Literatura

Félix Bruzzone. El escritor que incomoda

Hijo de desaparecidos durante la última dictadura militar argentina, y uno de los representantes de la Nueva Narrativa Argentina. Félix Bruzzone (Buenos Aires, 1976), saltó a la escena literaria con su primera novela, “Los topos” (2008), -reeditada recientemente-. A lo largo de su bibliografía se puede divisar una nueva manera de tratar las historias de la militancia y la dictadura argentina, subvirtiendo las formas de narrar los años de plomo. En diálogo con Mirador Provincial charlamos acerca de su narrativa, sus intereses y sus proyectos.

07-12-2021 | 15:53
Álvaro Javier Marrocco


Irrumpió en la escena literaria con su primera novela “Los Topos” (2008) que -a mi entender- le da un giro incorrecto y delirante a las formas de contar las secuelas de la dictadura en Argentina. Con una nueva reedición que llegó en el mes de julio de 2021 a las librerías, “Los Topos” mantiene esa incomodidad de releer el pasado reciente en un registro impertinente. En relación a cómo surge dijo: “No pensé nada, todo lo que está en esa novela fue apareciendo y yo intenté seguirle el hilo. Esto es casi literal. Es una novela muy lineal y, literalmente, le fui siguiendo el hilo casi en una única dimensión, que sería la dimensión de la historia que se iba armando. Por supuesto que también tiene muchos otros planos, pero yo fui siguiendo el hilo, lo más linealmente que pude, de las aventuras de ese narrador sin nombre que tiene la novela. Es una novela que ya se venía gestando en los cuentos de mi libro anterior, 76, que eran más realistas, digamos. ‘Los Topos’ fue un desprendimiento de esos cuentos y empezó siendo un cuento más, de hecho, pero creció hasta convertirse en lo que terminó siendo”.

La novela “Los Topos” fue bastante leída, comentada y traducida, y se acaba de reeditar. En relación a ese último aspecto agregó: “No creo que sea una novela de época, a pesar de ser claramente de época. Y no creo que sea una novela ‘para contar’ las secuelas de la dictadura, a pesar de que también cuenta algo de todo eso. Siempre me dio la impresión de que es una novela que no se terminó de entender. Tuvo lecturas muy variadas. Alguna frase de esa novela, por ejemplo, alguna vez, se usó como consigna en alguna marcha. Pero más allá de todos los malos entendidos que hay alrededor de su sentido, que es muy difícil de atrapar, es una novela que, a mi entender, le sacó solemnidad a los discursos que incorporaba, los discursos de memoria, verdad y justicia, digamos, sin reírse de ellos, que era sí algo que ya pasaba, en general, en otros relatos que, de alguna manera, en aquel momento, parodiaban todo eso. En el caso de ‘Los Topos’ la operación fue más bien encarnar toda esa historia desde un lugar extremadamente singular y, al mismo tiempo, extremadamente consolidado, casi metafórico, pero corriéndose todo el tiempo de posibles metáforas de sentido único o de posiciones alegóricas. Creo que fue una novela que vino a dar aire y vida a un lugar lleno de muertos y frases hechas”.

Lecturas y escritores
Comenta que hay tres momentos de iniciación, uno, cuando leyó “Tu nombre en clave es Jonás” de la colección Elige tu propia aventura, un libro de espías donde todo dependía de comprender el lenguaje de las ballenas. Leyó todos los finales tratando de saber si alguno de ellos develaba ese gran secreto, pero no. Primera lección de literatura: nunca contar lo más importante. Segundo momento: un verano su abuela (con quien vivía) y su tío, alquilaron un departamento en la playa. “Íbamos a ir nosotros y un grupo de primos. Mi abuela y yo llegamos dos días antes que el resto. Me había llevado tres libros: El corsario negro, una adaptación de la Ilíada y otro de piratas que no recuerdo. Leí dos libros y medio, en esos dos días. Lo hice de puro aburrimiento, pero me fascinó la posibilidad de vivir así, solamente leyendo. Cuando llegaron mis primos, dejé el tercer libro a medio terminar y creo que nunca lo terminé”. La lección -comenta-: se puede vivir solo leyendo, pero también se puede vivir sin leer nada de nada. Tercer momento: un amigo de mi tío le regala Crónicas Marcianas y al mismo tiempo que se va fascinando con esos relatos que a veces son cuentos, a veces pequeñas situaciones, y en conjunto una especie de novela, quiere saber qué pasó con los marcianos, que casi nunca aparecen, pero el libro no lo dice y Marte es eso, algo que ya no es. “Lección: la literatura cuenta lo que ya no está con cosas que sí están”.

Más tarde agrega que siempre hubo libros dando vueltas en donde él vivía. No muchos, pero había. Su abuela leía, sus tíos maternos leían. También tenía un primo paterno que leía mucho y es escritor. Un primo que vivía muy lejos, en Santa Cruz, y al que no veía casi nunca, pero que en cuanto supo que era escritor empezó a querer ser como él. Sus escritores favoritos son: Martín Rejtman, Sergio Bizzio, Manuel Puig, Natalia Ginzburg y Mario Levrero.

-Luego llegó “Barrefondo”, tu segunda novela que toma otro tono, si bien es un policial, te corrés del tema dictadura (que lo abordás en tus dos primeros libros) y encarás hacia tu oficio de piletero. ¿Quisiste correrte de ese lugar de hijo de desaparecidos, y habitar tu presente más ligado a tu oficio?
-Sí, ya había hecho dos libros donde todos los protagonistas eran hijos de desaparecidos. El personaje de Barrefondo era hijo, medio huérfano, pero con otro tipo de problemas. Más allá de eso, que es casi anecdótico, quise construir toda la novela desde la voz del personaje principal, Tavo. Fue la voz de ese personaje, y la historia de esa voz tan singular, la que me llevó a querer seguirlo en su vida de piletero. Le asigné ese trabajo porque yo en ese momento me dedicaba a limpiar piletas y creo que el trabajo de campo para escribir una novela, o lo que sea, si no está atravesado por la propia experiencia, siempre se vuelve un poco infértil.

-En una entrevista, al escritor chileno Roberto Bolaño lo consultan acerca de cuál debería ser el futuro de la novela, él contestó que una novela que sólo se sostenga por el argumento y por una forma lineal de contar, eso ya es archiconocido, esa novela ya está acabada. En la nueva novela deberían existir juegos y cruces de voces, y menciona a Cesar Aira y a Juan Villoro como dos de los artífices de la nueva novela. ¿Coincidís con esto que dice Bolaño?
-Un poco sí y un poco no. También el camino de los juegos y cruces de voces estuvo bastante recorrido desde mucho antes de Los detectives salvajes. Y no creo que Estrella distante no sea, en gran medida, una novela lineal y de argumento. Lo que a ambas las vuelve interesantes es qué hacen con esos moldes, o cómo los sortean o los abren o qué cosas meten adentro. Creo que sobre cualquier forma siempre se puede experimentar. Las posibilidades combinatorias, incluso dentro de los moldes más estrechos, siempre son tan amplias que, a escala humana, son infinitas. Pedro Mairal escribió, en pleno siglo XXI, un libro de sonetos. No creo que sean objetos de museo, aunque también en cierta forma lo son.

-Luego llegó “Las Chanchas” (2014) ¿Qué quisiste contar en esa novela?

-Lo mismo de siempre: la aventura de un personaje que de golpe ve alterada su cotidianidad por un hecho inesperado, en este caso totalmente fortuito, una aventura que empieza a crecer fruto de su paranoia, sus miedos, sus problemas no resueltos, etcétera. En este caso, puntualmente, la aventura de un padre de familia que no sabe qué hacer cuando dos adolescentes se le meten en la casa y tiene que ocultarlas de su mujer encerrándolas en un cuartito que tiene en el fondo. A
partir de ahí, por supuesto, pasa de todo.

-En tu libro de crónicas y relatos titulado Piletas 2017 aparecen registros de conversaciones y obsesiones del laburante, entre ellas: el dinero y el tiempo. ¿Hay mucho de autobiográfico en el libro?
-Sí, ese libro es un diario. Está todo basado en hechos reales y la ficción, si bien está siempre, aparece fundamentalmente en algunas derivas que evidentemente no son del todo posibles en el mundo real. No quise contar nada, escribía todos los días alguna anécdota, la subía a Facebook, la gente comentaba, se reía, se fue acumulando material, un día vino Nurit Kasztelan, de Editorial Excursiones, me dijo que ahí había un libro, lo armamos y se publicó. Lo que quería hacer, cuando escribía, era darle otro aspecto a la cruda experiencia de trabajar al rayo del sol o en pleno invierno a la intemperie y teniendo que cargar equipos de trabajo bastante pesados y al mismo tiempo manipular productos químicos bastante nocivos como el cloro o el ácido clorhídrico que se usan para limpiar y mantener piletas. Y también escribía, en ese momento, para encontrarle otro aspecto, otra dimensión, a la eterna lucha por el mango, cara a cara, palabra a palabra, con cada uno de mis clientes de aquella época, que en general eran bastante ratas a pesar de tener linda casa con quincho, pileta y dos o más autos bastante nuevos y en general de alta gama estacionados en el garage.

Biografía
Félix Bruzzone nació en Buenos Aires (1976), estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y tiene amplia experiencia docente. Da clases en la carrera de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de Arte (UNA), en la maestría de Escritura de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), en la carrera de Escritura de Casa de Letras y coordina distintos talleres de lectura y escritura.

Publicó el libro de cuentos “76”, los libros-álbum “Julián en el espejo”, “Julián y el caballo de piedra” y “Julián es un pulpo”, surgidos de las conversaciones con sus tres hijos, y las novelas “Barrefondo”, llevada al cine, y “Las Chanchas”, llevada a la ópera. Además, sus libros fueron traducidos al francés, al alemán y al sueco, y en 2010 su obra fue reconocida con el Premio Anna Seghers (Berlín), que distingue a un autor latinoamericano cada año. También publicó la novela “Campo de Mayo”. Su primera novela, “Los Topos” (2008), acaba de ser reeditada recientemente.


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