Para quienes abordan temáticas de género, desigualdades de ingresos y acceso a trabajos remunerados, conceptos como «pisos pegajosos», «escaleras rotas» y «techos de cristal» resultan conocidos. Estas representaciones ilustran los obstáculos que enfrentan las mujeres para lograr la autonomía económica y han sido un insumo fundamental para la implementación de políticas que atiendan sus necesidades particulares.
La publicación conjunta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y ONU Mujeres, titulada «Vulnerabilidad financiera, género y cuidado en los hogares monomarentales», explica: «La identificación y caracterización de estas barreras busca explicitar las diferencias entre las mujeres y sus interrelaciones, y de esa manera, informar adecuadamente a quienes planifican las políticas públicas, para que puedan diseñarse con las especificaciones necesarias para atender las necesidades de las mujeres y los múltiples obstáculos que enfrentan». Este estudio pone el foco en las unidades familiares donde las mujeres son el único sostén.
El informe define autonomía económica como «la capacidad de generar ingresos propios, controlar recursos y disponer del tiempo». Sostiene que «la división sexual del trabajo, especialmente la sobrecarga de tareas de cuidado no remuneradas, afecta a todas las mujeres, aunque de manera diferenciada según su posición socioeconómica».
En este contexto, la autonomía económica se refiere a la posibilidad de controlar activos y recursos, y de generar ingresos propios, para lo cual «es imprescindible contar con libertad para planificar el uso del tiempo y tener a su vez acceso a las oportunidades económicas sin que se vulneren otros derechos».
Conclusiones generales del informe
El análisis de CEPAL y ONU Mujeres establece que las mujeres tienen, en promedio, un mayor nivel educativo que los varones, pero presentan una menor participación laboral, tasas de informalidad más elevadas y brechas salariales persistentes. Además, factores como la maternidad temprana, la falta de servicios de cuidado y la desigual distribución de las tareas domésticas limitan la inserción laboral femenina.
El estudio subraya diferencias significativas entre mujeres con distintos niveles educativos. Por ejemplo, a los 19 años, el 38 % de las mujeres con nivel educativo bajo ya son madres, cifra que desciende al 21 % para aquellas con nivel medio y al 3 % para quienes poseen un nivel educativo alto. A los 29 años, el 85 % de las mujeres con nivel educativo bajo son madres (80 % en el nivel medio), mientras que solo el 40 % de las de nivel alto lo son.
Segregación ocupacional y nivel educativo
Al examinar los sectores de actividad, se observa que las mujeres con nivel educativo bajo tienden a ocuparse en el servicio doméstico (38 %), el comercio (24 %) y la industria manufacturera (10 %). Por otro lado, aquellas con nivel educativo medio se insertan en el comercio (25 %), el servicio doméstico (20 %) y la industria (11 %), además de trabajar en hoteles, restaurantes y otros servicios comunitarios, sociales y particulares.
Las mujeres con nivel educativo alto, en cambio, se desempeñan principalmente en enseñanza (23 %), servicios financieros, de alquiler y empresariales (15 %), servicios sociales y de salud (14 %) y en el sector público (11 % en administración pública, defensa y seguridad social).
La carga del trabajo doméstico no remunerado
Un dato relevante es que el 9 % de las mujeres en edad activa (entre 25 y 64 años) se dedica exclusivamente a las tareas domésticas, en contraste con el 0,9 % de los varones. Estas cifras varían notablemente según el estrato de ingresos del hogar: en el primer quintil, el 15 % de las mujeres se dedica exclusivamente a estas tareas, mientras que este porcentaje disminuye al 8 % en el tercer quintil y al 3 % en los hogares de ingresos más altos. En este sentido, el informe concluye que «un porcentaje significativo de mujeres carece de ingresos propios, lo que reduce su poder de decisión dentro del hogar».
«Pisos pegajosos»: obstáculos en el inicio de la trayectoria laboral
La figura de los «pisos pegajosos» afecta principalmente a mujeres con bajo nivel educativo y bajos ingresos. Se caracteriza por la maternidad temprana, baja participación laboral, altos niveles de desempleo, subempleo e informalidad, y una marcada concentración en sectores feminizados y de bajos salarios, como el servicio doméstico, sumado a una elevada dedicación al trabajo no remunerado. Esta dependencia económica y precariedad tienden a reproducirse intergeneracionalmente.
Para abordar esta problemática, CEPAL y ONU Mujeres recomiendan modificar el marco normativo vigente en Argentina para ampliar la licencia por paternidad. Además, sugieren incluir mecanismos que garanticen derechos de la seguridad social, como la licencia por maternidad para mujeres empleadas por cuenta propia (monotributistas, por ejemplo) y trabajadoras de la economía popular o informal.
También se propone garantizar espacios de educación y cuidados de calidad para niños y niñas de 0 a 3 años, así como para personas adultas mayores y con discapacidad. Se insiste, asimismo, en sostener el Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA), que contribuyó a disminuir la tasa de fecundidad entre los 15 y 19 años entre 2019 y 2025, y en promover la formalización del empleo.
«Escaleras rotas»: la intermitencia laboral en mujeres con educación media
El concepto de «escaleras rotas» describe una situación intermedia, propia de mujeres con educación secundaria. Su inserción laboral es intermitente, marcada por salidas y reingresos al mercado de trabajo en función de las demandas de cuidado. Este grupo presenta niveles relevantes de informalidad y subempleo, ingresos inestables y dificultades para sostener trayectorias laborales continuas.
Las recomendaciones en este caso apuntan a avanzar hacia un sistema de cuidados basado en la protección social como pilar, que garantice los derechos de las personas que requieren y brindan cuidados. Asimismo, se propone ampliar la licencia por paternidad y otras licencias para el cuidado de niños, niñas, adolescentes, y personas adultas mayores y con discapacidad. Adicionalmente, se sugiere asegurar el cumplimiento del Decreto 144/2022, que reglamenta el artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo, para que empresas con 100 o más trabajadores cuenten con guarderías.
«Techo de cristal»: barreras para el ascenso profesional
El «techo de cristal» representa otro desafío en el mundo del trabajo, afectando a mujeres con educación terciaria o superior y altos ingresos del hogar. Aunque acceden a empleos formales y mejor remunerados, persisten brechas salariales, segregación ocupacional y obstáculos para ascender a posiciones de mayor jerarquía. Si bien la maternidad suele postergarse en este grupo, las responsabilidades de cuidado siguen impactando en sus carreras profesionales.
Las recomendaciones para superar el «techo de cristal» incluyen trabajar con el sector privado (tecnología, industria o energía, entre otros) para promover la participación y el ascenso de las mujeres en los sectores más productivos y mejor remunerados de la economía. Se sugiere también impulsar políticas para aumentar el acceso de las mujeres al crédito, lo que les permitiría invertir o adquirir bienes de capital para mejorar sus niveles de ingresos.
