Teatro

Imanol Muñoz, la vida de un artista entre el teatro y la danza

La vida del virtuoso Imanol Muñoz contada por el propio artista. Imanol es bailarín, coreógrafo y director teatral. Pero es mucho más que eso: es un artista, un creador. El arte en él es algo cotidiano, pero al mismo tiempo trasciende la vida misma.

23-11-2021 | 17:23
Gisela Mesa redaccion@miradorprovincial.com


Imanol Muñoz es un reconocido actor, bailarín y director de teatro nacido en Las Parejas, radicado en Rosario hace 13 años. Conserva la fuerza y la inteligencia que garantizan su rápida comunicación con el público.

Fue director del elenco de prácticas escénicas del Instituto Provincial de Danzas 5.929. Director coreográfico de la delegación oficial de Santa Fe para Cosquín 2018. Dirigió Mandinga, Horizonte barro, entre otras. Productor de la gira nacional de La Dama de las Rosas de Pepe Cibrián Campoy. Actualmente se desempeña como director general de la sala IDAE Rosario y uno de los titulares de El Cuadrante Producciones.

Mirador Provincial dialogó con el artista para conocer su vida y sobre la nueva propuesta teatral que está desarrollando.

Testimonio
-¿Cuándo comenzó tu pasión por el teatro, la danza?

-Concretamente no hay un momento de mi vida en donde recuerde cuando todo comenzó, como le sucede a muchas personas que recuerdan el momento preciso del inicio de alguna activad, porque algún familiar los llevó a las clases que se daban en un centro cultura o club del barrio. Mi encuentro con la danza fue prenatal, ya que mi madre hacía algunos años se dedicaba a ello. Recuerdo sí que el ritual de ponerse a bailar en familia era algo habitual, cotidiano durante la hora de la siesta, en el living los fines de semana o antes de cenar. La casa donde me crié era el paso obligado de cientos de artistas amigos de la familia. Luego de tantos años, llegada la adolescencia la idea de la danza y el arte como profesión se afianzó y lo sigue haciendo hasta hoy en día.

Infancia
-¿Cómo fue tu infancia? ¿Podemos decir que tu madre ha sido gran influencia y precursora de tu talento?

-Mi infancia fue muy linda, celebrando siempre las cosas simples de la vida, mis viejos trabajaban muchísimo para brindarnos a mí y a mi hermana la posibilidad de formarnos, de concretar nuestros sueños y de poder, como les pasa a muchos padres, darnos los que ellos no habían tenido. Nos supo cuidar muchísimo nuestra abuela paterna con quien vivíamos, Ana María, una mujer incansable y amante de la música y el canto. Si bien no era el arte su profesión, tanto a nosotros como a nuestra mamá nos supo apoyar incondicionalmente para poder hacer de la danza nuestra profesión.

Diría que mi madre siempre fue un ejemplo, una gran maestra de vida y de danza. En cuanto al talento, creo que eso está fuera del alcance de poder ser incorporado, transmitido o desarrollado. El talento es algo innato que forma parte del ADN de las personas. Se tiene o no se tiene, lo que no significa que con él o sin él, uno no pueda desarrollar una amplia y ambiciosa carrera profesional.

-¿Se mantiene la misma ilusión de los comienzos, hasta ahora?
-Siempre, no sé bien cómo explicarlo. Ante cada posibilidad de construir una obra, ante la inmensidad de una incipiente idea, frente a un grupo de colegas dispuestos con sus cuerpos a poder gestar y dar a luz un proyecto artístico, esa ilusión que nos estremece por dentro, aparece igual que el primer día. En cada ensayo, en cada montaje para una nueva función, ante cada apretón de mano para salir a saludar, está allí, acompañándonos.

Experiencia teatral
-Fuiste el director coreográfico de la delegación oficial de Santa Fe para el 58° Festival Nacional de Folklore en Cosquín 2018. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Fue una experiencia inigualable la inmensa responsabilidad de tener que dirigir al conjunto de maestros artistas que fueran a representar a mi amada e invencible Santa Fe, fue realmente único. Un trabajo contra reloj que concretamos en un mes muy intenso de largas horas de trabajo, que al día de hoy de solo recordarlo y recordar esa noche a toda la Prospero Molina de pie aplaudiendo el tremendo laburo que hicimos con todo el equipo me emociona.

Además de ello y por iniciativa mía y de Lizi Bellini (codirectora), fuera la primera vez en la historia que una delegación oficial se seleccionase mediante audiciones públicas y abiertas y se les abonara el cache correspondiente a todos y cada uno de los artistas que allí participaron. Esto no hubiese sido posible sin el apoyo y la voluntad política de la por entonces ministra de Innovación y Cultura, “ Chiqui” González.

Estar compartiendo esa noche en el escenario mayor de Cosquín con el Ballet Folklórico Nacional, que se presentaba justo antes que nosotros, esa impresionante puesta en homenaje a Los Originales Trovadores y al 30° aniversario de la fundación del Instituto Superior Provincial de Danza número 5.929 Isabel Taboga fue, sin dudas, uno de las responsabilidades artísticas más importantes que me haya tocado transitar. Realmente fui y sigo siendo un privilegiado por ello.

En el Orillo
-¿Cómo surge En el Orillo, y cómo surge el nombre de la obra?

-En el Orillo forma parte del proyecto Juanito Baila que fue ideado por la maestra Silvia Zerbini, creadora de mundos escénicos que a lo largo de toda su trayectoria ha montado decenas de obras y además dirigió el máximo elenco de nuestras danzas argentinas como lo es el Ballet Folklórico Nacional. Como su premio a la trayectoria otorgado por el Fondo Nacional de las Artes lo indica, “tejedora de afectos en danza” fue que creó con más de 20 maestros y artistas de todo el país el colectivo Enredanza, desde donde nace este proyecto que nuclea bajo un formato particular e innovador la posibilidad de desafiar los procesos creativos, apelando a una construcción colectiva y a distancia.

Una misma obra creada por tres elencos, en tres ciudades distintas del país. En Bahía Blanca, bajo la dirección de Sebastián Pérez Travieso, en Catamarca dirigidos por Marisa Velázquez y en la ciudad de Rosario a cargo de Imanol Muñoz. Es así como con bailarinas y bailarines locales, en un trabajo que ya lleva más de un año de investigación, desarrollo y montaje se estarán estrenando en simultáneo, el último fin de semana de noviembre, estas tres obras que son parte de un mismo proyecto.

La música de la misma está a cargo del músico y compositor paranaense Carlos “Negro” Aguirre, quien junto a los directores y Silva supieron trabajar y profundizar el concepto poético del universo de Juanito Laguna, uno de los personajes más entrañables del artista santafesino Antonio Berni, del cual el proyecto se nutre como inspiración social, el universo plástico y la creación ficcional a partir de lo descartado.

El equipo rosarino cuenta con una formación de intérpretes creadores y profesionales de las artes escénicas, reunidos especialmente para esta puesta en escena. Provenientes de diversos lenguajes escénicos confluyeron en este proyecto Virginia “Vicky” Olgado, Hernán Gorostiza, Solana Lezcano, Macarena Castillo y Susana “Tati” Francesio como interpretes creadores y Griselda Montenegro como asistente de dirección. Además el equipo técnico está conformado por Cristian Ayala (vestuario), Francisco Nakayama (caracterización), Marcelo “Tatu” Díaz (iluminación) y Fernanda Quiroz (fotografía).

El nombre de la obra surge tras entender que el orillo es la parte final de los tejidos textiles, que es resistente y contiene al tejido para que este no se deshilache y desarme. La idea poética que trabajamos en relación a las historias de aquellas personas que viven y radican sus sueños en las orillas de las grandes ciudades fue que nos llevó a entenderlas a ellas como el orillo de nuestras sociedades, donde cada uno de ellos tracciona con su lucha y resistencia para sobrevivir y hacer que todo el tejido social que nos contiene no se deshilache.

-¿Cuál es tu marca personal como director?
-Bueno es algo complejo poder autodefinir cual es la marca personal de uno mismo, pero si tuviese que describirla o intentar hacerlo, creo que mi marca personal se radica fundamentalmente en habilitar la posibilidad de que todos y cada una de las personas que integran nuestros equipos de trabajo pueda brindar y brindarse desde su propio recorrido a la construcción, que para mí siempre es colectiva, anclándome fuertemente en la categoría de intérprete creador e intentando hacer detonar la idea de la dirección artística como paternalista, vertical, poseedora de “la idea de la obra”. Encontrarse con el equipo y poder tener claro dos o tres líneas de trabajo, como un esqueleto al que entre todos creamos. Me gusta saber que moldeamos juntos la arcilla.

Otra característica que creo particular es que soy muy ajustado en cuanto a los detalles, si bien últimamente me he inclinado a que durante nuestras creaciones se evidencie y surja mucho mas lo espontáneo, la improvisación y la sorpresa, me dispongo a que cada pieza o posibilidad tenga detalles inesperados, pero profunda y rigurosamente pensados. Priorizo muchísimo más la generosidad y la empatía ante el virtuosismo banal, la entrega amorosa de una bailarina y el buen trato con todo el equipo, a 16 giros seguidos en zapatillas de punta o la mejor mudanza de malambo, que solo sirve para encandilarnos fugazmente.

Volviendo al ruedo
-¿Que se siente el retornar a las actividades luego de una larga cuarentena?

-Es una alegría inmensa, más teniendo en cuenta que tres cuartos de este proyecto fue ideado, planificado y puesto a punto para comenzar los ensayos desde la virtualidad, por las características del proyecto y por las circunstancias que nos tocó vivir durante 2020 y comienzos de 2021.

Creo que estar en esta instancia fue por la profunda responsabilidad de la gente. En los teatros independientes (19 nucleados en ATIR) no tuvimos ningún caso de contagio, pero ¿ustedes creen que eso fue por el apoyo y control del Estado? De ninguna manera, fue por la impecabilidad de cada uno de los espacios, centros culturales, escuelas de arte y salas de teatro que no bajaron los brazos nunca.

Gestar un proyecto, ver cómo va evolucionando, haciéndose más grandes y llegar al momento de estrenarlo y hacerlo circular, compartiendo con el público tantas horas de trabajo es maravilloso. Esperábamos este momento con muchas ganas, en cada ensayo, que se pasaba volando, Hernán, Vicky, Solana, Tati, Griselda, Macarena y yo no veíamos la hora de que se corra el telón, se enciendan las luces y poder hacer lo que tanto amamos.

-En la producción de esta obra se puede sentir un interés por plasmar la permanencia de los valores de no desechar, además del movimiento, como la música, la escenografía, la literatura, la pintura… ¿lo tuyo, como director, es un trabajo en equipo?
-Sí, por supuesto. Me siento muy cómodo trabajando así, concibo a la producción y al arte como un acontecimiento puramente colectivo. La persona que se suma a nuestros equipos es invitada a moldear la arcilla entre todos, como dije antes. No hay una bajada desde la dirección para ser “representada” o una coreografía puesta para ser “interpretada”, hay una enorme posibilidad puesta a disposición de todos para llevar adelante lo que se proponga.

Lo que se viene este 26 de noviembre
-Contanos qué va a estar disfrutando el público rosarino este viernes 26 en la sala IDAE Rosario (Entre Ríos 840).

-La compañía rosarina de este proyecto puso énfasis en las tramas del tejido social en el que hoy habitamos, preguntándose por las vidas que viven y sobreviven en las márgenes de las grandes ciudades. En el Orillo es un encuentro frente a frente con lo indescartable, eso que se resiste al abandono y no se puede desechar, lo que permanece allí arrojado ante todos los horrores de una sociedad que expulsa y oprime sueños y cuerpos. Es la posibilidad vital de volver a brotar y jugar sin olvidar de dónde venimos, quienes somos y qué queremos. Estar en el orillo, sosteniendo la trama para que nada se deshaga, encontrando oportunidades donde otros solo contemplan lo que ya no sirve. Radicar los sueños allí es un acto de coraje para sobrevivir.


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