El pasillo del club Calzada, ubicado a 20 cuadras del centro de Rosario, mide unos 17 metros. Es largo, angosto, y durante años estuvo cubierto por una pintura sobre cerámicos que nadie sabía muy bien cómo ni cuándo se había hecho. Una tarde de lluvia, sin pileta y con pocas actividades en marcha, Victoria Juncos decidió empezar a sacarla. Al principio, las miradas fueron de sorpresa. Después, los comentarios: que eso era trabajo de varones, que no hacía falta, que ya alguien se iba a ocupar. Victoria siguió igual. Al rato, aparecieron los mates. Más tarde, manos que ayudaron a limpiar, a raspar, a ordenar. El pasillo se fue transformando en una tarea colectiva. “No hay cosas de varones o de mujeres. Hay cosas del club”, dice Juncos a Mirador Provincial.
Juncos es secretaria de la comisión directiva del club Calzada. Empezó, como tantas otras personas, jugando un deporte en 2019. “Jugábamos al maxibásquet con un grupo de amigas, alquilábamos cancha siempre dentro de la zona, pero en Calzada nos sentíamos como en casa”, explica.
«Años después y por mucho empeño de ese grupo, el club presentó por primera vez en su historia una primera división femenina. Un tiempo antes, y con un cambio de estatuto, lograron que una mujer ocupara la presidencia también por primera vez en la historia del club.

Docente de profesión, con experiencia en gestión de proyectos y articulación con ministerios, Juntos encontró en el club un espacio particular. “Me enamoré de la idea de que el club es más asilo, porque es autónomo y tiene otros protocolos. Eso fue lo que me impulsó a formarme y hacer la diplomatura en gestión deportiva”, agrega. Su experiencia se enmarca en los datos del informe de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), presentado en 2025, que pone bajo la lupa el funcionamiento institucional de los más de 400 clubes rosarinos. Y uno de los ejes es la participación de las mujeres, tanto en lo deportivo como en la conducción.
Según ese relevamiento, la presencia de mujeres en las comisiones directivas creció en los últimos años, pero lo hizo de manera desigual. En los tres cargos centrales de una comisión —Presidencia, Tesorería y Secretaría—, las mujeres ocupan alrededor del 20% de las presidencias y tesorerías, mientras que su participación aumenta cuando se trata de secretarías. “Existen barreras informales que tienen que ver con la cultura que circula en los clubes y que no es ajena a la sociedad en general”, dice a Mirador Provincial, Javier Gañan, integrante del Observatorio del Deporte de la UNR y uno de los responsables del relevamiento, y completa: “En lo formal sucede lo contrario, porque las leyes vienen promoviendo que se tienda hacia la paridad en las comisiones directivas”.
El informe de UNR también identifica una tendencia generacional. “Hay una tendencia a que haya más mujeres cuando la composición de las comisiones directivas es más joven”, dice Gañan.

Participar no es lo mismo que decidir
En el club Calzada Juncos reconoce que en la gestión cotidiana siente el mismo lugar que sus pares varones. “Quien tiene mayor poder de decisión es quien más participa. Si vos tenés un rol activo dentro del club, tu palabra siempre va a pesar, y eso es indistinto al género”, explica. Sin embargo, marca una diferencia clara cuando se corre el foco hacia lo deportivo. “Ahí sí veo que no ocupamos el mismo lugar. El varón siempre tiene prioridad: más categorías y mejores horarios. A la mujer muchas veces le toca entrenar tarde y cerrar el club”, agrega.
La escena se repite en muchos clubes (y ámbitos de la vida): mujeres sosteniendo tareas invisibles, administrativas o de cuidado, mientras los espacios centrales siguen ocupados mayoritariamente por varones. No es una barrera escrita, sino una lógica que se reproduce en la diaria. “Históricamente, muchas comisiones se fueron armando con mamás que se involucraban. Incluso hubo mujeres que hicieron muchísimo por el club sin poder votar”, señala Juncos.
Calzada es un club de barrio, con una sola cancha y una demanda alta. Tiene más de 200 chicos y chicas federadas, cerca de 500 socios y al básquet como actividad central. También conviven un gimnasio, academias de baile, artes marciales, yoga, ajedrez, patín y talleres municipales.

Club Banco Nación: otra escala, los mismos desafíos
Hace un año que Paz Georgiadis integra la comisión directiva del Club Banco Nación, en el norte de Rosario. Su llegada estuvo atravesada por su recorrido sindical y por una mirada clara sobre el costo que implica para muchas mujeres asumir responsabilidades de conducción. “Tenemos que demostrar el triple de fuerza que los hombres. Eso lo aprendí en el trabajo sindical y también lo veo en los clubes”, dice en diálogo con Mirador Provincial. Para ella, todo se concentra en el sentido colectivo. “El objetivo es que el esfuerzo le devuelva la función social a los clubes. No hay que esperar más reconocimiento que saber que el trabajo mejora la vida comunitaria”, opina.
Según Georgiadis, la tarea dirigencial en el club se construye en lo concreto. “Es muy hermoso trabajar en cosas pequeñas de esa vida comunitaria, como arreglar una grieta en una pileta, buscar recursos, organizar el trabajo. Aunque diez cosas se rompan a la vez, ese esfuerzo devuelve gratificación en un pequeño espacio del mundo”, describe.
“Nadie cuestiona el poder que ejerce el hombre, pero sí el que construimos las mujeres. Siempre desde mostrar y construir el mejor camino, más que por imponer autoridad”, señala la dirigente al sostener también que hay pocas mujeres en espacios de decisión porque el desgaste es alto. “Aun así, quienes podemos, disfrutamos de hacer desde otro tipo de poder o de autoridad”, agrega.
Para Georgiadis, la baja participación de mujeres en espacios comunitarios no responde exclusivamente a una cuestión de género. Al menos no exclusivamente. “En lo sindical vimos mucho cómo las tareas de cuidado de la familia impedían participar más. Algo de eso también pasa en los clubes, pero el desafío principal es que las personas dejen de verse como usuarias y empiecen a tomar el club como propio”, insiste la dirigente y completa: “En el último tiempo nos hicieron creer que los clubes o los sindicatos son espacios de decadencia, pero en realidad son lugares de cuidado, si uno se incluye y participa”.
Fundado durante el siglo pasado por empleados del Banco Nación, el club del norte rosarino tiene una particularidad estatutaria: solo una persona empleada del banco puede integrar la comisión directiva. Con el tiempo, la institución se abrió al barrio, y esa convivencia no estuvo exenta de tensiones. “Desde hace décadas se fue generando una grieta entre socios empleados del banco y socios externos que son del barrio. Hay diferencias en el estatuto que no ayudan, pero es parte de nuestro trabajo cerrar esa distancia como la grieta de la pileta”, agrega.
Hoy, el Club Banco Nación supera los 600 socios y sostiene un fuerte prestigio en disciplinas como futsal y judo, en un entramado donde la conducción, el sentido comunitario y la participación siguen siendo el principal desafío.
El club como espacio social
El relevamiento de UNR de 2025 ofrece una radiografía del rol que cumplen los clubes en Rosario. La mayoría, tal como fueran ideados hace más de un siglo, funciona como espacios de contención barrial, con una fuerte presencia de niños, niñas y adolescentes, pero que hoy lamentan dificultades estructurales similares: infraestructura limitada, altos costos de competencia y una fuerte dependencia del trabajo voluntario.
Según puede leerse en el trabajo de la UNR, los clubes no son solo instituciones deportivas, sino organizaciones sociales que articulan con el Estado y la vida ciudadana: alojan talleres municipales de oficio y recreación, alquilan sus espacios a actividades privadas y sostienen una vida comunitaria intensa. Y es por eso que tanto la profesionalización como el mejoramiento de las condiciones de participación y decisión aparecen como un desafío.
