos laingeniamos para sentirnos cerca. ¿Te suena Eric Yuan? Tuve que ir a Google para averiguar quién era el inventor de Zoom. ¿Y Jan Koum? Ese es el fundador de WhatsApp. A esos tipos hay que hacerles un monumento. Zoom me permitió estar cerca de mi familia”.

En cuanto a los planes para el reencuentro una vez que puedan volver a cruzar el puente Internacional General San Martín, Eduardo (fiel a su estilo) bromeó: “Mi sueño es hacer cola en el Paso de Frontera un día antes de que se habilite el cruce a la Argentina. Me instalo en una carpa, si es necesario, para ser el primero el cruzar. Pero me acuerdo que no tengo vehículo y tendré que esperar que se reinicien los viajes del ómnibus entre Fray Bentos y Gualeguaychú”.

Sed de abrazos

Karen Bouchatón es de Mercedes, Río Negro (Uruguay) pero vive en Gualeguaychú junto a su marido Darío, su hija Paulina y su hijo Joaquín. Del otro lado del río están sus padres, hermanos, su sobrino, sus abuelos, primos y tíos, a quienes no ve desde hace siete meses. “Pude viajar en verano, luego de haber tenido nuestra alta por Covid pero teniendo que regresar por Buquebus. Por los costos y tiempos que insumían las cuarentenas en ambos países no era un viaje que pueda hacerse con mayor frecuencia”, explicó.

Lamenta que la pandemia y el consiguiente cierre de las fronteras le hayan impedido estar presente cuando su hermana menor se recibió de contadora en Montevideo, cuando nació su primer sobrino y cuando falleció una de sus tías.

“La virtualidad ha ayudado mucho. Recuerdo el baby shower de mi sobrino, en el campo. Apoyaron el celular sobre la mesa y pudimos verlos llegar y compartir”, cuenta Karen, aceptando una realidad muy diferente a la que estaba acostumbrada antes del Covid. “Hace 16 años vivo en Gualeguaychú y solíamos vernos cada 20 días. Somos familieros y nunca estuvo en mis planes desde que me vine a vivir acá, dejar de vernos. Siempre nos esforzamos para poder compartir y estar en todos los momentos importantes. Incluso cuando estuvo cortada la ruta por la protesta contra las papeleras, recuerdo pasar por debajo de la valla, aún con los puntos de la cesárea orgullosa llevando a mi niña recién nacida para que sus bisabuelos y toda la familia la conocieran”.

Karen y su familia aguaran expectantes la apertura de los pasos de frontera: “Esperamos las normativas sanitarias para poder abrazarnos. La virtualidad no ha logrado suplir los abrazos aún. Y vaya si han hecho falta”.

Otras fronteras

“No veo a mi hija mayor y mi nieto desde los primeros días de enero del 20, cuando compartimos días de sol, arena y charlas largas. Eso es lo que más duele, la incerteza de la vida que están viviendo, las dificultades económicas que puedan estar pasando, o no. Las noticias malas no se cuentan, insisto. Capaz para no generar más congoja, capaz para no preocuparnos, capaz para no trasladar la preocupación, y hacerla mayor. No verlos físicamente es no saber qué sienten, con todos los sentidos”, señaló Carla Malugani desde Entre Ríos, con la mirada hacia Uruguay.

Carla contó también que “una de las costumbres familiares eran los veranos en la playa del Uruguay. Eso no lo hemos podido compartir en 2021, no sólo porque las fronteras están cerradas. También por el tipo de cambio. Para nosotros, que vivimos en Argentina cualquier viaje al Uruguay implicaría una fortuna, literalmente. Las fronteras no son sólo físicas o sanitarias, son económicas también”. Tiene la certeza de que la primera en cruzar “el charco” será su madre desde Paysandú, y piensa que el cumpleaños de 15 de su hija más chica podría ser una fecha a marcar.
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