Turista en mi ciudad

Los humedales del Oeste paranaense: recorrido y literatura

Los Cuidadores de la Casa Común se sumaron al Festival de Narrativas Salpique y realizaron un recorrido guiado por los humedales paranaenses. En el trayecto de la propuesta, los paseantes descubrieron otra cara de la capital provincial. MIRADOR ENTRE RÍOS te invita a ser un turista en Paraná.

Recorrido por los humedales del Oeste de Paraná guiado por Cuidadores de la Casa Común, bajo la iniciativa del Festival Salpique, que organizó un taller sobre escritura y naturaleza. Foto: Gentileza Paula Kindsvater (revista Charco)
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20-09-2022 | 16:50
Aldana Badano
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El pasado domingo se realizó un recorrido por los humedales del Oeste de Paraná guiado por miembros de la organización Cuidadores de la Casa Común. La jornada se desarrolló desde las 11 de la mañana bajo la iniciativa del Festival Salpique, que organizó un taller sobre escritura y naturaleza, coordinado por Cecilia Moscovich, llamado “¿Y esta planta cómo se llama?”.

A medida que fueron llegando los inscriptos al taller al lugar de encuentro, en Bajada Grande, los mates empezaron a saborearse y el sol calentaba la mañana. Si bien se auguraba buen tiempo, el cielo se fue poblando de nubes y ofreció un agradable clima para los curiosos que se animaron a la aventura.

El recorrido comenzó por la ladrillera de Don Sandro, un hombre que confecciona ladrillos de manera artesanal, mezclando arcilla, bosta y aserrín. Así, surgen de la alquimia de los ingredientes del territorio con su ingenio, unos prolijos ejemplares que nadie creería de qué están hechos.

La caminata continuó por “Las Bandurrias”, un sendero que se transita de a pie bajo una selva en galería que ofrece sombra y alivio a los paseantes. Por momentos, el paisaje se torna lúgubre al mostrar las cicatrices ambientales que deja cada quema indiscriminada. “El ecosistema se debe haber afectado y por eso no se escuchan tantos pájaros”, comentan los visitantes mientras miran indignados los pastos ennegrecidos. Un oxímoron de vida y muerte conviven en estos humedales, pero la naturaleza no se da por vencida y sigue floreciendo. Así, colores y aromas abundan en el transitar y la cumbia de los barrios aledaños se cuela entre tanta majestuosidad.

Al llegar a la primera laguna, se vuelve imperioso hacer una pausa para observar tanta inmensidad. Los binoculares ayudan a apreciar los detalles y una ronda de 20 personas se dispone a leer. La tallerista propone lecturas sobre personas que también se han maravillado con la naturaleza y que han decidido retratarla en palabras. Así surgen textos del santafesino Gastón Gori y el bonaerense radicado en Santa Fe, Pablo Cruz.

Fragmentos de textos son recitados por algunos de los presentes mientras otros siguen absortos en el paisaje. Unas guías de identificación de aves ayudan a ponerle nombre a tanta admiración y el lenguaje se va tornando más complejo.

Guardianes


Sigue la caminata. El sendero llega hasta calle Ameghino y allí, familias completas caminan un terreno desconocido para muchos paranaenses y tan cotidiano para otros. En las cunetas improvisadas crecen plantas con diversas propiedades, como la artemisa, y pareciera que a nadie le importa. A nadie, menos al paseante que, folleto en mano, alerta a los demás: “Acá hay una artemisa reverdeciendo”, dice una muchacha con emoción en sus ojos.

Cruzando la calle, se ingresa al sendero de “Las Garzas” en donde el paisaje se va poniendo cada vez más contrastante. Al llegar al extremo del trayecto, el humo del Volcadero o barrio San Martín resalta en el cielo y les recuerda a los presentes el gran problema de la basura sin una correcta disposición final. El asombro y la indignación tiñen los rostros.

Haciéndole honor a su nombre, unas aves blancas y majestuosas se lucen desde el agua brindando un espectáculo a los visitantes. Luego fueron nombradas como garzas moras, gracias a la ayuda de los manuales ilustrados de Ornitología. Cuando el sol, el cansancio y el hambre empiezan a hacerse sentir en los cuerpos de los paseantes, la guía sugiere “ir pegando la vuelta”. De manera consensuada el grupo decide volver sobre sus pasos porque había especialmente un sector que parecía propicio para sentarse a descansar.

Así, a la sombra de unos árboles heridos por la mano del hombre, el grupo descansa en ronda. Leen y releen poemas dedicados a la madre tierra y reflexionan. Respiran hondo, miran el paisaje, se dejan acariciar por el viento. Bajo la propuesta de la tallerista, se disponen a escribir. Tamaño desafío capturar tanta inmensidad en una hoja de papel en tan solo diez minutos. No importa, vale la pena intentarlo y se lanzan al abismo. Transcurren silenciosos los segundos hasta que finalmente comparten sus escritos y se emocionan, se preguntan por qué nombrar las cosas como si esa necesidad humana quitara al homo sapiens la capacidad de asombrarse por lo naturalmente bello tal como lo hacen otras especies.

La comunión es notoria, esta visita a los humedales del Oeste de Paraná cambió algo y, sin decirlo, el grupo sabe que volverán a la civilización sin ser los mismos. Ahora serán parte de los que conocen y vieron cómo la civilización está, poco a poco, matando al paraíso natural. Se sienten parte de esa especie invasora y extractivista, pero también entienden que a través del arte podrán convertirse, o al menos sentirse, guardianes y guardianas de los humedales.

Sobre los Cuidadores de la Casa Común


Se trata de una red de organizaciones sociales y comunitarias que surge en respuesta a la encíclica Laudato Si, del Papa Francisco, con el objetivo de formación y oportunidades de trabajo digno para jóvenes que cuidan el planeta, nuestra casa común. Actualmente, Cuidadores está presente en 16 provincias argentinas, con más de 5.000 jóvenes participando en todo el país.

En Paraná, trabajan desde 2016, mientras que en 2018 comenzaron con el proyecto de ecoturismo comunitario en los humedales del Oeste. Con esta iniciativa “intentamos revalorizar la zona a través de distintas actividades” como visitas guiadas, mantenimiento y limpieza de los senderos, reconocimiento de especies animales y vegetales con el objetivo de concientizar sobre la existencia de este patrimonio natural en la ciudad, según explicaron.

Festival Salpique


Durante el fin de semana del 9 al 11 de septiembre se desarrollaron actividades libres y gratuitas pensadas para abordar las narrativas contemporáneas. La propuesta tuvo como sedes la Facultad de Ciencias de la Educación, de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), el Centro de Promoción de Lectura “Rosa y Dorada”, de la Municipalidad de Paraná, y los senderos de los humedales del Oeste.

El festival reunió a distintos escritores de la región para abordar las narrativas contemporáneas de no ficción, ficción y sus hibridaciones. La propuesta fue organizada por la Revista Charco, junto a la Secretaría de Extensión y Cultura de la Facultad y la Editorial Municipal de Paraná, con apoyo de Feicac.

Se realizó un recorrido por los humedales del Oeste, desde los miradores de Bajada Grande junto a Cuidadores de la Casa Común, durante el cual se desarrolló un taller sobre escritura y naturaleza coordinado por Cecilia Moscovich, llamado “¿Y esta planta cómo se llama?”.

Además, durante las jornadas, Ángeles Alemandi participó del conversatorio “Cómo, dónde, por qué contamos. Gestión y edición de un medio de periodismo narrativo”, en calidad de cronista y editora de la revista “En estos días”. Además, Alemandi coordinó un taller intensivo “Narrar lo íntimo”. Donde la autora de “Rally de santos” ahondó en el universo de las crónicas íntimas, las claves del periodismo narrativo y el salto hacia la autoficción.

El sábado se realizó la presentación del libro de Ángeles Alemandi, Rally de santos (La Parte Maldita, 2020) y de Larisa Cumin, El magún (Rosa Iceberg, 2022) en el Centro de Promoción de Lectura “Rosa y Dorada” de la Editorial Municipal, ubicado en la Costanera baja de la ciudad de Paraná. También leyeron en vivo algunos de sus textos los escritores Paula Galansky, Ariel Aguirre, Luciano Mete y Cecilia Moscovich.

Rocío Fernández Doval, una de las organizadoras del Festival, conversó con MIRADOR ENTRE RÍOS para compartir los primeros pasos de esta propuesta: “Empezamos a pensar este festival desde el año pasado, lo presentamos como proyecto al Feicac y recibimos el apoyo. A partir de ahí salimos a gestionar otros recursos para hacerlo posible a través de la cooperativa cultural El Antílope, que es la organización que integramos como revista y en articulación con otras instituciones como la Editorial Municipal y la Facultad de Ciencias de la Educación”, explicó.

A manera de balance de lo sucedido a lo largo de las tres jornadas de festival, Rocío comentó: “Fue un espacio de encuentro, de confluencia entre quienes estamos interpelados por la literatura, el periodismo narrativo y las escrituras en general”. Y agregó: “es el primer festival que organizamos como revista Charco y nos interesaba generarlo para impulsar la formación a través de talleres, así como también la circulación y encuentro de aquellos que estamos trabajando en torno a la escritura en nuestra región”.

“Esperamos que el año que viene podamos repetir esta propuesta –anheló– para que la comunidad de periodistas y escritores pueda seguir creciendo”. En ese sentido, Rocío recordó que existen diversas posibilidades para aportar al proyecto de la revista Charco, uno de ellos es suscribirse de manera gratuita a la entrega virtual o aportar dinero a través de la web de la revista: https://www.revistacharco.com.ar
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