La localidad de Elortondo fue escenario de una iniciativa que trasciende lo institucional: un programa de pasantías laborales que integró a 16 jóvenes del Centro Educativo Recreativo (CERE) en las tareas diarias del supermercado de la Cooperativa Agropecuaria. Esta experiencia, pionera en la región, permitió a los participantes compartir espacios y responsabilidades con el personal estable de la firma.
Romina Maffioli Bonardo, referente del CERE, destacó la relevancia de este hito para la institución. «Es un evento más que importante para nosotros porque es la primera vez que podemos insertarnos socialmente dentro de lo laboral. Esta sería la primera práctica en terreno que realmente pueden vivenciarla», expresó la profesional.
Los primeros pasos de una propuesta transformadora
El proyecto de pasantías laborales en la Cooperativa Agropecuaria de Elortondo surgió de una propuesta de Matías Marello, representante de la entidad. Maffioli Bonardo recordó que la idea le pareció «fantástica». Tras varias reuniones y un reconocimiento del lugar, se definieron los puestos donde los jóvenes del CERE podían integrarse. Aunque al inicio hubo «miedos» e incertidumbre, el desarrollo superó ampliamente las expectativas.

Los jóvenes asumieron diversas responsabilidades, incluyendo la reposición de góndolas, el armado de bolsitas de alimentos y el control de stock, entre otras tareas que se fueron sumando con el correr de los días. «Tanto el personal como los chicos están súper adaptados, se hicieron muy compinches entre ellos y eso reconforta mucho», añadió la referente del CERE, resaltando la buena convivencia lograda.
Vínculos fortalecidos y el respaldo de la comunidad
Carla Meinardi, docente acompañante de los participantes, resaltó el valor emocional de la experiencia que se inició en septiembre. «Fue muy emocionante ver el proceso desde el inicio. Al principio los chicos entraban con miedo, sin hablar, sin animarse a tocar las cosas. Con el tiempo se fueron soltando y se armó un vínculo lindo con el personal de la cooperativa», relató.
Meinardi subrayó también la positiva respuesta de los clientes del supermercado de Elortondo. «La gente que entraba a comprar los incluía, les pedía cosas, los hacía sentir parte del lugar. Llegaron a sentirse parte del espacio, compartiendo mates y tareas con total naturalidad», afirmó la docente, expresando su deseo de que la iniciativa se repita el próximo año y que «más empresas se animen a abrir sus puertas» para replicar este modelo de inclusión.
Un balance positivo con proyección a futuro
Desde la Cooperativa Agropecuaria de Elortondo, Matías Marello valoró el trabajo conjunto entre ambas instituciones. La idea, que surgió a principios de año, fue aprobada «sin dudas» por el consejo directivo y, tras una planificación iniciada en marzo, se puso en marcha en agosto. «Fue mucho de prueba y error, pero realmente un éxito», sostuvo Marello al hacer un balance de la implementación.
El representante de la Cooperativa destacó la rápida adaptación de los jóvenes del CERE. «Los chicos se adaptaron muy bien. Nos la hicieron muy fácil. Agarraron rápido su trabajo y se desenvolvían con total naturalidad», explicó, reconociendo que también fue un aprendizaje significativo para la institución, al no estar acostumbrados a trabajar con personas con discapacidad. La iniciativa, que culminará en noviembre por el cierre de año comercial, tiene prevista su continuidad para marzo próximo. «La idea es seguir con estas pasantías y ojalá más empresas se sumen. Sería excelente para los chicos y para toda la comunidad», concluyó Marello.
El desafío persistente de la inclusión laboral en Argentina
La experiencia desarrollada en Elortondo se enmarca en un contexto donde la inclusión laboral de personas con discapacidad en Argentina sigue siendo un desafío complejo. Se estima que cerca del 70% de esta población no accede a un empleo formal en el país.
Aunque en los últimos años algunas empresas han adoptado políticas más abiertas y programas específicos, aún es fundamental fortalecer las condiciones para garantizar trabajos estables y con el acompañamiento adecuado. La falta de información, los prejuicios arraigados y la escasa preparación de muchos entornos laborales continúan erigiéndose como barreras significativas que dificultan la plena incorporación de personas con discapacidad al mercado formal.
El empleo, más allá de garantizar ingresos, es una vía esencial para la autonomía, el establecimiento de vínculos sociales y la participación plena en la comunidad. Para las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, trabajar representa la oportunidad de construir y desarrollar habilidades, asumir responsabilidades y ser miembros activos de la vida comunitaria.
Diversas investigaciones y experiencias demuestran que, con los apoyos y adaptaciones razonables, pueden desempeñarse eficazmente en múltiples ámbitos, abarcando desde tareas administrativas, comerciales o gastronómicas hasta roles vinculados a la tecnología, el arte o la comunicación.
