A 47 años de su creación, la Unión Entrerriana de Rugby (UER) atraviesa un presente que combina historia, desarrollo territorial y proyección hacia el alto rendimiento. Aunque no se trate de un número “redondo”, el aniversario funciona como una excusa ideal para repasar el camino recorrido desde aquel 30 de marzo de 1979, cuando un grupo de dirigentes decidió que el rugby entrerriano debía tener autonomía y una identidad propia.
LOS ORÍGENES
El nacimiento de la UER no fue casual ni improvisado. A fines de la década del 70, los clubes de Paraná ya mostraban señales de madurez deportiva e institucional. Equipos como Estudiantes, Tilcara, Paraná Rowing Club y La Salle no solo competían en los torneos de la Unión Santafesina, sino que además lograban resultados destacados y sostenidos en distintas divisiones.
Ese crecimiento llevó a una pregunta clave: ¿Seguir dependiendo de otra unión o dar el paso hacia la organización propia? La respuesta llegó en 1979, cuando se avanzó con la creación de la Unión Entrerriana de Rugby, en un proceso que incluyó acuerdos previos, una comisión provisoria y la participación de dirigentes de distintas ciudades.
La asamblea constitutiva, realizada en el Paraná Rowing Club, marcó el inicio formal de la institución. A partir de allí, la UER comenzó a estructurar sus competencias, gestionar su afiliación a la Unión Argentina de Rugby y sentar las bases de un desarrollo que, con el tiempo, se expandiría más allá de la capital provincial.
La primera Comisión Directiva estuvo compuesta por René Sadi Bonfils que fue el presidente; vicepresidente: Eduardo Harari; secretario: Rubén Di Pretoro; prosecretario: José Arias; tesorero: Gerardo Clavijo; protesorero: Jorge Reinhardt; vocales: Carlos Montes, Gaspar Serra, Carlos Chiodi, Armando Reiss, Víctor Badano y Osvaldo Sonnalion; revisores de cuentas: Carlos Cornejo y Arturo Gaitán. La Comisión de Disciplina estuvo presidida por Horacio Maiztegui Marcó.
Con el correr de los años, el rugby entrerriano creció en cantidad de clubes y en alcance geográfico. Localidades como Concordia, Concepción del Uruguay, Gualeguay, Nogoyá, Diamante y La Paz se integraron a la competencia, fortaleciendo el carácter federal de la Unión. Este proceso permitió que el rugby dejara de ser una práctica concentrada en pocos puntos para convertirse en un fenómeno provincial.
Ese crecimiento también se reflejó en las divisiones formativas. La UER logró consolidar una base sólida de jugadores desde edades tempranas, lo que resultó clave para sostener el nivel competitivo en el tiempo. La formación, el sentido de pertenencia y los valores del rugby se transformaron en pilares de una estructura que hoy sigue vigente.
EL PRESENTE
Uno de los grandes logros del rugby entrerriano en estas casi cinco décadas ha sido la capacidad de proyectar jugadores al más alto nivel. Varios nombres surgidos de clubes de la provincia –nueve, para ser exactos– lograron vestir la camiseta de Los Pumas, lo que no solo representa un orgullo, sino también la confirmación de que el trabajo de base ha sido efectivo.
Estos casos no son aislados. Responden a un proceso sostenido en el tiempo, donde clubes, entrenadores y dirigentes han trabajado en conjunto para elevar el nivel competitivo. La participación en torneos regionales y nacionales también ha sido clave para medir el crecimiento y generar nuevas oportunidades.
En los últimos años, el contexto del rugby argentino ha cambiado, con una mayor profesionalización y nuevas estructuras competitivas. En ese escenario, la región comenzó a dar pasos importantes para no quedar al margen de esta evolución.
La aparición de Capibaras XV como la primera franquicia profesional vinculada a la región representa un hito significativo. Este tipo de proyectos abre la puerta a que jugadores entrerrianos puedan desarrollarse en un entorno de alto rendimiento sin necesidad de emigrar, algo impensado en los primeros años de la UER.
Además, el crecimiento no se limita al rugby masculino. El rugby femenino busca también ganar espacio en la provincia, pese a que le cuesta sostenerse. El rugby juvenil, al menos en Paraná, con el Dos Orillas, se muestra sólido. Y las bases, el rugby infantil, es una realidad.
HORIZONTE
A 47 años de su fundación, la Unión Entrerriana de Rugby no solo mira con orgullo su pasado, sino que proyecta su futuro con bases firmes. La historia que comenzó en 1979 sigue escribiéndose, ahora con nuevos desafíos, más protagonistas y un horizonte que incluye tanto el desarrollo local como la inserción en el alto rendimiento.
