Un relevamiento del Banco Central advirtió sobre un fuerte deterioro en el crédito destinado a los hogares, impulsado por una suba en los índices de morosidad y un salto en la deuda considerada incobrable en el último año. El impacto de la crisis de pagos golpeó con mayor dureza al segmento no bancario, integrado por mutuales, cooperativas y fintech, lo que derivó en la baja de decenas de entidades del registro oficial. Este escenario refleja la creciente fragilidad financiera de los sectores de menores ingresos para cumplir con sus compromisos en el actual contexto económico.
El rojo en las finanzas de los hogares
El escenario financiero para las familias argentinas atraviesa uno de sus momentos más críticos en cuanto a capacidad de pago. Según revelan los últimos informes del Banco Central de la República Argentina (BCRA), un tercio de los proveedores no financieros de crédito habilitados padece índices de irregularidad alarmantes: de un universo de 408 firmas relevadas, 120 presentan a más de la mitad de sus clientes con demoras en las cuotas, mientras que unas 40 entidades directamente registran un nivel de mora que supera el 90% de sus carteras.
Si bien la tasa promedio de atraso en los préstamos destinados a los hogares se ubicó en un 12,9% a mitad de año, las prestamistas que exhiben los mayores deterioros concentran un volumen acotado del financiamiento total. En conjunto, las firmas más comprometidas acumulan acreencias por $ 1,8 billones, lo que representa algo más del 10% del stock global de crédito familiar. Sin embargo, el fenómeno refleja una tensión estructural que afecta de lleno a los sectores con menor acceso al sistema bancario tradicional.
El impacto en la cartera incobrable
El aspecto más preocupante del panorama crediticio radica en el volumen de saldos que las entidades ya dan por perdidos. La masa de deudas calificada como incobrable escaló hasta alcanzar los $ 2,1 billones, una cifra que equivale al 13,8% del total otorgado en el mercado. Este indicador sufrió un salto drástico en comparación con el mismo período del año anterior, cuando la incobrabilidad apenas representaba un 4,1% de la masa prestada.
La trepada vertiginosa en los índices de morosidad impactó de lleno en la subsistencia de los proveedores de crédito, provocando un notable achicamiento del mapa de oferentes. Desde que comenzó la fase de deterioro en la conducta de pago de los deudores, la autoridad monetaria procedió a dar de baja a 68 entidades de su registro oficial. Las cancelaciones se dieron en forma acelerada, con un grueso de caducidades concentradas durante el último ejercicio y en los primeros meses del corriente año.
La vulnerabilidad del sector no bancario
El segmento no bancario —compuesto por mutuales, cooperativas, empresas de venta de electrodomésticos y plataformas fintech— es el que se lleva la peor parte de la crisis de impagos. Análisis de consultoras privadas remarcan que la irregularidad en la cartera de estos actores trepó al 29,5%, multiplicando por cuatro la morosidad que registran las entidades bancarias tradicionales, una brecha que expone la fragilidad de los sectores que recurren al financiamiento informal o de mayor costo financiero.
