Tracker: el encanto de la televisión sin apuro
. Episodios de aproximadamente cuarenta minutos, tramas sencillas y desenlaces, en su mayoría, felices. A veces, mucho menos es más. Credit: Gentileza.

A más de uno ha sorprendido el rotundo éxito de “Tracker”, serie disponible en Disney+, que a días del estreno de su tercera temporada ha sido renovada para una cuarta.

Protagonizada por Justin Hartley (conocido principalmente por su papel de Kevin, uno de los tres hermanos de ese otro éxito llamado “This Is Us”), “Tracker” presenta en su mayoría capítulos autoconclusivos que, en apariencia, remiten a producciones salidas de los años 80 y 90. Un trabajo con una trama sencilla y directa, donde abunda el misterio y la acción, que parece ir a contramano de los cánones de consumo actuales.

He allí, quizás, el secreto de su éxito.

En un panorama televisivo dominado por universos compartidos, tramas cada vez más densas y un consumo que exige atención permanente, “Tracker” elige correrse a un costado. Propone algo casi anacrónico: sentarse, mirar un episodio y saber que la historia comienza y termina allí. Esa previsibilidad, lejos de ser un defecto, se convierte en una virtud y en una experiencia reconfortante para un público que aún valora el ritual clásico de la televisión.

Un héroe clásico para tiempos actuales

Con Ben H. Winters como creador, a partir de una novela de Jeffrey Deaver, y lanzada bajo una muy buena campaña publicitaria —con desembarco tras el colchón de espectadores del Super Bowl en 2024—, la serie recoge las vivencias de Colter Shaw, una suerte de rastreador experto en supervivencia que recorre los Estados Unidos como “cazador de recompensas”. Gracias a una serie de habilidades que adquirió a lo largo de su niñez y adolescencia, se dedica a localizar personas desaparecidas, en la mayoría de los casos al servicio de ciudadanos comunes, mientras que en otras ocasiones lo hace bajo el expreso pedido de las fuerzas del orden.

Colter es un personaje noble, sin dobles intenciones ni grises de por medio, que más allá del beneficio económico que persigue, se muestra comprometido con las causas que emprende. Un justiciero siempre dispuesto a ayudar a los más débiles.

Si bien el personaje principal es, en apariencia, un “lobo solitario”, lo cierto es que cuenta con un grupo de colaboradores habituales. Por un lado, aparece Velma (Abby McEnany), una especie de socia que le proporciona casos y apoyo logístico desde la comodidad de su casa u oficina. A ella se suman el hacker Bobby Exley (Eric Graise), que lo asiste ingresando a sistemas y cámaras de seguridad, y la abogada Reenie (Fiona Rene), quien lo saca de más de un aprieto y con quien mantiene una relación personal un tanto confusa.

Detrás de los capítulos autoconclusivos, algo recurrente en este tipo de formatos, se brindan pinceladas de un pasado marcado por la muerte de un padre en circunstancias extrañas.

No hay mucho más que eso. “Tracker” se destaca, ante todo, por una narrativa simple que evoca a ficciones detectivescas y policiales estadounidenses de antaño como “Walker, Texas Ranger”, “Magnum, P.I.”, “Miami Vice” y “Renegade”, este último también un “nómada en busca de justicia”. Si vamos a productos más actuales, podemos mencionar “The Finder” y “Reacher”, también centradas en investigadores independientes o solitarios que resuelven casos semanales.

Colter Shaw no responde al modelo del antihéroe contemporáneo: no ironiza sobre su rol ni lo pone en crisis permanente. Actúa, ayuda y sigue adelante. En tiempos de personajes rotos hasta la parálisis, esa simpleza resulta casi disruptiva.

En ese esquema de “caso de la semana”, “Tracker” articula una lógica moral clara que se encarna directamente en su protagonista. Colter funciona como una figura casi clásica: un héroe sin épica grandilocuente, sin discursos ni consignas, guiado por una brújula moral sencilla pero firme. Cada episodio propone un desorden —una desaparición, una injusticia, un conflicto— que debe ser reparado, aunque sea de manera parcial. No se trata de grandes transformaciones, sino de pequeños equilibrios restablecidos antes de seguir adelante.

Intentando rascar la olla, es un personaje que, en el fondo, busca encontrarse a sí mismo, aunque definitivamente parte de su historia necesita una respuesta.

No hay grandes escenas visuales ni bajadas de línea notorias: es una serie donde lo que prima es la acción.

Justin Hartley, como Colter Shaw, ofrece una labor funcional al personaje. Se muestra algo parco, un actor al que no le sobra nada, pero que gracias a su estatus de estrella televisiva ha conseguido que su sola presencia sea lo suficientemente convocante.

Estrenada a fines de enero, la tercera temporada se compone de 21 episodios en los que Colter, si bien continúa con su trabajo como rastreador, intenta con mayor ahínco reparar esa historia familiar que mencionábamos. Cada persona desaparecida representa para él una nueva oportunidad de hacerlo. Estamos ante un enfoque mucho más complejo y dramático.

Lo que en temporadas anteriores se insinuaba, aquí se explora a fondo, acompañado por el regreso en los primeros episodios de Jensen Ackles, interpretando al hermano de Colter, Russell. Esta tanda de episodios deconstruye al héroe, exponiendo sus contradicciones y un desgaste propio de quien no puede rescatarse a sí mismo. Dentro de esa confusión, intentará sostener una ética de trabajo que todo el tiempo es puesta a prueba.

Como dato anecdótico, existe un cambio de personajes en el rol de informático que le sienta de maravillas a la serie. Randy, con breves apariciones desde la temporada anterior, toma por completo el rol y, de la mano del actor Chris Lee, alivia el tono dramático y aporta frescura con cada una de sus intervenciones.

A pesar de rozar el cliché, “Tracker” es una serie efectiva que, ante todo, se disfruta muy rápido. Un entretenimiento estándar, para muchos un placer culposo, que ha conseguido más de 80 millones de espectadores.

“Tracker” no busca reinventar la televisión ni dejar huella. Y quizás allí radique su mayor acierto: recordar que durante décadas el formato televisivo fue, simplemente, acompañar. Episodios de aproximadamente cuarenta minutos, tramas sencillas y desenlaces, en su mayoría, felices. A veces, mucho menos es más.


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