Versos compadritos

Tísicoculturismo: un libro de poemas arrabalero y surrealista

Salió al mercado Tísicoculturismo, el primer libro de poemas del escritor Rubén Perucca. Editado por Ciudad Gótica, el poemario de más de cien páginas, propone un viaje entre surrealista y visceral, con mezclas de lunfardo y trova; ilustra el presente con la patina del ayer, o viceversa. La presentación en sociedad será el próximo jueves 12 de mayo en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa en Rosario. Mirador Provincial dialogó con el autor acerca del libro y sus inquietudes literarias.

11-05-2022 | 11:47
Álvaro Javier Marrocco


Rubén Perucca nació en Bahía Blanca, aunque reside desde hace tiempo en Rosario, es músico, escritor, docente, fotógrafo y técnico en sonido en algunos estudios de la ciudad. Su primer libro de poemas Tísicoculturismo editado por Ciudad Gótica, el poemario propone un viaje entre surrealista y contemporaneo, compuesto de relatos, coplas, cifras, estilos, décimas y milongas; todas con variedad de tonos, como capas de sonidos que provienen de viejos compases tangueros, con historias de rufianes sin épica, matanceros de baja estima, y galanes de poca monta cuya lírica acompaña ese viaje en la espesura de la pampa argentina.

Tísicoculturismo
"De la tisis o relacionado con ella. Fiebre tísica" si la definición se enmarca en algo biológico y temporal, el título que da nombre al libro propone otra, o varias lecturas, Rubén comenta que el bacilo de Koch tiene un propósito, y es la de invadirnos los pulmones de a poco, invasión que remite a otras cuestiones, conducentes a "varios sentidos: lo corporal, lo social, lo absurdo, lo fatal, lo simbólico", y luego agrega: "Nació como título de un poema (el primero que aparece en el libro) que tenía desde hace mucho tiempo atrás y después me pareció bueno como título del libro porque creo que le da una unidad conceptual a los poemas y hace un contrapunto con la foto del matadero".

Siguiendo con la idea que da nombre al libro agrega: "También surge de la síntesis de unas lecturas que involucraron a escritores del grupo de Boedo (sobre todo a Elías Castelnuovo con su catastrófico cuento “Lázaro”) y a un ensayo de la escritora norteamericana Susan Sontag; en ambos casos el tema es la tuberculosis. Castelnuovo lo desarrolla ligándolo a la miseria de las clases bajas, Sontag lo hace desde la perspectiva de “enfermedad espiritual”, mote que se le dio en las clases más favorecidas. A partir de esos elementos nació el poema".

Fotografía de tapa, y algo más
En la tapa del libro se divisa La fachada del matadero de Villa Epecuén, allí Rubén agrega: "Lo puse en la tapa del libro, tiene construido como un cuchillo muy alto y al costado, hecha en piedra, la palabra 'matadero'; parece que el edificio advirtiera sin eufemismos: “acá se mata”. Yó, que soy de Bahía Blanca, he conocido esa y otras obras suyas desde muy chico y me impresionaron. Ahí, mi primer encuentro con Salamone, sin saber ni quién era. Lo de los poemas es consecuencia".

-El edificio del matadero, de la fotografía de tapa (perteneciente al arquitecto Salamone) y algunos poemas comparten la nocturnidad, lo ominoso y lo grandilocuente. ¿Qué puntos de unión ves entre tu poesía y la obra de Salamone?
-Es verdad lo que decís sobre Salamone, lo más curioso es que el tipo desarrolla su obra en pueblitos de casas bajas del centro y sur de la provincia de Buenos Aires, lo que al verla provoca un efecto onírico, de pesadilla. El matadero era una cosa en la mente del arquitecto, otra en la mirada de los pueblerinos, otra al no funcionar más, otra después de la inundación que sufrió y otra ahora, como símbolo. Los poemas tratan de hablar sobre los cambios, las contradicciones, las huellas que dejan los actos en el lugar sin tiempo o con todos los tiempos que es el mundo simbólico. Lo sentimental no tendría mucho lugar allí (aunque algún poema lo desmienta); intenté que los versos fuesen potentes y perturbadores. Si lo logran o no, es otro asunto.

-En el poemario abundan personajes salidos de otro tiempo: compadritos, matanceros, milongueros y demás rufianes. ¿Esa búsqueda es estética, melancólica, ambas o ninguna?
-Ninguna de las dos, es más bien simbólica e identitaria. En el prólogo (que está escrito a manera de décimas) digo “asociación de nombres que no se deshacen”, allí están mis nombres queridos y familiares pero también esos personajes que mencionas, que con sus contradicciones, densidades, posturas y crueldades vendrían a irrumpir, a hacer pata ancha en este presente pobretón y confuso precisamente en eso: lo simbólico y lo identitario. No es la búsqueda o la nostalgia por un pasado perdido sino un pasado que viene a sopapear el presente. De hecho, en el prólogo también le tiro unos palos a la nostalgia, a la que considero una pose o afectación, una teatralización de la pena. Son cosas que he encontrado (más que buscado) después de cierto tiempo.

-El libro propone una lectura con muchos guiños a otros lenguajes, autores, letras de canciones, pinturas, películas. ¿Es así?
-Es así, nomás. En mi historia personal se mezclaron tradiciones criollas (del lado materno) con ciertas tradiciones italianas (del lado de mis abuelos paternos), una curiosidad por saber de otras realidades, sumado a un gusto por el tango que me dejó mi viejo. De ahí que aparezcan las cuestiones camperas, el boliche esquinero y el arrabal junto al “spagueti western”. El uso del lunfardo y lo tanguero serían el eje para empastar desde una visión local estos mundos y el de personajes tan foráneos en distancia y en cultura como el inglés Aleister Crowley y el fotógrafo japonés Nobuyoshi Araki. Este cocoliche que pareciera surrealista no es otra cosa que un extracto, un poco caprichoso, arbitrario, de lo que sucedió en la realidad histórico-social argentina: mezcla y choque, amalgama desconcertante y original que se niega a desaparecer en esta era ordenada con pantallas desde el hemisferio norte.

-En el poemario se pueden apreciar marcas pertenecientes a la gauchesca. ¿Qué te apasiona de ese género en particular?

-Lo reflexivo, lo atemporal, lo orgánico entre sujeto y territorio. Gente dura, de sensibilidad pudorosa en un entorno áspero, del que fue dueña más por raigambre que por título de propiedad; que logró representarlo de manera propia, genuina con relatos, coplas, cifras, estilos, décimas, milongas.

-En el libro merodea la derrota cómo síntoma, algo así como Erdosain (personaje de la novela Los Siete Locos), que se termina pegando un tiro. ¿Ves esa tragedia en tus poemas?
-Sí, puede ser, pero con la fe de que el partido no terminó. Creo que, en general, una de las cosas que merodea el libro es la idea de alimento-digestión y de una energía disputada: la digestión de la derrota, de la pérdida, del recuerdo, de lo insensato, de alimento cultural propio y ajeno. En ese sentido, se podría decir que uno de los personajes principales, casi a manera de sujeto tácito, es el bacilo de Koch con su propósito de invadirnos los pulmones de a poco, invasión que remite a otras cuestiones. Puede que haya alguna que otra tragedia en el libro pero me parece que no hay suicidios por desesperación sino distintas formas de ir rumiando la existencia. El hecho de tomar esa fatalidad como chiste actuaría como un Uvasal para esos atracones.

-Poetas santafesinos imprescindibles.

-Juan José Saer, que clava la vista en los detalles para entender el todo, con frases que piden relectura constante. También me gusta Miguel Brascó, que en un mismo paquete mete identidad, humor, vida de bon vivant, compromiso y delicadeza. Otro que admiro es Miguel Jubany, profundo, erudito, de tono trágico y enérgico; uno de los últimos artistas e intelectuales clásicos que nos quedan. De yapa, comparto una amistad con él.

-Proyectos.
-Ahora estoy más metido con la música. Por un lado con el tango: grabando un disco con temas de autores diversos junto a Pablo Jubany en piano y yo en voz. También, componiendo música de distintos géneros (tango, bolero, bossanova, litoraleño) con letras a cargo del ya mencionado Miguel Jubany. De manera paralela, estamos programando un disco de canciones propias con Fernando Marquínez, otro excelente poeta y compositor. De vez en cuando voy metiendo uno que otro poemita, que por ahora andan sueltos y veremos si más adelante van a pedir libro.

Presentación del libro

El próximo jueves 12 de mayo a las 19 se presentará en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín 1.080) el primer libro de poemas de Rubén Perucca titulado Tísicoculturismo, editado por Ciudad Gótica. Participan del evento Fernando Marquinez y Miguel Jubany. La interpretacion de los poemas estará a cargo de Miguel Querol, Pablo Jubany en Piano y Ruben Perucca en voz. La entrada es libre y gratuita.


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