Estudio de la UBA analiza la memoria social sobre la dictadura: ‘Desaparecido’, la primera palabra

Un reciente estudio nacional, desarrollado por el Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con apoyo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), revela que la sociedad argentina mantiene una memoria activa y una valoración fuertemente negativa de la última dictadura militar (1976-1983), siendo «desaparecido» la palabra que primero se asocia al período. La investigación, a 50 años del golpe de Estado, destaca matices interpretativos sobre los hechos y concluye que el 83% de los encuestados considera poco o nada probable un nuevo quiebre institucional en el país.

La memoria de la dictadura en Argentina: un estudio revela percepciones y desafíos

Un reciente estudio nacional, desarrollado por el Observatorio Pulsar (UBA) y coordinado por Facundo Cruz, con el apoyo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), se propuso indagar sobre el conocimiento, la interpretación de la dictadura y la percepción de la sociedad argentina ante la posibilidad de un nuevo golpe de Estado. Respecto a esta última cuestión, el informe adelanta una conclusión contundente: el 83% de los encuestados considera poco o nada probable que se instaure una nueva dictadura en Argentina.

El documento, titulado «Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después», revela que la sociedad argentina mantiene una valoración fuertemente negativa del régimen militar, a pesar de que persisten interpretaciones divergentes sobre su accionar. Un dato particularmente destacado es el rol clave de la educación y la familia en la transmisión de la memoria, reforzando la percepción, ya mencionada, de una remota posibilidad de un nuevo quiebre institucional.

A medio siglo del golpe de Estado de 1976, la memoria sobre la última dictadura militar en Argentina permanece vigente y con un fuerte anclaje social, aunque matizada por diferencias generacionales, educativas y territoriales. Estas conclusiones se desprenden de una encuesta nacional realizada sobre 1.136 casos, complementada con grupos focales en distintas regiones del país.

Condena unánime y matices interpretativos

El nivel de conocimiento sobre el período entre 1976 y 1983 es uno de los datos más contundentes: siete de cada diez argentinos aseguran saber «mucho» o «algo» al respecto. Este nivel de información se traduce en una condena mayoritaria al régimen militar, con un predominio de valoraciones negativas que lo califican como un período «malo» o «muy malo» para el país.

No obstante, detrás de este consenso general emergen diferencias interpretativas. El estudio identifica dos grandes perspectivas: una que define al gobierno militar como responsable de un «plan sistemático de desaparición de personas y violación de derechos humanos», y otra que lo interpreta como una «lucha contra el terrorismo» en la que se produjeron «excesos». La primera postura predomina, especialmente entre mujeres, personas con mayor nivel educativo y residentes del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Pese a estas divergencias, existe un punto de coincidencia transversal: el rechazo moral al período. En los testimonios cualitativos, emergen con fuerza sentimientos de «dolor», «temor» y «condena total», incluso entre quienes mantienen visiones más matizadas. La memoria colectiva sigue asociando centralmente la dictadura con la desaparición de personas, la represión y la violencia institucional. Ante la pregunta abierta «¿Qué es lo primero que se le viene a la mente cuando piensa en la dictadura argentina entre 1976 y 1983?», la palabra «desaparecido» aparece claramente en primer lugar, seguida de «represión», «muerte» y «militar», entre otras.

Fuentes de la memoria y la transmisión intergeneracional

En cuanto a las fuentes de esa memoria, el informe destaca el rol decisivo de la escuela, la universidad y el entorno familiar, por encima de los medios de comunicación o las redes sociales. Este dato refuerza la idea de una transmisión intergeneracional que ha logrado mantener el tema en la agenda pública, incluso entre quienes no vivieron directamente el período.

Al interpretar la dictadura, el rechazo al golpe también se expresa con claridad: una mayoría del 63% sostiene que no hubo motivos que justificaran la interrupción del orden democrático.

Responsabilidad y la persistente demanda de justicia

Asimismo, la responsabilidad principal es atribuida a la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, por encima de otros actores políticos o sociales. La demanda de justicia emerge como otro eje consolidado. Siete de cada diez encuestados se manifiestan a favor de que el Estado continúe juzgando a los responsables de los crímenes de la dictadura, lo que evidencia la vigencia del consenso construido en torno a las políticas de derechos humanos.

No obstante, el estudio introduce un matiz relevante: la experiencia directa con el terrorismo de Estado es cada vez más limitada, lo que genera diferencias en la intensidad de las percepciones. Aquellos con familiares o conocidos que fueron víctimas tienden a expresar valoraciones más críticas y definidas; para el 56%, el período es «muy malo».

¿Repetición histórica? Un optimismo matizado por la participación

Por otra parte, la posibilidad de una repetición histórica se descarta prácticamente. El 83% de los consultados considera poco o nada probable que vuelva a haber una dictadura en Argentina. Este optimismo se apoya, principalmente, en la confianza en la reacción social ante un eventual intento de ruptura institucional, aunque el propio informe advierte una contradicción entre esa expectativa y los bajos niveles de participación efectiva en acciones colectivas.

«La gente no dejaría que pase, saldría a la calle, se uniría y lucharía para revertirlo», fue una de las respuestas recabadas. Sin embargo, muchas personas reconocen que nunca han asistido a una marcha o que ni siquiera realizan publicaciones en redes sociales para apoyar o demandar juicios. Cuando imaginan los efectos de una posible dictadura, suelen proyectar únicamente consecuencias individuales, como la imposibilidad de chatear, la pérdida de la libertad de expresión o restricciones en redes sociales.

«Yo creo que en ese tiempo la gente no se dio cuenta de lo que iba a pasar, yo creo que ahora no se permitiría, no sé cómo pero yo creo que no se permitiría que vuelva a suceder una cosa así, no sé cómo se podría hacer pero no lo veo como algo factible», expresó un participante en uno de los grupos focales que analizaron aspectos cualitativos de la dictadura.

La memoria activa: el rol de la cultura y la necesidad de mantenerla viva

A 50 años del golpe, el estudio traza un mapa complejo: una sociedad que condena mayoritariamente la dictadura y sostiene su memoria, pero que, al mismo tiempo, exhibe matices interpretativos y una relación cada vez más mediada y menos vivencial con aquel pasado.

Al analizar el ejercicio de la memoria personal sobre la dictadura, el 37% de los encuestados mencionó haber visto alguna película, obra de teatro o documental sobre el período 1976-1983; un 21% afirmó haber asistido a una marcha del 24 de marzo, y un 6% leyó algún fragmento del «Nunca Más».

Resulta claro que la tarea no está concluida. La memoria persiste, pero es imperativo mantenerla activa.


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