La Basílica de Guadalupe en Santa Fe capital impulsa una colecta solidaria para financiar la instalación de un ascensor que facilite el acceso de feligreses con movilidad reducida al camarín de la Virgen. El proyecto, con un costo estimado superior a los 60 mil dólares, busca concretar una obra largamente anhelada por la comunidad. Se reciben donaciones para alcanzar este objetivo.
Un acceso para todos: el sueño del ascensor en la Basílica de Guadalupe
La Basílica de Guadalupe, un verdadero faro de fe y comunidad en Santa Fe capital, se encuentra en plena cruzada para garantizar que todos sus feligreses puedan acceder plenamente al corazón de su devoción: el camarín de la Virgen Nuestra Señora de Guadalupe. Actualmente, para muchas personas con movilidad reducida o avanzada edad, subir las escaleras hasta el lugar de rezo íntimo donde reside la Santa Patrona se convierte en una tarea casi imposible.
El párroco actual de la Basílica, el Padre Marcelo Blanche, lo explica con claridad: «El camarín es ‘el corazón de la basílica'». Para él, es fundamental que «toda la feligresía» tenga la posibilidad de estar con la «Madre María», un derecho que hoy se ve limitado por barreras arquitectónicas.
El proyecto del ascensor: una realidad en marcha
La iniciativa para adquirir e instalar un ascensor que salve los seis metros de altura hasta el camarín comenzó formalmente a principios de este año, durante el tradicional festival solidario de la basílica, cuando aún era cura párroco el Padre Olidio Panigo. Posteriormente, en marzo, el Padre Blanche asumió sus funciones, continuando con entusiasmo esta importante meta.
Previo al inicio de la colecta, se realizaron exhaustivos estudios técnicos. La Municipalidad de Santa Fe intervino para aprobar el proyecto, y una empresa privada brindó el asesoramiento necesario. El objetivo principal fue determinar la viabilidad de la instalación y su ubicación óptima, de modo que no afecte la valiosa arquitectura del templo.
Finalmente, se definió que la maquinaria del ascensor estará en el exterior del inmueble, pero el acceso para subir y bajar hasta el camarín se realizará por dentro de la Basílica, específicamente por el lado oeste. «Esto se resolvió en función de los estudios técnicos, teniendo en cuenta la seguridad de las personas, la arquitectura y la practicidad», aclara el Padre Blanche.
La comunidad se une: ¿cómo colaborar?
El costo de un ascensor con estas características es elevado, estimándose en más de 60 mil dólares. A pesar del gran desafío económico, el Padre Blanche se muestra optimista: «La colecta marcha bien, y si bien es cierto que aún nos queda camino para llegar a dicho monto, tenemos mucha esperanza en lograr esta meta». Incluso adelantó que «hay una promesa de una ayuda económica muy importante» que podría permitir el inicio de la obra durante la primera mitad del año.
«Tenemos una buena base gracias a la colecta. Agradecemos profundamente a todos aquellos que han donado para contar con el ascensor. Lo primero será asegurar su estructura», enfatizó el religioso, destacando la solidaridad de los vecinos.
Para quienes deseen sumarse a esta cruzada de «seis metros de esperanza», la Secretaría Parroquial de la Basílica ha habilitado dos cuentas bancarias para recibir donaciones:
- Para donar en pesos: transferir al alias: ascensor.guadalupe.p
- Para donar en dólares: transferir al alias: ascensor.guadalupe.d
Seis metros de esperanza: un testimonio que moviliza
El eslogan de la colecta, «Seis metros de esperanza», sintetiza la altura que el ascensor recorrerá y la profunda significación de este proyecto para la comunidad. Para el Padre Blanche, el camarín «es el ‘corazón’ de la basílica. Todos los peregrinos necesitan llegar allí, porque en el camarín nos encontramos con nuestra Madre la Virgen, que escucha, acompaña, alivia y fortalece».
La necesidad del ascensor se hizo palpable un día, cuando el Padre Marcelo notó que un grupo de catequesis de niños no podía subir al camarín en su totalidad. Un niño en silla de ruedas se hubiera sentido excluido. «Si yo decía que subieran por las escaleras, ese pequeño iba a quedar muy afectado», recordó el párroco. «¡Cómo a veces hasta un niño puede estar limitado para subir al camarín, por una invalidez de sus piernitas!».
Este ascensor permitirá que todos, sin excepción, puedan acceder a la Virgen. «Los chicos de catequesis hubieran podido subir todos, la mayoría por la escalera, y este niño en silla de ruedas por el ascensor. Y así, estar todos allá arriba con la Virgen», concluyó el religioso, invitando a la comunidad a hacer realidad este sueño de inclusión y fe.
