Novedad editorial: “Envoltura” de Celina Mirada
En “Envolturas” van a encontrar con dos voces. Una es la historia en la que se desenvuelve una metamorfosis de la pubertad, la de Belén, que está narrada en primera persona desde un punto de vista omnisciente. Y la otra voz es de la conferencista, una psicoanalista que presenta algunos breves ensayos que van a ir apareciendo entre las aventuras de Belén. Credit: Gentileza.

La envoltura no es lo que se quita para llegar a lo esencial. No hay un núcleo verdadero esperando ser descubierto. Hay capas, pliegues y bordes que se tocan, demuestra Celina Mirada en su libro Envoltura, mediante un cruce narrativo que bordea la ficción y el andamiaje teórico que la forja como psicoanalista e investigadora. El material trabajado por la editorial Nocturna tendrá una doble presentación el próximo sábado 28 de junio a partir de las 19 horas en el Colegio de Psicólogos y  Psicólogas 2°CIRC (Dorrego 423, Rosario) y el domingo 6 de julio a las 17:30 horas en La Libre (Chacabuco 917). La autora dialogó con Mirador Provincial.

Los motivos de escritura

-¿Qué es la envoltura de una persona?

-Muchas gracias Ariel por la entrevista, que me hace de motivo para construir lo que pasó, hasta ahora, con la escritura de este libro. Mientras estábamos en el tiempo de montaje editorial, con Fernanda Restivo y Mariana Ortiz Losada, viajé más de lo habitual a Buenos Aires. La música me acompañaba en la ruta. Uno de los discos que más me gustaba escuchar era “Pintura de guerra”. Es el único que sacaron Rosario Blefari y Julián Perla que formaron un dúo llamado Los universos posibles. Estaba sorprendida por cómo me captaba esa música, las voces. Ocurre que en algún momento encuentro una entrevista que le hacen a los dos y Rosario dice algo que responde a mi atracción: “La explicación que le encontramos es que nuestras voces octavan muy bien. Cantamos en nuestro registro, a ocho notas de distancia”. En esa distancia encuentro una forma posible de Envoltura. Un hacer con la diferencia. La diferencia puede decirse y experimentarse de maneras distintas, pero lo que la efectúa es el desencuentro entre lo esperado y lo hallado. La experiencia que tenemos más al alcance del oído es la brecha que se abre entre el quise y el decir. De esta manera intento también ubicar la envoltura en el sujeto no en la persona. Paradójicamente, el encuentro está hecho de la proximidad más anhelada y de la distancia que se resiste a la conjunción. Entonces el encuentro, habitado por la alteridad, es al mismo tiempo encuentro y separación.

-¿Qué te empujó a realizar una investigación sobre la temática? ¿Desde qué punto de vista teórico trabajás el libro?

-La clínica psicoanalítica y, decir clínica en psicoanálisis, es tanto de los análisis que se intentan conducir como la propia experiencia de análisis. Esto entrelazado al análisis de control y a la lectura de la teoría con otros. Cuando decidí estudiar psicología en la Universidad Nacional de Rosario, el verbo ayudar me puso en carrera. Fui resignificando lo que ese verbo me ordenaba ser y hacer. El interés por la literatura y la participación en talleres de escritura hicieron su aporte en este cambio de orientación. Desde entonces digo mejor sobre lo que hago si afirmo que trabajo con ficciones. Es desde un punto de vista que alguien puede narrarse y de esa manera habitar una ficción. Cada transferencia aloja una narración y es por su desarrollo que aquel que se decide a un análisis se da la posibilidad de vivir un poco mejor ( y acá vuelvo a Blefari) más allá de esos breves instantes de felicidad. Esta orientación de la clínica puede decirse más en Lacaneano: se imagina en lo real el efecto de lo simbólico, pero para que correr el riesgo de que afirmemos esta frase compacta dando por hecho un entendimiento.

-¿En tu trabajo abordás algún momento particular de la vida humana?

-La pubertad y la adolescencia. Hace un tiempo, en una jornada, presenté un trabajo que sostenía la pregunta a qué se destinan los noviazgos adolescentes. Freud hablaba de que la elección de objeto acontece en dos oleadas. La primera vinculada a quienes, con ternura  y deseo, se han ocupado de satisfacer las necesidades; la segunda, después del período de latencia, implica una renuncia, la de los objetos infantiles. Renuncia compleja, incluso puede no producirse. Las pasiones, las rivalidades, el sentido de pertenencia y la exclusividad atraviesan la adolescencia con una coloración intensa. Si bien no se excluyen de otros tiempos de la vida, tienen una ebullición necesaria que puede extinguirse tras haber cumplido su propósito o perdurar hasta incluso con consecuencias indeseables

En el libro esto está dicho de otro modo, más cercano a algo que podría nombrar como una ficción teórica.  En “Envolturas” van a encontrar con dos voces. Una es la historia en la que se desenvuelve una metamorfosis de la pubertad, la de Belén, que está narrada en primera persona desde un punto de vista omnisciente. Y la otra  voz es de la conferencista, una psicoanalista que presenta algunos breves ensayos que van a ir apareciendo entre las aventuras de Belén. El texto avanza y se despliega como si una le preguntara a la otra ¿Hasta cuánto sabes contar?

Contextos, identificaciones y envolturas

-¿Cuál es la importancia del contexto histórico y social a la hora de pensar la envoltura?

-La diferencia es una manera de hablar de la castración.  El psicoanálisis hace su aporte dando la posibilidad de que el sujeto reemplace lo real de la muerte por un lazo simbólico a la cultura. Lo ajeno, lo desconocido y otras formas de nombrar lo que no es yo es fuente de rivalidad,  pero puede ser más que eso. La agresión no es lo mismo que la agresividad constitutiva que da tratamiento a la rivalidad yo-no yo. Podemos ir ahí en la pregunta sobre las identificaciones, pero para decir la rivalidad de alguna manera constatable en lo cotidiano, te vas a tomar unos mates a un parque y basta que una niña, un niño agarre la palita en el arenero para que los otros, las otras que estaban mirándose el pupo quieran la palita como no quisieron ninguna otra cosa en la vida. La agresión no es tratamiento de la alteridad, los binarismos cultivan la agresión. La lógica binaria es la que se pierde para envolver. Ya que nombro la palita, podemos arrimar el término a la dimensión del trabajo. Agarrar la pala en el sentido más benigno de la producción, como expresión de dedicación y esfuerzo por un trabajo, está resistiendo a la ilusión de la especulación financiera. Recientemente, Leo Berneri publicó una serie de poemas que tituló Fábrica. Mientras los leía me sentía testigo de un efecto de transmisión de generación en generación. Sin desconocer la crudeza, pondera la pertenencia a un cordón (industrial). Tirando un poco más del hilo de la transmisión pensemos que no es lo mismo ver un video por Youtube a que alguien envuelva con su voz a través de un cuento. En la envoltura hay metáfora y la metáfora es un movimiento, un medio de transporte de la cultura.

-¿Qué lugar tienen las identificaciones de una persona a la hora de armar su propia envoltura?

-El rasgo de las identificaciones es materia prima para la envoltura. El psicoanálisis nos enseña que nos constituimos en el campo del Otro. Somos envueltos y por ello podemos volvernos agentes de envolturas. Una de las experiencias más interesantes de escuchar a adolescentes es constatar la extrañeza que genera estar haciendo de ese que te dijeron que sos. Belén, una de las protagonistas del libro es invitada a una fiesta de disfraces. Se disfraza de otra, de una chica punk que para ella es lo contrario de sí misma. Esa noche, enmascarada, se enamora. Encuentra una manera de perturbar el ser para entrar a la escena del amor exogámico. Esa fiesta puede ser leída como la puesta en ejercicio de un argumento que falsea un ser instituido como la verdad por un argumento verdadero posible de volver a falsearse.

-¿A qué llamás borde de la envoltura?

-Te propongo suponer que la envoltura sea algo similar a trazar un círculo. En ese trazo circunscribimos algo y también hicimos un agujero. Es difícil volver sensible esa experiencia. Marguerite Duras la llama la palabra agujero que estropea y contamina todas las demás. Alejandra Pizarnik se preguntaba: ¿Si digo pan, comeré? ¿Si digo agua, beberé?

En el epiprólogo del libro que escribió Nocturna Editora queda dicho que la envoltura no es lo que se quita para llegar a lo esencial, sino que se vincula con la insistencia, algo se dice sin poder del todo decirse. Eso se materializa en la hechura misma del libro que tiene formas de distintas procedencias: notas, ensayos breves, un diario íntimo que va a perdiendo el carácter confesional transformándose en un cuaderno de anotaciones y composición de diálogos, epígrafes, partes de canciones y citas bibliográficas. Esas distintas especies por las que circula la palabra conversa con las y los lectores sin decirlo todo sino más bien como invitación a ubicarse ante lo que no cesa de no escribirse.

Bio

Celina Mirada es psicoanalista y escritora. Nació en Pergamino, Buenos Aires, en 1983. Egresada de Psicóloga en la Universidad Nacional de Rosario, ciudad en la que reside desde el año 2001. Integrante de la cátedra Psicoanálisis II de la facultad de psicología de la UNR donde también dicta el seminario electivo de pregrado «Clínica con púberes y adolescentes». Es miembro de la Escuela de psicoanálisis Sigmund Freud Rosario, institución en la que desarrolla seminarios y participa de Carteles de investigación. Coordina el taller Escrituras de la clínica en el atelier Corte y Conφccion.

Las presentaciones

Sábado 28 de junio a partir de las 19 horas: en el Colegio de Psicólogos y  Psicólogas 2°CIRC (Dorrego 423, Rosario). Acompañan a la autora: Daniel Paola, Adriana Covili y Fernanda Restivo.

Domingo 6 de julio a las 17:30 horas: en La Libre (Chacabuco 917). Acompañan a la autora: Daniel Paola y Fernanda Restivo.


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