Sergio «Checho» Basile, actual presidente del Concejo de Santa Fe, forjó su trayectoria desde una familia trabajadora, combinando la experiencia en diversos oficios con una reconocida vocación de diálogo. Su compromiso político y militancia se gestaron a partir de la devastadora inundación de 2003, un hito que marcó su decisión de involucrarse activamente por la ciudad.
Una infancia de «laburante» y el amor por Santa Fe
La historia de Sergio «Checho» Basile, actual presidente del Concejo de Santa Fe, resuena con la de muchos habitantes de la capital provincial: una trayectoria marcada por el esfuerzo y el arraigo. Con 42 años, Basile evoca una infancia típica santafesina, la de jugar a la pelota en la calle o en el «campito», de recorrer el barrio en bicicleta con amigos hasta altas horas o de los abuelos disfrutando del mate en la vereda bajo la luna. Un tiempo, según él, irremplazable.
La vida de Basile dio un giro temprano con el fallecimiento de su padre, Hércules, cuando él tenía solo tres años. Fue su madre, Gladys, quien se puso la casa al hombro con una fortaleza que el propio «Checho» atribuye al «gen tano». Gladys no cesó de trabajar para sacar adelante a sus hijos Sergio, Laura y Daniel, una verdadera «guerrera de luz» para «parar la olla familiar» cada día, hasta su fallecimiento en 2015.
Siendo muy joven, antes de cumplir los 18, Sergio, al igual que sus hermanos, comenzó a realizar «laburitos» para sostener la economía familiar. «Hice de todo —recuerda entre risas en diálogo con El Litoral—: trabajos de albañilería, de mueblería, hasta repartía quesos». Pintaba paredes, restauraba puertas de madera y encontró en una mueblería un refugio en momentos difíciles, gracias a la ayuda de un amigo.
En su juventud, Basile también fue deportista, jugando al rugby, básquet y fútbol. «Yo no dejé el deporte, el deporte me dejó a mí…», comenta con humor. Hoy, está casado con Mely, a quien describe como «el tractor» y «pilar fundamental» de su familia, «quien me baja a tierra a veces, cuando lo necesito. Es un orgullo para mí que sea mi compañera de vida». Su hija, Malena, de siete años, es «su oxígeno para vivir». «Nací en Santa Fe, crecí acá, amo mi ciudad. La conozco, la transité por todos sus recovecos. Tuve una infancia y adolescencia muy feliz», narra Basile, quien, una vez que «colgó los botines» de sus actividades deportivas, encontró su camino en la militancia política.
El quiebre de la inundación de 2003 y el llamado a la política
La militancia política de Sergio Basile en la Juventud Radical está intrínsecamente ligada a uno de los episodios más trágicos y movilizadores en la historia reciente de la ciudad: la inundación de 2003. «El agua del Salado me rebeló profundamente», afirma Basile, quien encontró en su hermano Daniel, ya militante radical, el «puntapié inicial» para involucrarse.
«La inundación me marcó a fuego», remarca. «Sentí un nivel de injusticia, de vulnerabilidad muy grande. Más allá de todo lo positivo que después pudimos construir, la solidaridad… Pero el ingreso del agua, la desesperación de la gente, me llevó a decir: ‘Che, tengo que hacer algo por los otros. Esto no me puede pasar de costado'». Esa experiencia, un dolor compartido por miles de santafesinos, lo empujó hacia el servicio público.
La política como servicio público y el compromiso con el vecino
Para Sergio Basile, la política, surgida de aquel momento casi «epifánico» de 2003, es sinónimo de «servidores públicos». «Para mí es mi esencia, mi sentido de la vida, más allá de la herramienta de transformación que es la actividad», explica. Entiende la política como un elemento positivo que trabaja sobre los valores de la justicia, la equidad y la democracia, siempre como el «Norte fundamental».
«Ser servidor público es empatizar con la gente: sentir el dolor, la tristeza del otro. Eso es la política, y quien no la entiende así, no hace política», sostiene, marcando su diferencia con otras interpretaciones.
De cara al vecino, a aquel ciudadano «común y de a pie» que lidia a diario con preocupaciones sociales y económicas, Basile envía un mensaje claro: «Entiendo que no se dieron las suficientes respuestas sociales en determinados momentos de la historia argentina». Pide confianza: «Solo le diría a la gente que confíe; que en política hay gente buena, predispuesta a laburar todos los días para tratar de resolver sus problemas; que se pone la camiseta del vecino que tiene al lado».
Con 42 años, Basile, «hijo de la Democracia», cree en una cuestión generacional que impulsa a pensar las cosas de otro modo, «sin tanto egoísmo», buscando un compromiso más profundo con la comunidad.
Ping pong: de Alfonsín a Colón, la mirada de un santafesino
Para conocerlo un poco más, El Litoral le propuso un ping pong de preguntas rápidas:
- ¿Un referente político? Raúl Alfonsín.
- ¿Su libro de cabecera? No tengo, pero el último que estoy leyendo es justamente «Ahora Alfonsín» (de Matías Méndez y Rodrigo Estévez Andrade).
- ¿Una película que siempre vuelve a ver? «Corazón Valiente». La vería todas las veces que pueda (risas).
- ¿Hincha de…? Colón de Santa Fe. Toda la vida.
- ¿Qué hace en su tiempo ocioso? Estar en mi casa, tranquilo, escuchando radio o música. Y si está mi hija, mucho mejor.
- ¿La ciudad de Santa Fe es, para usted…? Mi lugar. No sé si mi lugar en el mundo, no creo. En el mundo se pueden encontrar muchos lugares bonitos. Pero Santa Fe es mi lugar, y no quiero que me lo toquen.
