En Santa Fe, el agua no es solo un telón de fondo; es parte de nuestra esencia, un lugar de disfrute y actividad constante. Desde el amanecer en la Laguna Setúbal hasta la vida vibrante en la Costanera Este, con sus paradores y clubes náuticos, el río es un espacio compartido por todos los santafesinos. Por eso, la Prefectura Naval Argentina subraya una verdad fundamental: navegar es también un acto de responsabilidad compartida.
Como Autoridad Marítima nacional, la Prefectura hace hincapié en una serie de recomendaciones esenciales para que el disfrute del río sea seguro para todos. El primer paso es fundamental y se da antes incluso de zarpar: informar la salida y el arribo en el club náutico o guardería correspondiente. Este registro es vital en una ciudad con tanta actividad fluvial, ya que permite una respuesta rápida ante cualquier emergencia. Si la travesía implica cruzar los límites de la jurisdicción, el despacho formal ante la Prefectura, con la correcta identificación del responsable de la embarcación, es un requisito obligatorio que puede hacerse de forma remota, online.
Además, es indispensable llevar a bordo la documentación de la embarcación y el certificado náutico deportivo vigente. Antes de cada salida, consultar el estado del tiempo y las condiciones hidrometeorológicas es una precaución que puede evitar un gran susto; en la Setúbal, por ejemplo, el viento puede transformar en minutos un espejo calmo en un escenario exigente, especialmente para disciplinas como vela, kitesurf o remo.
Cada espejo de agua, sus propias reglas
Los distintos cuerpos de agua en la región de Santa Fe-Paraná cuentan con zonas de prioridad claramente definidas, pensadas para ordenar el uso recreativo y reducir riesgos. En la Laguna Setúbal, por ejemplo, conviven espacios específicos habilitados para kitesurf, vela, stand up paddle, remo y canotaje, junto a áreas delimitadas para circuitos de optimist, laser y embarcaciones deportivas de placer, así como sectores de fondeo. Esta organización es clave en un espejo de agua tan concurrido por deportistas como por familias que disfrutan de la costa.
De manera similar, en los ríos Colastiné y Paraná Viejo, se establecen sectores para embarcaciones de mayor potencia —como motos de agua, esquí acuático o wakeboard— y otros destinados al canotaje. La premisa siempre es navegar con precaución y respetar las zonas de fondeo y circulación establecidas. Estas pautas cobran especial relevancia en áreas cercanas a playas y balnearios, como la concurrida Costanera Este, donde nadadores y bañistas comparten el espacio con la intensa actividad náutica. Es frecuente ver allí, sobre todo los fines de semana, gran cantidad de embarcaciones fondeadas conviviendo muy cerca unas de otras.
El equipamiento y la convivencia segura
El equipamiento de seguridad es otro pilar fundamental para prevenir incidentes. Cada tripulante debe contar con un chaleco salvavidas homologado por Prefectura, en buen estado y adecuado a su talla, prestando especial atención a los niños a bordo. También se recuerda la obligación de no superar la capacidad máxima de personas indicada por el fabricante de la embarcación, y la prohibición absoluta de consumir alcohol si se está al mando de la misma.
En los espigones, en las cercanías de clubes náuticos o en sectores de intensa circulación, la Prefectura solicita extremar la prudencia, respetar las indicaciones del personal y la señalización vigente. Es crucial recordar que no todos los deportes pueden practicarse en cualquier lugar; hacerlo solo en áreas habilitadas es una forma de protegerse y de cuidar a los demás usuarios del río.
Charlas para una navegación consciente
Para reforzar estos conceptos y despejar dudas, el miércoles pasado las autoridades locales de la Prefectura brindaron una importante charla a navegantes de distintas disciplinas. El encuentro tuvo lugar en la sede del Club Náutico Sur, donde los participantes pudieron actualizar dicha información y evacuar inquietudes, fortaleciendo la cultura de seguridad en nuestra comunidad náutica.
Santa Fe tiene una relación profunda con su río. Preservar ese vínculo tan especial implica conocer el ambiente, respetar sus reglas y entender que la seguridad es parte indispensable del disfrute. Porque, en definitiva, navegar no es solo avanzar sobre el agua: es aprender a convivir de forma armónica en ella.
