Lanzamiento

Fran Roby estrena su primer disco “No quiero estar loco”

Mirador Provincial dialogó con el músico, actor y escritor mendocino sobre su primer disco, en el cual, propone un universo musical y cinematográfico muy definido. El artista crece a pasos agigantados dentro de la escena de la música nacional.
21-10-2022 | 8:41

“Siempre me gustó mucho consumir arte, pero nunca pensé que iba a poder crearlo”, señala Fran Roby.
Foto:Gentileza.
21-10-2022 | 8:41
Gisela Mesa


Desde las tierras mendocinas, llega este artista multifacético con su nuevo lanzamiento musical. Un disco que propone un universo musical y cinematográfico definido por su decisión de crear.

En este universo, se invita a los espectadores a navegar las distintas etapas de la ilusión. Ilusión del amor, ilusión de la felicidad, de lo efímero y lo permanente: Lo único certero es la duda, y la única respuesta está al final de este viaje.

El disco se compone de 12 canciones que pueden ser englobadas dentro de la categoría de música popular, adquiriendo matices del folk, rock y del funk. También lanzó una miniserie de 12 capítulos de un minuto, que complementa el universo expuesto en los clips. Toda una exploración de la narrativa transmedia. “Durante la pandemia hice una obra en formato transmedia y la idea me quedó picando. Me pareció una excelente herramienta tanto para ampliar la narración de los videoclips como para atraer nuevo público. Hoy es muy difícil captar, y mantener, la atención del oyente y quería agotar todas las posibilidades”. En conversación con Mirador Provincial, el artista deambuló por los inicios de su carrera.

-¿Cómo nace el interés por la música y el teatro?

-El interés creo que lo tuve desde siempre. Todas las expresiones artísticas me cautivan (En realidad casi todo me cautiva, me gusta mucho “entender”). Lo que es la práctica artística, nace de pura casualidad. Son cosas que me fueron “regaladas” por la vida. Siempre me gustó mucho consumir arte, pero nunca pensé que iba a poder crearlo. Empecé a tocar la guitarra a mis 18 años. En ese momento trabajaba en un alquiler de equipos de nieve, en un centro de ski. Uno de mis compañeros de cuarto tenía una guitarra criolla, y me preguntó “¿Querés aprender?”.

Me volví loco. Tocaba todo el día. Recuerdo que llevaba una Playstation para que mi compañero se entretuviera con eso, y poder tocar su guitarra durante más tiempo. Empecé a componer casi al instante, y a los pocos meses ya tenía un repertorio (Humilde, pero lleno de amor). De ese tiempo solo sobrevivió una canción (Ya ves) que cierra mi disco.

-¿Qué influencias estuvieron presentes en tu vida, a nivel musical?

-Me cuesta identificarlas. Sé que me gustan mucho David Bowie, Spinetta, Charly, Frusciante… Pero recuerdo haber escuchado de todo.
A los 6 años tenía un pequeño radiograbador y dos casetes: Uno de Bon Jovi, y otro de Facundo Saravia. Los reproduje hasta destruirlos. A los 12 mi papá compró unos discos de Gorillaz, Limp Bizkit, y Linkin Park y a los 16 lo único que escuchaba era AC/DC. Hoy intento escuchar de todo, dejar mis prejuicios de lado y nutrirme de lo que sea que esté llegando a mis oídos. Lamentablemente, vivimos en una era donde la música está “de fondo” y nos hemos acostumbrado a estar haciendo otras cosas sin prestarle mucha atención a lo que recibimos. Más allá de “que” esté escuchando, creo que me influye mucho más el “como” lo estoy escuchando. Hacerme el tiempo, preparar el ritual, ponerme los auriculares y entrar en contacto con lo que sea que la otra persona me quiera dar.

-Hay algo ancestral y sagrado en el encuentro teatral y musical. ¿Compartís la idea?

-Totalmente. Retomando el punto anterior, creo que hoy estamos bastante desconectados de este tipo de rituales. El arte se ha transformado en una forma de mero entretenimiento (Lo cual no tiene nada de malo, pero se pierde el contenido, lo nutritivo de la obra.) Pasan de ser creaciones que nos hacen pensar y cuestionarnos cosas, y en última instancia a crecer como seres humanos, a ser una forma de pasar el tiempo o distraerse. No soy una persona religiosa, pero intento desarrollar y cultivar mi espiritualidad. El arte funciona como una especie de templo, donde puedo encontrar mi propia humanidad y conectar con la humanidad del otro. Creo firmemente en el arte como herramienta de transformación social y toma de consciencia colectiva.

-¿Cómo te iniciaste en la actuación y qué encontraste en la actuación que no tuvieras en la música?

-Una amiga participaba en el elenco de teatro de la Universidad de Mendoza. Uno de los actores se bajó del proyecto muy poco tiempo antes del estreno, y me invitó a participar. Inmediatamente comencé a tomar todos los talleres de teatro que me fueron posibles, y a los
3 meses estrenamos. Fue una experiencia muy grata, que inició procesos impresionantes (tanto internos como externos) Luego de eso participé en 6 obras más, e incluso fui premiado en algunas. Creo que la diferencia principal está en el proceso creativo. La actuación tal vez se trate más de “disfrazarme”, de habitar otra piel, de sostener una ficción, y la música se trate de desnudarme, de exponerme, de llegar a los más profundo de mi ser y compartirlo. De todas maneras, esto es una contradicción, porque a través de la ficción terminó llegando (O intentando llegar) a la verdad, y en el medio de la exposición uno termina “construyendo” un personaje, que, sin dejar de ser real, es uno apto para subirse a un escenario en cualquier momento. No sé si se trata de “encontrar” algo que no tengo en la otra expresión artística, pero hoy elijo la música porque puedo tomar todas las decisiones referidas al proyecto. Me resulta muy productivo trabajar desde la individualidad. Elijo qué decir y como decirlo.

-¿Cómo es la composición de las letras?

-Es muy relativo, depende de la canción, o del proceso que esté atravesando en ese momento. Intento escucharme, descifrar que es lo que quiero decir. Generalmente arranco desde el juego y la improvisación, encuentro alguna melodía que me guste y desde ahí empiezo a balbucear. En esa catarata de cosas ininteligibles, empiezo a pescar palabras sueltas, y desde ahí comienzo a elaborar el “sentido” de la canción. Una vez que tengo claro de que se trata, cuando tengo la imagen, empiezo a sacar frases o ideas más completas. Eventualmente, es como si todo se armara solo.

-Hablanos de tu primer disco “No quiero estar loco”. ¿Cuál crees que fue ese factor que hizo que se desarrollara en vos la iniciativa de este primer disco?

-El deseo irrefrenable de crear. De influir. De incitar a la reflexión y al pensamiento. Fui creando estas 12 canciones en un período de aproximadamente 6 o 7 años. No tenía ningún objetivo claro, solo el deseo de progresar y convertirme en un mejor artista. Luego de varios proyectos, entre los cuales se cuentan varias bandas (Que no prosperaron, pero me sirvieron para crecer) innumerables escritos, y las ya mencionadas obras de teatro, llegué al punto de madurez en el que tenía que entrar al estudio e intentar llegar a un público
más grande.

-¿Qué implica la locura, lo efímero en este mundo según Fran Roby?

-Vivir vidas que no tienen sentido, perseguir cosas vanas. No tomar consciencia de que el tiempo que tenemos es escaso y valioso, y perderlo en estupideces. Estamos en un mundo que se mueve demasiado rápido hacia ninguna parte. ¿Quién puede afirmar que se conoce realmente? Creo que la locura que nos habita como sociedad es la de vivir sin vivir de verdad

-¿Qué retos tuviste que sortear en tu carrera como músico y actor?

-El reto más grande, sin lugar a dudas, es vencer el cansancio y la desesperanza. El cansancio porque es una cantidad atroz de horas que hay que trabajar para lograr un buen resultado, y la desesperanza porque siempre parece imposible “lograrlo”. Yo no he encontrado todavía una veta económicamente redituable en mis procesos artísticos. Trabajo como contador de 9 a 6 y eso es lo que me permite sostener todo, pero también significa que vivo (literalmente) cansado. El tiempo libre se vuelve inexistente ya que siempre hay que explotar cada segundo para avanzar o para crecer. No somos libres de elegir una vida sin sufrimiento, pero podemos elegir como sufrir.

-¿Y cómo se libera un artista del ego, de la parafernalia un mundo efímero y urgente?

-Creo que es imposible. La única solución es la negociación constante, tanto con uno mismo como con el mundo. Ir paso a paso, día a día, y encontrar el movimiento preciso, exacto, conveniente. Es útil tener los pensamientos ordenados, y ordenar la acción en base a la creación. Esto sin dudas permite hacer las renuncias y sacrificios necesarios para poder construir cosas hermosas y llenas de significado.

-¿Cómo ves el panorama actual de la cultura argentina?

-Creo que es la pregunta más difícil de responder. Creo que la palabra que define la situación es “des-empoderamiento” (no sé si existe), por los siguientes factores:
. Mercantilización del arte al punto de que lo único que importa es el rédito final, y no el mensaje o la idea que se transmite.
. Desculturización generalizada del público, que es incapaz de discernir si algo tiene calidad o no.
. Inefectividad de las políticas públicas y de los mecanismos privados, para que los artistas lleguen al punto de exposición de su producto (Las barreras de ingreso al mercado son muy altas).
. Falta de espíritu crítico en el sector creativo, quedando totalmente impotente en el acto creativo, convirtiéndose en un mero seguidor de tendencias, y en última instancia, vendedor de espacios publicitarios.
Creo que la consecuencia de todo lo mencionado con anterioridad, es que la cultura pierde sustento, se diluye, se debilita, y entonces el arte pierde su cualidad fundamental: La capacidad de transformar la realidad.

-¿Qué proyectos se vienen a futuro?

-Conquistar el mundo.



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