El 2 de marzo comienzan las clases en Entre Ríos. Aunque los chicos poblarán las aulas en esa fecha, los docentes debieron presentarse desde la semana pasada en las escuelas para comenzar a cumplir horario y próximamente empezarán las mesas examinadoras del turno febrero-marzo.
La realidad de cada escuela es distinta, incluso entre las instituciones públicas hay notorias diferencias. Mientras las que están ubicadas en el centro comienzan a instalar equipos de aire acondicionado, para las que están en medio de barrios esa situación es impensable.
La escuela 76 “Teresa de Calcuta” está ubicada en la zona noroeste de Concordia, una de las “zonas humildes” de la ciudad. Allí asisten al menos 200 alumnos no solo a aprender, sino también a utilizar el comedor para alimentarse día a día. Esa institución, tan importante para algunos “olvidados” dicta clases desde el año 2007 en una antigua casona que funcionaba como dependencia del Copnaf y fue “prestada” para que allí pueda “dar servicio” la institución educativa. No tiene edificio propio, y el que les prestan pasó por diversas etapas negativas: falta de agua, inicio tardío de clases por falta de condiciones en sanitarios, problemas con filtraciones en el edificio y hasta robos de elementos que jamás pudieron recuperar.
En ese pequeño espacio, en el que es más sencillo observar y adivinar las carencias, hay corazones grandes. Tanto es así que la comunidad educativa decidió dejar de esperar y se puso manos a la obra para “tener un comienzo de clases lo más digno posible”.
Durante las últimas dos semanas, directivos, docentes y familiares comenzaron a hacer cuentas para comprar artículos que permitieran “darle otra cara” al edificio. Con unos pocos pesos compraron pinturas y maderas, el esposo de una docente ofreció su taller para mejorar algunos muebles y entre todos fueron haciendo que el espacio cambiara.
LA SOLIDARIDAD COMO BANDERA
Miguel Cabrera es integrante de la comunidad educativa de la escuela. Como esposo de una de las docentes, se puso al hombro la colecta y puso su trabajo a disposición. Con emoción, contó a Mirador Entre Ríos por qué tomaron la decisión de hacer esas tareas y qué sienten al realizarlas. “Hace pocas semanas comenzaron las reuniones entre varias docentes de la escuela, preocupadas por mejorar un poco las condiciones edilicias para poder empezar las clases con un cambio de cara en la institución. La escuela es pequeña, está en un barrio alejado del centro y bastante olvidada, entonces, en lugar de esperar, quisieron ser ellas quienes comiencen a trabajar en las mejoras y así lo hicieron. En primer lugar, consiguieron algo de pintura y luego vieron cuánto tenían en un fondo común y gastaron los 200 mil pesos que había para comprar algunos materiales. Es todo a pulmón”, detalló.
–¿Por qué decidieron convocar también a otras personas?
–Ellas empezaron a llamarnos a sus familiares porque no podían solas con todo. Si bien la escuela, como mencioné, es chica, hay demasiado para hacer. A mí mi esposa me pidió ayuda porque había que pintar, lijar, rasquetear y demás. También puse a disposición mi taller para acomodar algunas repisas, reacondicionar cosas de madera y arreglar las sillitas en las que se sientan los chicos.
–¿Con qué situación se encontraron al comenzar con los arreglos?
–La realidad es que encontramos la escuela mucho peor de lo que pensábamos. Sabíamos de algunos arreglos urgentes, pero era necesario intervenir en casi todos los espacios. Hasta ahora mejoramos una cuarta parte, más o menos, pero hay que hacer mucho. Incluso cortar el pasto, hacer algún arreglo en la parte eléctrica y cosas que no teníamos previstas.
–¿Han tenido alguna intervención estatal en medio de toda esta movida?
–Por el momento no. Las docentes están un poco acostumbradas, pero a uno como familiar le hierve la sangre al ver estas situaciones. La escuela fue visitada por todos los políticos durante la campaña, fue centro de votación, creo que todos vieron cómo está, qué carencias tiene y saben qué se necesita, pero por ahora, a pocos días de comenzar, no hay intervención alguna. Sé que las docentes elevaron notas, pero todo eso tiene un proceso burocrático muy largo y la necesidad de la escuela es hoy.
El edificio en el que funciona la escuela no es propio, y al lado hay un baldío con el pasto largo. Nadie intervino por ahora tampoco ahí. Eso es peligroso, es también sucio, en las escuelas más céntricas eso no pasa. Sé que allí hay otro poder adquisitivo y arreglan muchas cosas con la cooperadora, acá eso no es posible, entonces vamos a tener que ocuparnos nosotros.
PRESENTE Y FUTURO
–¿Cómo respondió la gente ante esta propuesta?
–Muy bien. Si hay algo que siempre destacamos, y que siempre aflora en las difíciles como las crecientes del río, es que los concordienses somos solidarios. Muchas personas me ofrecieron pintura, algunos se ofrecieron a ayudar, otros ofrecieron dinero. La verdad es que la gente demuestra compromiso y empatía, y eso es impagable.
–¿Las aulas están en buenas condiciones ahora?
–Las que pudimos intervenir sí, están pintadas, se arreglaron armarios, sillas y repisas. De todas maneras, sigue habiendo problemas porque varias de las aulas se llueven y eso es muy peligroso, así que ojalá para eso sí venga una solución desde el Estado. Además, los techos no tienen cielorraso, entonces en verano hace muchísimo calor, y en invierno los chicos y docentes pasan frío. Esa es otra cuestión a atender, como también una heladera, para mantener alimentos que los chicos tienen o una cortadora de pasto, para no tener que pagar por los cortes en el baldío.
–¿Es muy lejana la posibilidad de tener un edificio propio?
–No tanto. La escuela tiene un terreno al lado que ya es suyo, solamente tienen que cerrar las firmas de las escrituras. Luego hay un proyecto de la UTN para lo que es el diseño edilicio y la construcción, pero todo eso seguramente llevará tiempo y lo que estamos viendo ahora es lo que podemos hacer para mejorar la calidad educativa hoy, en este año que comienza.
Aunque la espera se haga larga, ahora es la comunidad educativa la que tomó la iniciativa para hacer mejor, al menos por un rato, la vida de los niños que asisten a la escuela.
