Los lazos de Robert Francis Prevost con la Argentina preceden a su ascenso como Papa León XIV en el Balcón de la Basílica de San Pedro. Aunque sus viajes iniciales no tuvieron la resonancia mediática que hoy adquieren retrospectivamente, dejaron una impronta significativa en diversas comunidades de la Orden de San Agustín y en aquellos que compartieron con él celebraciones religiosas y encuentros pastorales.
Entre 2001 y 2013, Prevost ejerció como Prior General de los Agustinos, la máxima autoridad de la congregación fundada bajo la espiritualidad de San Agustín. Esta responsabilidad conllevaba recorrer las provincias agustinas en todos los continentes para acompañar la vida de las comunidades, presidir reuniones institucionales y participar en celebraciones. La Argentina se incluyó en este extenso itinerario.
Encuentros clave con Jorge Mario Bergoglio
En ese período, el entonces Prior General Prevost mantuvo diversos encuentros con el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien por entonces se desempeñaba como Arzobispo de Buenos Aires. El propio Prevost rememoró esta relación poco después del fallecimiento de Francisco. En una entrevista con Vatican News, detalló que conoció a Bergoglio durante sus visitas a la Argentina y subrayó la profunda impresión que le causaron su sencillez y autenticidad.
«Varias veces, durante las visitas a mis hermanos en la Argentina, cuando él era todavía cardenal, tuve ocasión de conocerlo y hablar con él, informalmente y sobre asuntos más institucionales«, recordó el hoy Pontífice. Esos encuentros cimentaron un vínculo que persistió tras la elección de Francisco en marzo de 2013 y que años después culminó con el nombramiento de Prevost como Prefecto del Dicasterio para los Obispos y, posteriormente, como Cardenal.
La visita documentada de 2004
Una de las visitas documentadas tuvo lugar en 2004, cuando Prevost participó en actividades de la Orden de San Agustín en Buenos Aires. Durante esa estadía, coincidió con el entonces Cardenal Bergoglio, en una etapa en la que ambos compartían responsabilidades de liderazgo dentro de la Iglesia: uno al frente de la Arquidiócesis porteña y el otro como superior mundial de los Agustinos. A pesar de que aquella visita poseía un perfil estrictamente eclesial, hoy se la recuerda como uno de los primeros contactos personales entre quienes, en el futuro, ocuparían dos de los cargos más importantes de la Iglesia Católica de manera sucesiva.
La ordenación de monseñor Alberto Bochatey
El viaje más notable se concretó en marzo de 2013, apenas cuatro días antes del cónclave que elegiría a Francisco. Prevost llegó al país para participar en la ordenación episcopal de Monseñor Alberto Bochatey, también agustino, como Obispo Auxiliar de La Plata. El 9 de marzo, concelebró la ceremonia en la Catedral de La Plata y, posteriormente, presidió otra misa en la Parroquia San Agustín, situada en el barrio porteño de Recoleta.
Bochatey recordó más tarde haber sido él quien invitó personalmente a Prevost a dicha celebración, enfatizando la cercanía que mantenían desde hacía décadas dentro de la orden religiosa. Aquella visita adquirió un carácter casi providencial. Solo cuatro días después, el 13 de marzo de 2013, Jorge Bergoglio fue elegido Papa con el nombre de Francisco.
Un huésped habitual de los agustinos
Las diversas visitas de Prevost se caracterizaron por una discreción absoluta. Durante sus estadías, se alojó en el convento de los Agustinos, anexo a la Parroquia San Agustín, sobre la Avenida Las Heras, en la Ciudad de Buenos Aires. Miembros de esa comunidad religiosa recuerdan que permaneció allí en múltiples ocasiones, compartiendo la vida cotidiana del convento, celebrando misas y sosteniendo encuentros con sacerdotes, seminaristas y fieles, sin protocolos especiales ni dispositivos de seguridad. Este estilo sencillo y cercano es, precisamente, uno de los rasgos que quienes lo conocieron en aquellos años destacan con mayor asiduidad.
Una relación construida durante años
Las visitas a la Argentina se enmarcaron en una intensa actividad internacional que Prevost desarrolló durante más de una década como Superior General de los Agustinos. Su profundo conocimiento de la realidad latinoamericana —afianzado durante décadas de misión en Perú— y el contacto continuo con las iglesias locales le permitieron establecer relaciones personales con numerosos obispos, sacerdotes y religiosos del continente. Con su elección como León XIV, aquellos viajes adquieren una nueva significación histórica. Ya no se perciben únicamente como los desplazamientos habituales de un superior religioso, sino como los antecedentes de un vínculo personal y pastoral con la Argentina que se forjó mucho antes de que el mundo lo reconociera como Sucesor de Pedro.
