Un bebé de un año que permanecía internado en estado crítico en el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia, tras caer en un balde con agua en su casa de Alto Verde seis días atrás, falleció este martes.
La noticia del deceso se confirmó poco después de las 8:30, poniendo fin a una prolongada lucha por su vida que, desde el inicio, había sido extremadamente delicada. El pequeño nunca logró sobreponerse al cuadro provocado por la asfixia por inmersión.
La secuencia del trágico accidente doméstico
El episodio que originó la fatalidad ocurrió el martes pasado. En un descuido, el niño cayó dentro de un balde con agua, un recipiente de uso cotidiano que, para un bebé, puede convertirse en una amenaza mortal en cuestión de segundos. Cuando fue hallado, no presentaba signos vitales.
La primera asistencia médica se brindó en un centro de salud del barrio, donde lograron efectuarle las maniobras iniciales de reanimación. Sin embargo, el traslado al Hospital Alassia implicó nuevos momentos críticos: al ingresar al nosocomio, el menor volvió a requerir maniobras de reanimación cardiopulmonar antes de lograr su estabilización y posterior derivación a la sala de terapia intensiva.
Larga internación y diagnóstico desalentador
Desde su internación, el bebé permaneció con asistencia respiratoria mecánica y bajo monitoreo constante del equipo médico. Los facultativos ya advertían que el daño neurológico podía ser severo, consecuencia directa del tiempo que el cerebro estuvo sin el aporte de oxígeno, una variable determinante en este tipo de siniestros.
Durante los días subsiguientes, no se registraron mejoras significativas en su cuadro clínico. El estado se mantuvo estable dentro de la extrema gravedad, hasta que finalmente este martes se produjo el desenlace fatal.
Más allá del impacto que generó el caso, el hecho vuelve a poner en evidencia un riesgo tan silencioso como frecuente: los accidentes domésticos en la primera infancia. Elementos comunes, como un balde con agua, pueden transformarse en una amenaza letal cuando no existe una supervisión directa y constante de los menores, incluso por lapsos muy breves.
