Fue el partido que uno imaginó, con Acassuso cediendo la iniciativa, esperando con orden; y Colón, con pelota y terreno a su favor, inclinando el trámite pero sin claridad ni profundidad para llevarle real peligro a Monllor. Fueron apenas algunas insinuaciones –muy pocas- y exentas de suficiente peligrosidad, que no llegaron a inquietar a un arquero que pasó una noche relativamente tranquila en esos primeros 45 minutos.
La presencia de Lértora hizo que el “5” se convierta rápidamente en la salida del equipo, metiéndose entre los dos centrales. Colón hizo algo bueno: los defensores se plantaron muy cerquita de la mitad de la cancha. Entonces, esto hizo que al equipo se lo empiece a empujar a partir de la línea de cuatro; y que el rival se quede sin espacios para el manejo de la pelota y apueste, casi como única arma ofensiva, al contragolpe. Algo que tampoco logró concretar.

Faltó claridad, faltó alguien con ideas y que le quite un poco ese vértigo que por momentos lo lleva a cometer errores e imprecisiones producto del apuro. Arrancaron bien Peinipil y Lago por derecha. Se lo buscó bastante a Lago, incluso con pelotazos cruzados que partieron desde el sector izquierdo, y siempre estaba abierto y en soledad para recibir. A esto lo percibió Acassuso y enseguida ajustaron las marcas por ese costado. De todos modos, lo más peligroso del equipo vino por ese costado y no tanto por izquierda, a no ser de algunas apariciones sorpresivas de Antonio o de Pier Barrios.
Colón fue más que Acassuso, pero desperdició toda la primera etapa por esa falta de claridad. La ausencia de jugadas de gol le quitó brillo a esas mejores intenciones sabaleras. Le faltó “chispa”, le faltó inteligencia al equipo y esa ya apuntada claridad que no apareció en ningún momento de ese primer tiempo de chatura futbolera, sin jugadas de gol y con una multitud que despidió en silencio al equipo, quizás contagiado de esa falta de vivacidad y sorpresa que adoleció el equipo.
A los 13 del segundo tiempo, ya con dos cambios ordenados por Medrán, llegó una jugada de “otro partido”. Se había ido Ibarra (el típico “pinchazo”), entró Sarmiento por derecha y Lago pasó a jugar como volante por izquierda. Allí recibió la pelota unos metros más arriba de la mitad de la cancha, “limpió” dos rivales a pura gambeta y desde afuera del área sacó un violento remate que se clavó en el ángulo superior derecho de Monllor.
La otra modificación que hizo Medrán fue el ingreso de Castro por un intrascendente Cano, con el claro objetivo de tratar de complicar más a un rival que tenía orden defensivo y solidez, algo que perdió en esa jugada individual de un Lago desequilibrante, que enseguida le metió un pase espectacular que Castro desaprovechó entrando por el medio.
Fue otro partido a partir de ese golazo de Lago. Incluso, el propio Lago (de gran trabajo y figura del partido a partir de haber pasado como volante por izquierda) estuvo muy cerca de convertir el segundo en una pelota que él mismo recuperó, se internó en el área, enganchó y le pegó con comba buscando el palo izquierdo de un Monllor que hacía vista.
Aparecieron espacios que Colón no alcanzó a capitalizar. Se animó Acassuso a partir de una mayor participación de Dubini (ya Hermoso no estaba más en la cancha), pero Colón tenía la posibilidad de complicar porque los espacios ya no eran tan reducidos. Darío Sarmiento entró bastante en juego pero a veces exageró la individual, en tanto que Lago siguió siendo el jugador determinante, más peligroso y responsable de la victoria sabalera.
El final fue a lo Colón. No exento de sufrimiento y sin aprovechar una excelente oportunidad cuando un remate corto de Castro fue rechazado en la línea por Ghirardello. Medrán decidió un último cambio sacando a un jugador que había ingresado en el segundo tiempo (Darío Sarmiento) para que ingrese Beltrán a darle más marca al sector derecho junto con Peinipil.
Pero en esos minutos de descuento, Colón tuvo dos chances muy claras (una de Bonansea y otra de Castro) para agrandar la diferencia. En una de ellas, otra enorme jugada de Lago, que hizo un segundo tiempo extraordinario, marcando un desequilibrio difícil de encontrar en este fútbol en el que la inventiva individual no abunda.
Colón ganó bien el partido. Fue mezquino en las cifras finales, porque hizo el gasto en el primer tiempo (sin jugar bien) y porque en el segundo tiempo, a partir de ese golazo de Lago, los espacios se abrieron y en el final del encuentro tuvo tres situaciones clarísimas, como no las tuvo Acassuso, para ganar con más comodidad. No sufrió, porque el rendimiento defensivo fue bueno, sobre todo por el lado de los centrales.
