El presidente Javier Milei encabezó este jueves el acto conmemorativo por el 34° aniversario del atentado a la Embajada de Israel, ocurrido en 1992. Desde el lugar del hecho, el mandatario fue categórico al asegurar que «frente al terrorismo no puede haber tregua».
Acompañado por el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; y la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, el presidente enfatizó la necesidad de «hacer memoria» ante «el cobarde ataque del terrorismo iraní». Este trágico evento dejó un saldo de 29 muertos y más de 200 heridos, y, según palabras del propio Javier Milei, representa «una herida en el pueblo argentino, en la comunidad judía y en los cimientos morales de nuestra sociedad».
El primer mandatario sostuvo que Argentina «enfrenta el terrorismo» y calificó al Estado de Israel como «una nación hermana que comparte los mismos valores que la nuestra». En esa línea, reafirmó: «Argentina combate el terrorismo y defendemos la libertad. Israel es un aliado estratégico de nuestro país y, por eso, reafirmamos nuestro compromiso porque creemos que es lo correcto. Llevamos la moral como política de Estado».

La tragedia que marcó un antes y un después
El 17 de marzo de 1992, la explosión en la intersección de las calles Arroyo y Suipacha no solo devastó el edificio diplomático, sino que cobró la vida de 29 personas —de las cuales 22 pudieron ser identificadas— y dejó a más de 200 heridos. Este ataque significó el bautismo de fuego para Argentina en el mapa del terrorismo global, un escenario para el cual el país no estaba preparado y cuyas ramificaciones legales y sociales continúan generando debates profundos hasta el día de hoy.
Un rastro indeleble de violencia
La historia argentina reciente está inevitablemente ligada a este atentado y al que ocurrió apenas dos años después. El 18 de julio de 1994, la sede de la AMIA sufrió un ataque de características similares que resultó en 85 muertos. Ambos episodios, atribuidos a organizaciones terroristas internacionales, comparten no solo el dolor y la metodología, sino también el persistente manto de impunidad que rodea a las investigaciones judiciales, un reclamo que la comunidad judía y la sociedad argentina en su conjunto renuevan incansablemente cada año.
La Plaza de la Memoria: un santuario urbano
En el mismo predio donde funcionó la sede diplomática, se erige hoy la Plaza «Embajada de Israel», inaugurada en el año 2000. Este espacio trasciende la función de un parque urbano para convertirse en un santuario simbólico. Su diseño, que incorpora elementos como piedras, agua y árboles, invita a la reflexión. Sin embargo, el elemento más impactante es el muro medianero original, preservado en el estado en que quedó tras la explosión. Esta «cicatriz arquitectónica» funciona como un recordatorio físico de una herida histórica que permanece abierta mientras no se alcance la justicia plena.
El marco legal del recuerdo y la justicia
Desde el año 2017, el recuerdo de esta tragedia cuenta con un marco institucional. A través de la Ley 27.417, el Congreso Nacional estableció el 17 de marzo como el «Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Atentado a la Embajada de Israel». Esta legislación no solo busca honrar a los fallecidos, sino también educar a las nuevas generaciones sobre la importancia de la paz y la lucha contra la violencia intolerante.
A 34 años de aquel fatídico día, el silencio de las víctimas sigue exigiendo justicia. Recordar no es meramente un acto de nostalgia, sino un compromiso ético con el futuro. En este nuevo aniversario, Argentina renueva su promesa: no olvidar a quienes perdieron la vida y seguir demandando que la verdad salga a la luz, para que la paz sea, finalmente, el único camino posible.
