El santafesino Manu Agraso, oriundo de Venado Tuerto y un profundo conocedor de la luna, participó simbólicamente en la histórica misión Artemis II de la NASA. Su nombre viajó a bordo de la nave Orión, en una iniciativa que fusionó la exploración espacial con su singular mirada entre la ciencia y el arte.
Un santafesino conectado con la misión Artemis II
Manu Agraso, oriundo de Venado Tuerto, es reconocido por su profundo conocimiento y singular vínculo con la Luna. Su fascinación, que trasciende la mera observación, lo llevó a ser parte, de manera simbólica, de la misión Artemis II a bordo de la nave Orion. Esta conexión se materializó mientras la humanidad se acercaba nuevamente al satélite natural después de más de 50 años, un hito crucial en la exploración espacial contemporánea. La misión, que marcó el regreso de una tripulación humana a las cercanías lunares, implicó un sobrevuelo para observar la cara oculta y ejecutar complejas maniobras de regreso a la Tierra, combinando rigor técnico con gestos de una lógica más humana.
Su nombre viajó a la luna en la nave Orion
La participación de Agraso se concretó a través de la campaña de la NASA «Send Your Name with Artemis», que permitió a personas de todo el mundo formar parte de esta iniciativa simbólica. Su nombre fue uno de los 5.6 millones incluidos en una tarjeta microSD alojada en la nave Orion. Para el venadense, quien se desempeña en fotografía, video y diseño gráfico, este hecho revistió un significado especial. «Me gustó formar parte de este viaje simbólico. Me pareció algo hermoso y saber que estuve presente ahí. No sé si es cumplir un sueño, pero es otra forma de estar más cerca de la luna», expresó Agraso.
De la creatividad a una búsqueda constante
El vínculo de Agraso con la Luna no surgió inicialmente desde una perspectiva científica, sino desde un interés creativo. Con el tiempo, esta inclinación se transformó en una búsqueda constante que permeó su trabajo profesional. «En vez de combinar el interés por la luna con mis trabajos, fue al revés. Empecé a combinar todo eso con la luna, y ahí me di cuenta que estaba haciendo lo que me gusta con algo que me gusta aún más», explicó, describiendo un proceso que evolucionó desde la curiosidad hacia una particular forma de observar y relatar el mundo.
Una misión histórica con otra lógica
Agraso siguió de cerca cada etapa de la misión Artemis II, no solo por su participación simbólica, sino por su interés general en el universo. Destacó que esta misión se diferenció de otras épocas por su lógica particular. «Siento que esta misión está bastante marcada por la época en la que estamos viviendo. Si bien fue notablemente científica e histórica, no dejaron de haber momentos de desconexión, momentos graciosos, como que tuvo ese toque de humanidad y de descontractura que hoy también forma parte de estas cosas», señaló. Su llegada a este programa se dio de forma natural, como parte de su seguimiento constante del cielo y de la información astronómica. «Me enteré de la convocatoria hace más o menos un año, siguiendo páginas de ciencia y de la NASA. Yo ya venía atento a la misión, y cuando vi la propuesta me pareció una significativa forma de estar presente en algo histórico, aunque sea de forma simbólica», recordó.
El origen de su fascinación lunar
El interés de Agraso por la Luna comenzó alrededor del 2020, en paralelo a sus primeros pasos en la fotografía. Preguntas iniciales como por qué cambia de tamaño, por qué se ve de día o por qué adquiere distintos colores, lo impulsaron a investigar y a buscar respuestas en el entorno. Este camino también se entrelazó con su interés en la mitología. «Artemis viene de la diosa Artemisa, que es la diosa de la luna y hermana de Apolo, el dios del sol. Me gustó mucho ese juego con el programa Apolo, que fue el que llegó por primera vez», explicó.
Las «cacerías lunares» en Venado Tuerto
Esta búsqueda se materializó en lo que él mismo denomina «cacerías lunares»: salidas organizadas para observar, registrar y experimentar cada aparición de la Luna. En Venado Tuerto, la laguna El Hinojo se convirtió en su «santuario lunar» habitual. Este sitio le ofrece las condiciones idóneas para su trabajo y ha adquirido un valor propio por la acumulación de experiencias. «El lugar es lo simbólico, lo lindo de ir a tener esa experiencia. La luna es la misma, pero cada salida es distinta», afirmó. Aunque estas salidas implican planificación, horarios inusuales, frío, calor o mosquitos, Agraso tiene una premisa inquebrantable: en luna llena, todas sus demás actividades se detienen. «Mis clientes lo saben. Ese día no estoy. El trabajo lo hago antes o después, pero ese día salgo sin excepción», reveló, describiendo una rutina que se integró a su estilo de vida.
Experiencias que marcan un camino
Entre las vivencias que más lo impactaron, se destaca un viaje a Ushuaia, donde junto a amigos buscó una superluna. «No fue la foto en sí lo que me marcó, sino todo lo que pasó. Nos encontramos con una luna enorme, con colores hermosos, y fue algo difícil de olvidar», recordó. Su labor también abarca la observación y el registro de tormentas. Durante una de estas salidas, un rayo cayó a pocos metros de él, un suceso que logró documentar y que calificó como «una de las experiencias más fuertes que tuve».
La luna como forma de vida
Las imágenes que Agraso produce circulan en redes sociales y con frecuencia se viralizan, lo que también alimenta su motivación. «Ver que alguien usa una foto tuya, que la comparte, que la dedica, no tiene precio. Ahí es cuando sentís que todo valió la pena», sostuvo. Mientras la nave Orion completaba su regreso a la Tierra y se esperaban nuevas imágenes de la misión, Agraso continuaba observando el cielo desde Venado Tuerto, con la misma pasión que lo ha guiado. Para él, la Luna ha dejado de ser un mero objeto de interés para convertirse en un pilar de su existencia. «Para mí la luna lo es todo. Desde lo científico hasta lo personal, por todo lo que me dio y me sigue dando», concluyó.
